• Nadador en el agua, Esztergom (Hungría), 1917
    Nadador en el agua, Esztergom (Hungría), 1917
  • Los anteojos y la pipa de Mondrian, 1926
    Los anteojos y la pipa de Mondrian, 1926
  • Bailarina burlesca, 1926
    Bailarina burlesca, 1926
  • Autorretrato, París, 1927
    Autorretrato, París, 1927
  • Placa rota, París, 1929
    Placa rota, París, 1929
  • El Puente de las Artes visto a través del reloj del Instituto de Francia,  París, 1929-1932
    El Puente de las Artes visto a través del reloj del Instituto de Francia, París, 1929-1932
  • Sombras, 1933
    Sombras, 1933
  • Nube perdida, Nueva York, 1937
    Nube perdida, Nueva York, 1937
  • Brazo y ventilador, Nueva York, 1937
    Brazo y ventilador, Nueva York, 1937
  • Callejón McDougal, Nueva York, 1965
    Callejón McDougal, Nueva York, 1965

| 2016/03/14

André Kertész: fotografías de tres mundos

2016/03/14

Fue reportero de guerra, fotógrafo de viajes, de ciudad, de interiores, de la vida cotidiana, pero ante todo, fue un aficionado.

Consiguió su primer aparato fotográfico cuando tenía 18 años y empezó a experimentar con su hermano Jenö en su natal Budapest, Hungría. Dos años más tarde se enlistaría en el ejército austrohúngaro, iría a la Primera Guerra Mundial y registraría con imágenes una historia que pocos lograron.

André Kertész vivió en Budapest, París y Nueva York. La cotidianidad, en general, fue un tema constante durante su carrera. “Mi fotografía es verdaderamente un diario visual íntimo”, confesó alguna vez y por eso en la exposición André Kertész: el doble de una vida, recién inaugurada en el Museo del Banco de la República, es posible rastrear desde sus primeros juegos con su hermano antes de la guerra, hasta los detalles de su apartamento neoyorquino entre los setenta y los primeros años de la década de los ochenta.

Durante su juventud, lejos de la mirada de las grandes capitales y círculos artísticos o mediáticos, Kertész fotografió desnudos, algunos con su hermano Jenö y otros con mujeres de la comunidad gitana en Hungría. Hay en ellos una mirada de lo natural, de lo simple y despreocupado. Paralelos a estas imágenes hay retratos de la vida en las calles de Budapest.

Luego de que sus primeras fotografías fueran publicadas en la revista húngara Az Érdekes Újság, Kertész se abrió camino para llevar sus imágenes hasta las revistas House & Garden, enfocada en diseño de interiores, y Vogue. Pero entretanto, cuando ya vivía en París a comienzos de los 20, el húngaro sacaba provecho de su rol de extranjero para tomar fotos de la ciudad.

Hacia ese enfoque giró su trabajo con el tiempo. En París, primero, y en Nueva York, después. De sus imágenes en la capital francesa quedó el libro Paris vu par André Kertész, el cual incluye distintas fotos de la ciudad durante las décadas de los 20 y comienzos de los 30.

Las calles, el juego con las sombras, o las distintas miradas de un mismo lugar se convertían en una constante de sus imágenes. En París está el ejemplo del Pont des Arts (Puente de las Artes), que retrató desde un costado del río Sena y desde el vidrio del reloj del Instituto de Francia.

Pero en Nueva York también hizo lo mismo cuando centró su atención en el Callejón McDougal o en el Central Park. O cuando empezó a registrar todo lo que podía observar desde su ventana en el apartamento que tenía en el número 2 de la quinta avenida. El resultado de este último experimento fue el libro From my window, publicado en 1981, cuatro años antes de su muerte.

Kertész decía que siempre había sido un aficionado de la fotografía porque se consideraba a sí mismo como “un debutante que descubre el mundo una y otra vez”. Al final de su vida, cuando ya no podía andar por las calles, se dedicó a redescubrir su apartamento. Los adornos, las ventanas, las flores marchitas fueron los últimos testimonios de un hombre que contó su vida a través de la fotografía.

*Imágenes © Ministère de la Culture et de la Communication – Médiathèque de l’architecture et du patrimoine, Dist. RMN-Grand Palais / Donation André Kertész