El escritor, periodista, director, actor y columnista español David Trueba.

Alma de gamberro

David Trueba es inclasificable. Escritor, periodista, director y actor, ha hecho desde columnas para El País hasta videos musicales. Desde un programa de televisión sobre Alberti hasta la adaptación para cine de Los soldados de Salamina. Su secreto: el buen humor.

2011/01/25

Por Malcolm Otero Barral

Es característico de culturas acomplejadas como la nuestra repetirnos aquellas virtudes ajenas (generalmente del orbe anglosajón) de las que, supuestamente, carecemos. Durante años se habló de las maravillas de las biografías “a la inglesa” frente al provincianismo e incapacidad de los biógrafos hispanohablantes. Pero el tiempo y el conocimiento pusieron las cosas en su sitio y hoy casi nadie discute que uno puede encontrar igual proporción de biografías encomiables o nefastas entre las escritas originalmente en inglés o en español. Este mismo principio se repite en casi todos los campos de la creación y es habitual denostar nuestra novelística, nuestro cine o nuestra televisión con el argumento de que no está a la altura de lo que se hace fuera. Este síntoma de menospreciar lo propio y de alabanza extrema a lo foráneo forja, cada cierto tiempo, unos lugares comunes que se arraigan con fuerza en el tejido cultural y de la opinión. Uno de los últimos es que nosotros no tenemos ningún Alan Bennett. Casi es innecesario decir que aquellos que se alarman de la incapacidad de la cultura en español de crear un Bennett lo han descubierto recientemente y, muy posiblemente, a raíz del éxito en Anagrama del libro Una lectora nada común en 2008. Pues bien, sin entrar al detalle comparativo, hay en español algunos creadores que se ajustan al perfil polifacético y brillante del propio Bennett. Uno de los casos más evidentes es David Trueba. Un hombre de talento al que, afortunadamente, cuesta clasificar y que rebasa cualquier intento taxonómico o reduccionista. Premio Nacional de la Crítica por su tercera y última novela, Saber perder, ha sido guionista de casi una veintena de títulos, alguno de los cuales ha sido nominado a los premios Oscar, ha dirigido cinco películas y una serie de televisión que ha recibido el aplauso unánime de la crítica. Para complicar más las cosas, escribe una columna diaria en El país y ha hecho de actor en unas cuantas películas de amigos. Entonces, ¿quién es David Trueba? Es fundamentalmente un observador que sabe impregnarse de la realidad para inventarse después un mundo propio y, muy a menudo, rociarlo con un toque cómico. Ya en su primera novela Abierto toda la noche, Trueba jugaba en difícil terreno entre el humor y lo trágico al narrar la vida de una familia disparatada que se muda a una casona recién heredada. Ese tono humorístico alcanza su cénit en Cuatro amigos, novela de un viaje vacacional e iniciático, que es al tiempo un canto a la amistad, una historia de amor y un hilarante derroche de ingenio. En Saber perder, sin embargo, el autor cambia de registro para retratar a unos protagonistas desasosegados y perdidos y consigue una de las novelas psicológicas más conmovedoras de los últimos años. Perdedores a los que radiografía con precisión y de los que desgrana miserias, flaquezas y emociones. Una vivisección literaria de personajes lastrados por la congoja pero sin resignación. Con esta novela de madurez —prematura— Trueba asumió el riesgo de abandonar una fórmula contrastada y exitosa para adentrarse en unas galerías mucho más sombrías y menos agradecidas que los caminos que había transitado previamente.

 

Y ese mismo curioso con alma de gamberro que sabe ponerse serio es el que vemos en su cine. En sus primeras películas como guionista ya se apuntan algunos de los elementos que son casi determinantes de su filmografía. En Amo tu cama rica (1992), pero sobre todo en Los peores años de nuestra vida (1994)—ambas dirigidas por Emilio Martínez Lazaro—, David Trueba nos enseña algunas de las cartas con las que le gusta jugar la partida: el humor, el romanticismo antisentimental y la creación de personajes que podríamos ser nosotros mismos. Con estos mismos mimbres construye otras películas de las que además es director, como las tiernas y divertidas Obra maestra (2000) y Bienvenido a casa (2006). Pero si hay algo que podría ser definitorio de su filmografía es la combinación entre lo infausto y lo cómico. En eso David Trueba es un maestro. Justo cuando la desazón parece atenazar al espectador, él sabe cómo sacarle una sonrisa. Un buen ejemplo es su ópera prima como director, La buena vida (1996): una talentosa y emocionante cinta en la que, a pesar de que el núcleo argumental lo forman las tribulaciones de un adolescente y la muerte de sus padres, está salpicada por una deliciosa comicidad.

 

Pero con una inequívoca vocación de desmentirse, en el año 2002 filmó Soldados de Salamina, adaptación de la homónima novela de Javier Cercas. Y también aquí decidió arriesgar. Si Cercas jugaba en la novela con la autoficción, David Trueba decidió que el personaje lo interpretara una mujer y lo dotó de elementos propios (como una sutil pulsión maternal). Mezcló fragmentos de entrevistas reales con la ficción e hizo mucho más entrañable la escena final. Y el resultado fue que aun armando su propia interpretación de la historia, cambiando escenas y personajes, la película resultaba respetuosa con la novela de Javier Cercas pero haciéndola totalmente suya.

 

Nos dejamos en el tintero muchos otros David Trueba. El que nos regaló el estupendo documental sobre Fernando Fernán Gómez (La silla de Fernando, 2006) o el que acaba de resucitar la ficción televisiva española con ¿Qué fue de Jorge Sanz? Obviamos también al cronista, al conversador, al conferenciante, al cinéfilo o al lector. Todos responden a la misma mente inquieta que no se toma nunca demasiado en serio y que, como Alan Bennett, siempre consigue ser estimulante.

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