El cine ha recurrido muchas veces a los maestros de la música como inspiración. Se produjo la lacrimógena The Glenn Miller Story, con James Stewart, y Night and Day, con Cary Grant como un Cole Porter sin ningún atisbo de homosexualidad. Milos Forman hizo la magistral Amadeus, que ganó ocho premios Oscar, y Oliver Stone mostró su obsesión por The Doors en la película con el mismo nombre.
De un tiempo para acá, muchos cineastas han elegido aproximarse a los ídolos musicales desde el documental, que los convierte en privilegiados fans con acceso al material musical y personal de esas estrellas de la música. Esto ocurrió con Kevin MacDonald, realizador que deslumbró al público con El último rey de Escocia y que ganó un Óscar como documentalista en One Day in September, el cual narraba un suceso histórico que luego inspiró a Steven Spielberg para rodar Munich.
En Marley, MacDonald maneja con gran talento dramático el material de archivo y enarbola un emocionante recorrido por la historia de Jamaica, por el arte como salvación y por un planteamiento vital ajeno a los cánones convencionales marcados por occidente.
Si Forman en Amadeus hacía un inquietante estudio de la mediocridad y la envidia, MacDonald desvía la mirada hacia la politización de los ídolos de masas con el apoyo de una maravillosa banda sonora.
Su técnica no es muy distinta a la de Martin Scorsese, cada vez más melómano que cinéfilo, que se acercó a The Band y a Bob Dylan, rodó un concierto de los Rolling Stones y realizó una vibrante radiografía espiritual de George Harrison en Living in the Material World, de la HBO. El realizador italoamericano, acostumbrado a rubricar con su estilo sus obras de ficción, se pliega al material preexistente y la convención de las entrevistas para alumbrar obras que no por ello dejan de ser puro cine.
Esta tendencia la inauguró el maestro de la nouvelle vague Jean-Luc Godard. El director de "À bout de souffle", muchos años antes que Scorsese, rodó a los Rolling Stones en Sympathy for the Devil, documental de 1968 en el que acababa hablando de la contracultura occidental y de las Panteras Negras para ir más allá de la música y tejer una profunda reflexión intelectual.
Algo casi tan atípico como lo que hizo el español Isaki Lacuesta cuando quiso hacer un documental sobre el cantaor de flamenco José Monge "Camarón" y vio que Jaime Chávarri estaba haciendo un filme de ficción. Lacuesta optó entonces por retratar la vida de tres personajes atravesados por la obra del cantaor y filmó así uno de sus mejores y más emotivos títulos, La leyenda del tiempo.
Claro que el melómano oficial del cine español siempre será Fernando Trueba que, enamorado de Diego El Cigala, Carlinhos Brown, Bebo Valdés y el Niño Josele, ha dirigido Calle 54, Blanco y negro o El milagro de Candeal.
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