Valerie Meikle y Clare Weiskopf, la protagonista y la directora de la película, respectivamente. Fotos cortesía Nicolás van Hemelryck.

'Amazona', una radiografía de la maternidad

La película de Clare Weiskopf, ganadora del premio del público en la pasada edición 57 del Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI), es una intensa búsqueda de las razones que llevaron a una madre a tomar el camino de la selva y dejar dos hijos en la ciudad. Emancipación, culpa y belleza se juntan en un documental que se estrenará este año.

2017/03/28

Por Catalina Holguín Jaramillo* Bogotá

A las afueras de Leticia, en una casa rústica rodeada de palos frondosos, una mujer de 80 años aparece meneando las copas de los árboles, recogiendo yuca, cargando un cesto a lo indio con el cinto atravesando su frente. Vemos a la misma mujer –por un momento parece alguien más, se ve tan joven, tan audaz– con su casco blanco redondo y gafas oscuras al estilo Chips, patrulla motorizada andando a toda velocidad. Es Valerie, la mamá. La está grabando Clare, su hija. Están grabando de forma consciente y explícita la historia de Valerie, un ave de extraño plumaje que proyecta luces y sombras a lo largo del documental. Como en muchas historias de padres e hijos, en esta juegan los reflejos, las identificaciones, los distanciamientos y las culpas: esta es también la historia de una mujer que le tocó ser hija de Valerie. El documental Amazona, dirigido por Clare Weiskopf y producido por su esposo, Nicolás van Hemelryck, fue seleccionado para participar en la Competencia Oficial de Cine Colombiano y en la Competencia Oficial de Documental Internacional en el pasado Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. La película se presentará esta temporada en salas del país.

Valerie Meikle, escritora, viajera, maestra de reiki, andariega, artesana y música, nació en Inglaterra en 1937. A Colombia llegó en 1960 detrás de Alberto Guarnizo, un abogado colombiano con quien tuvo dos hijas, Liliana y Carolina. Vivían en Armero en una casa cómoda, con empleada doméstica y club campestre. Entonces, Valerie era una mujer de tacones, maquillaje y vestido, muy distinta de la mujer que aparece en las escenas de apertura de Amazona, ahumando un pez envuelto en hojas de plátano y cantando una canción tradicional escocesa que es como un himno de su vida:

Tres gitanos llegaron al portón
del palacio, cantando muy alto,
cantando muy bajo.

Una dama estaba sentada en
su alcoba muy tarde y su corazón
se derretía como la nieve.

—Anoche dormiste en una
cama con plumas de ganso con
las sábanas perfectamente tendidas.
Esta noche dormirás en un
campo abierto con esos gitanos
harapientos.

—¿Qué me importa mi cama
de plumas de ganso con las sábanas
perfectamente tendidas? ¡Me voy
con los gitanos harapientos!

—¿Cómo pudiste dejar tu
casa y tu tierra? ¿Cómo pudiste
dejar tus tesoros? ¿Cómo pudiste
dejar a tu esposo para irte con los
gitanos harapientos?

La princesa se separa de su esposo colombiano y retorna a Inglaterra. En una comuna hippie conoce a Jim Weiskopf, su segundo esposo y padre de Clare y Diego. Su vida de andariegos los lleva desde la campiña irlandesa hasta una casa campesina en Pandi, Cundinamarca. El matrimonio se desbarata de nuevo, pero Valerie continúa su camino con Diego y Clare. Hasta el 13 de noviembre de 1985, cuando la avalancha de Armero mata a su hija mayor, Carolina. De repente, la vida andariega con sus dos hijos a cuestas se trueca en un viaje solitario y sin retorno a la Amazonía.

En 1999, Valerie publicó el relato de esta travesía bajo el título Hacia el corazón del Amazonas: expedición de una vida. Tras pasar cerca de dos años con los indígenas secoyas en Perú, Valerie, con más de 50 años a cuestas, y Miguel, su novio, inician un viaje de 1.500 kilómetros por todo el río Putumayo hasta llegar al Amazonas. El diario describe el retorno a una vida más simple, remando, pescando, recolectando frutos de la selva, cambiando comida por pulseras. Valerie también relata la influencia de la coca y la tala de maderas finas en la vida de los indígenas y lamenta, en particular, la corrupción esencial del hombre moderno. Se lamenta de la gente que “para moverse no se mueve, que para comer no cultiva, ni caza ni pesca, que para oír música no canta ni toca”.

En el documental, la muerte de Carolina y el inicio de este viaje marcan un quiebre en el tono y en la presentación, hasta ahora positiva, de la madre. Imágenes del río y el cielo, la selva y el sol se toman la pantalla, mientras la voz de Valerie resume, con palabras inspiradas y honestas, la motivación de este viaje: “Creíamos que los peligros en el camino no son nada más y nada menos que los peligros que existen en la vida. Cuando nos negamos a tomar riesgos y cerramos la puerta a lo inesperado, a lo desconocido, sofocamos nuestra vida y nuestra existencia se convierte en una aburrida rutina. El vicio de escoger siempre lo seguro ahoga nuestra vida y es un insulto a nuestra energía vital, que se renueva cada vez que confiamos en ella, cada vez que tomamos un riesgo”.

Pero lo que para Valerie es un episodio vital de aprendizaje y de libertad, para su hija es una forma de abandono. El viaje de la mujer es también el abandono de la madre. En el documental, Clare ahonda en los efectos de la libertad de su madre en ella y en su hermano Diego y cuestiona sus decisiones. Porque más que una biografía de Valerie el documental es una radiografía de la maternidad. Acá se habla y se toca esa única cosa de la que no se debe hablar: el libre albedrío de una madre. Si bien Valerie es como un personaje sacado de un documental de Werner Herzog, su relación con sus hijos se parece más a un cuento de Alice Munro.

Para Nicolás van Hemelryck, esposo de Clare y productor, esta es la película de una mamá y su hija en una casa. Originalmente, el plan era repetir la travesía por el río Putumayo y, a partir de ese viaje, contar la vida de Valerie. Este viaje se canceló, pero la idea de contar la historia de Valerie persistió. “Empecé haciendo una película sobre mi mamá –afirma Clare– una guerrera que vive en la selva, pero en el fondo sabía que se trataba de algo más profundo”. En uno de los primeros trailers del documental, publicado en 2012 para recolectar fondos por medio de una campaña de crowdfunding, el foco de la historia es Valerie, quien es presentada como “la última verdadera hippie”. La campaña fue un éxito, y con el dinero recolectado Clare y Nicolás se pudieron dedicar de tiempo completo al documental.

“Rápidamente entendimos –explica Nicolás– que sin experiencia no íbamos a llegar muy lejos. Encerrarse uno con su suegra y su esposa en una casa para hacer una película no es tan evidente”. Es así como empiezan a participar en talleres de documental y fondos de producción que le dan un giro a la película, que deja de enfocarse exclusivamente en Valerie para convertirse en un retrato más complejo de una madre que rompe con todos los estereotipos de la maternidad y la feminidad. “Lo más importante en la vida de uno es la vida de uno –afirma Valerie–. Ser mamá es más difícil en ese sentido porque muchas veces uno sacrifica… pero hay cosas que no se pueden sacrificar. ¿De qué sirve una mamá, una mujer sacrificada?”.

“Como yo era el que grababa, cada vez fui metiendo a Clare en la película –dice Nicolás–. Ella tenía que estar adentro”. “Y yo no quería estar en pantalla –refuta Clare–, ni hacer la voz en off. Pero poco a poco la película me fue chupando”. El rol de su esposo como productor fue clave. “Necesitaba alguien muy cercano, pero que también fuera objetivo”, dice ella. “A mi manera de ver –concluye Nicolás–, Clare es protagonista y Valerie, antagonista”.

La maternidad de Clare también fue incluida y marca el ritmo interno del documental. La historia arranca con su voz, situando su matrimonio con relación a su mamá. Fue ella quien le presentó a Nicolás, pero fue ella también quien le transmitió el miedo al compromiso y a la estabilidad. Por tanto, resolver su relacióncon su madre se convierte en una forma de resolver sus dudas sobre la maternidad. Con el paso del documental, vemos cómo la panza de Clare va tomando mayor protagonismo y cómo las preguntas que Clare le hace a su mamá sobre la maternidad son, realmente, preguntas que ella necesita hacerse. Por este motivo, la escena final del documental es un retrato de Clare con su hija Noa recién nacida. No en vano, Clare y Nicolás sienten que Amazona es como una hermana de Noa.

La gestación de Amazona también ha traído consigo otros frutos, en particular, el nacimiento de la productora Casa Tarántula, la cual ya cuenta con tres largos documentales en montaje y cuatro más en desarrollo. Durante la presentación de Amazona en el Festival de Cine de Cartagena, el documental Homo botanicus, también producido por Casa Tarántula, recibió dos premios para participar en mercados internacionales. Homo botanicus también es un documental creativo en donde la relación de un biólogo y su mentor sirve como vehículo para hablar sobre la transmisión del conocimiento. “Lo obvio de hacer una película es querer ser director –explica Nicolás–, pero con la productora hemos visto que hay gente que tiene muy buenas historias pero no tienen cómo sacarlas adelante. Encontré en la figura del productor un buen lugar para impulsar a gente talentosa”.

*Periodista y literata.

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