Cotillard protagoniza la obra junto a Louis Garrel.

La vasta fragilidad del amor

‘Un momento de amor’, protagonizada por la “dulce e incandescente” Marion Cotillard, se estrena hoy 20 de abril en salas de Cine Colombia. Andrea Mejía reseña una película de amor salvajes y presencias fantasmales que recuerda a varios clásicos literarios.

2017/04/20

Por Andrea Mejía

Así como el amor de Catherine en Cumbres borrascosas se llama Heathcliff -algo así como un páramo acantilado-, así el amado de la heroína romántica de esta película se llama André Sauvage. Lo diré aunque suene muy mal: Andrés Salvaje. Así como en la novela de Brontë hay fantasmas, en esta película también. Quiero decir fantasmas de verdad, presencias más intensas que las presencias reales. Y el amor va también más allá de la muerte. Como debe ser. Se trata de la película Mal de pierres, traducida al español como Un momento de amor, de la directora Nicole Garcia, y que estuvo compitiendo en Cannes el año pasado. La película está animada por la actuación dulce y a la vez incandescente de Marion Cotillard.

Nadie lee Madame Bovary como un teatro moral de la crueldad en el que Emma es castigada con la muerte por adúltera. Tampoco esta película es una fábula moral. Al final del libro de Flaubert se revela la bondad de Charles, el deslucido y pequeño médico de provincia, casado con la-mujer-ardiente, también de provincia. Su amor constante y cotidiano brilla junto al tormentoso y devorador amor de Emma. Ni Emma ni Charles triunfan. Ni Emma ni Charles son castigados. Cada uno de los dos se dignifica en su sufrimiento. Se trata de dos personajes. Dos formas de amar. Dos vidas entrelazadas. Hay algo así también en la película. O más o menos.

En La montaña mágica se crea un lazo entre Madame Chauchat y Hans Castorp. Aquí también crece una historia de amor en un sanatorio. Hay radiografías y escenas en el comedor y en las camas de los enfermos y en las tumbonas que dan a las nieves rocosas de los Alpes. Las casas de cura en la alta montaña son lugares perfectos para historias de amor espectrales. No sé qué sería del cine y de la literatura sin los sanatorios.

La fuerza de Mal de pierres, a pesar de que sus recursos narrativos no son siempre convincentes, reside en una imaginación erótica tan poderosa que desborda sus objetos y los anima por cuenta propia. Gabrielle, su protagonista, es una fuerza natural desatada que puede volverse en contra de sí misma, pero puede también, dejándose guiar por su propia naturaleza, transitar su sufrimiento para ser feliz y alcanzar una paz que no traiciona la intensidad de un amor que en últimas está en ella. Y como fuerza de la naturaleza, esta mujer arrastra también sus piedras: unos cálculos renales que son eso, piedrecitas en un cuerpo que es un río. Esto se pierde en la traducción cursi y nefasta de Un momento de amor. Más comercial, obvio.

El fondo anímico de la película es la soledad apasionada de una mujer. Es un fondo anímico impetuoso y lúgubre que puede comunicarse a quienes no subestimen la película ni se armen de resistencia frente a ella. Tiene lugares comunes que pueden ser perdonados. Otros que no. Tiene también imágenes bellas. Pero la película liberará su potencia estética solo al espectador que se entregue a ella.

Emily Brontë no salió jamás de su pequeña provincia. Cuidó hasta la muerte a un borracho gruñón adicto al opio, para después morir ella misma de tuberculosis a los 30 años, dejando escritos un puñado de poemas visionarios y una novela indómita y sublime. Mal de piedras, o si quieren, Un momento de amor, se deja ver, entre otras cosas, como un homenaje a esta escritora tremenda y a su vastedad insostenible. Está llena de detalles pequeños que traen también otros grandes libros al pensamiento. Si la ven, podrán encontrarlos.

Un momento de amor llega a las salas de Cine Colombia hoy, 20 de abril.

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