• Taxicab driver at the wheel with two passengers, N.Y.C. 1956. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
    Taxicab driver at the wheel with two passengers, N.Y.C. 1956. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
  • Jack Dracula at a bar, New London, Conn. 1961. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
    Jack Dracula at a bar, New London, Conn. 1961. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
  • Lady on a bus, N.Y.C. 1957. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
    Lady on a bus, N.Y.C. 1957. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
  • The Backwards Man in his hotel room, N.Y.C. 1961. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
    The Backwards Man in his hotel room, N.Y.C. 1961. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
  • Stripper with bare breasts sitting in her dressing room, Atlantic City, N.J. 1961. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
    Stripper with bare breasts sitting in her dressing room, Atlantic City, N.J. 1961. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
  • Fire Eater at a carnival, Palisades Park, N.J. 1957. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
    Fire Eater at a carnival, Palisades Park, N.J. 1957. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
  • Female impersonator holding long gloves, Hempstead, L.I. 1959. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
    Female impersonator holding long gloves, Hempstead, L.I. 1959. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
  • Man in hat, trunks, socks and shoes, Coney Island, N.Y. 1960. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
    Man in hat, trunks, socks and shoes, Coney Island, N.Y. 1960. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
  • Kid in a hooded jacket aiming a gun, N.Y.C. 1957. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
    Kid in a hooded jacket aiming a gun, N.Y.C. 1957. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
  • Boy stepping off the curb, N.Y.C. 1957–58.  © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.
    Boy stepping off the curb, N.Y.C. 1957–58. © The Estate of Diane Arbus, LLC. All Rights Reserved.

| 2016/08/04

Extraño y perturbador, el mundo retratado por Diane Arbus

por Christopher Tibble

2016/08/04

Por Christopher Tibble

Para Diane Arbus, los ‘freaks‘ (los enanos, los gigantes, los travestis, los del circo) pertenecían a una especie de segunda nobleza. Excéntricos y extraviados, “no tenían que vivir temiendo lo que les podía llegar a pasar, pues ya les había pasado. Habían superado la prueba”. Desde el enorme judío Eddie Carmel, reclinado hacia adelante para no estrellarse con el techo de su sala, hasta el diminuto Lauro Morales, desnudo y complacido, fueron cientos los fenómenos humanos que posaron para el lente de la neoyorquina.

Criada dentro de la élite judía de su ciudad, circunscrita a una indeseada comodidad, desde una temprana edad Arbus se desentendió de las costumbres de su entorno. “El mundo de afuera estaba tan lejos de nosotros” solía decir. Su madre, Gerturde, era la heredera del gran almacén Russek de la quinta avenida, un emporio de abrigos, vestidos y cualquier prenda digna de las mujeres más elegantes del momento. Su padre, David Nemerov, trabajaba en la tienda y llegó a dirigirla en los años cuarenta. Acompañar a su madre por los pasillos de la tienda, frente al sumiso y bien vestido personal, la hacía sentir como “la princesa de una grotesca película”.

Como artista, Arbus (1923-1971) peregrinó entonces hacia esos terrenos donde el dinero no ejercía influencia alguna. No la motivaba, como esclarece su biógrafo Arthur Lubow, la compasión o el altruismo. La guiaba, en cambio, la fascinación que sentía por los excéntricos, y en especial por aquellos que no temían su cámara: los nudistas, fisiculturistas, cabareteras, hermafroditas, entre otros, que desinhibidos desafiaban el lente de la fotógrafa. Arbus, discípula de la austriaca Lisette Model, había aprendido a valorar la confrontación por encima de la sugestión: buscaba enfrentar al espectador con una persona, un lugar, una prenda.

Para ella, sin embargo, confrontar no significaba escandalizar. Su obra incurrió menos en el amarillismo y más en una especie de sugestiva complicidad. “A lo que sus admiradores responden no es tanto a un museo de lo grotesco, sino a la reticencia [que tenía Arbus] de dejarse impresionar o intimidar por ello… Puede que los ‘freaks’ abunden en su arte, pero en ningún momento la ‘frikean’ a ella”, escribe Anthony Lane en The New Yorker. Después de que alcanzara la fama, ya hacia el final de su vida, en los círculos intelectuales y artísticos se hablaba mucho sobre la naturaleza sexual de la relación entre Arbus y los sujetos que retrataba. Incluso algunos de ellos, como el gigante Eddie Carmel, lo confirmaron.

La sexualidad siempre ocupó un lugar especial -por no decir extraño- en su vida. De joven, afirma su biógrafo, la futura fotógrafa se masturbaba con las persianas abiertas para que los transeúntes la pudieran observar. Más adelante, se cree, solía hacerles "favores" a los porteros de los clubs de porno y tenía la costumbre de acostarse con quien se lo pidiera. Pero la anécdota más inusual, no sólo por su contenido, sino también por la indiferencia con la que Arbus la asumió durante el transcurso de su vida, fue su relación amorosa con su hermano Howard, un poeta laureado.

No por ello la misma Arbus viró hacia la excentricidad. A los 14 años se enamoró de Allan Arbus, quien trabajaba en el almacén de su familia, y a los 18 se casó con él. En su luna de miel Allan, quien por un tiempo vivió en la India como fotógrafo de guerra, le regaló una cámara. Poco después, asistidos financieramente por David Nemerov, montaron un estudio donde retrataban celebridades y modelos para revistas como Esquire, Vogue y Harper’s Bazaar. Así transcurrió más de una década. A mediados de los cincuenta, sin embargó, Arbus se decidió por el arte. Quería, como afirmó en una solicitud para una beca, “fotografiar las considerables ceremonias del presente”.

Su búsqueda artística la llevó a callejones, circos, burdeles, camerinos, inquilinatos y concluyó, ya hacia el final de su vida, en el hospital psiquiátrico para mujeres Vineland, a las afueras de Atlantic City. Allí, para muchos, la fotógrafa encontró sus sujetos predilectos, a los que retrató con inusitada ternura y aprecio. Poco después, en 1971, cuando apenas tenía 48 años, y en medio de una crisis depresiva similar a las que asolaban a su madre, Arbus se quitó la vida con una navaja y un coctel de barbitúricos.

Un año después, se convirtió en la primera fotógrafa estadounidense en exponer en la Bienal de Venecia. Ahora algunas de sus imágenes más famosas, como Child with Toy Hand Grenade in Central Park, han sido subastadas por cientos de miles de dólares. Esa fotografía, además, inspiraría quizás la sentencia más famosa sobre Arbus, pronunciada el año de su muerte por el escritor Norman Mailer: “Darle una cámara a Diane Arbus es como poner una granada activa en las manos de un niño”. 

*

La muestra en el Metropolitan Musem of Art, en Nueva York, va hasta finales de noviembre. Se titula Diane Arbus: In the Beginning y consiste de 100 fotos tomadas entre 1956 y 1962. Dos tercios de las imágenes son inéditas.