Un fotograma de la película.

La venganza de los desahuciados

Una jauría se toma las calles de Budapest en ‘Buscando a Hagen’, la cinta que ganó Una cierta mirada en el más reciente festival de Cannes y que se estrenó en Colombia el 26 de marzo. Kornél Mundruczó, su director, habló con Arcadia.

2015/03/26

Por Revistaarcadia.com

El silencio desciende sobre Budapest, la capital de Hungría. Las calles están vacías y la ciudad, abandonada. La cámara encuentra a Lili (Zsófia Psotta), una adolescente de 13 años que atraviesa un puente montando en bicicleta. Carga una maleta con una trompeta y parece buscar a alguien. Lili flanquea un carro abandonado y desciende sobre el otro lado de la ciudad. Toma varias curvas. Solo hay silencio. Pero, de repente, al girar su cabeza, Lili los ve: una enorme y frenética jauría de perros callejeros se dirige en su dirección.

Así comienza Buscando a Hagen, la sexta película del húngaro Kornél Mundruczó, que traza la metamorfosis de un perro doméstico que se transforma en el líder de una revolución canina. Lili, una joven melómana de carácter fuerte, se va a vivir unos meses con su perro Hagen a donde su padre. Él es un hombre mezquino y solitario que decide, contra los deseos de su hija, dejar al perro bajo un puente para no pagar una multa por tener en su casa a un animal callejero.

Tras varios enfrentamientos con la policía canina, Hagen se da cuenta que el humano no es necesariamente su mejor amigo. Y, como en la novela El llamado de lo salvaje, de Jack London, Hagen sucumbe, con la ayuda de un entrenador de peleas, ante su lado más salvaje. Pero si la novela de London resalta los valores de volver a la naturaleza, en la cinta de Mundruczó ese retorno solo trae consecuencias traumáticas. Hagen se convierte en un bestia agresiva mientras que Lili, por su lado, decide dejarlo todo para encontrarlo.

La película de Mundruczó, galardonada en Cannes y en otros festivales, entabla un debate interesante en torno a los derechos de los animales. Con una parábola clara, y con una excelente banda sonora compuesta por Asher Goldschmidt, pone en escena la venganza de los oprimidos.

 

¿Qué lo inspiró a querer hacer esta película?

Mientras me preparaba para hacer una adaptación teatral de Disgrace, la novela de J.M. Coetzee, que realicé con mi empresa ‘Proton Theatre’, visité una perrera. El momento en que vi a los animales espichados contra las rejas, con sus ojos mirándome y rogando por ayuda, escuché el llamado de mi conciencia.

¿Se sintió culpable?

Como humano me sentí culpable de ser participe en los crímenes contra los animales. No debemos ejercer crueldad ni discriminación racial contra ninguna raza con la que compartimos los tesoros y los privilegios de este mundo.

¿Qué representan los perros en la película?

Los animales representan a los reprimidos de todos los tiempos. Hagen es tan inocente como Lili y un hecho crucial es que ella no está dispuesta a abandonar su fe en él. En ese sentido, siento que la película le da a la audiencia mucho de que pensar en un sentido moral.

La música es uno de los protagonistas de la película. ¿Por qué?

La música es una expresión artística exclusivamente humana. En la cinta adquiere varios significados. Uno incluso podría llamar Buscando a Hagen una película silente con música pues todo lo que importa, cada una de las intervenciones trascendentales, son transmitidas o enfatizadas con música.

En Santiago de Chile, por ejemplo, la gente cuida a los perros callejeros. ¿Cómo es en Hungría?

Tenemos un problema muy grande con ellos, sobre todo en las ciudades grandes. En nuestro país de Europa Central no hay suficiente solidaridad con los animales. Los perros callejeros son perseguidos y arrestados. Y en la mayoría de los casos nadie los quiere así que después de mucho sufrimiento los duermen en las perreras.

Hay una escena muy interesante en que se contiene a la jauría. ¿Usted cree que se puede controlar y amansar a la naturaleza?

Antes de visitar la perrera no me interesaban mucho los animales. Lo que vi ahí me hizo querer convertirme en un defensor de la diversidad en el mundo. Yo no creo que se trate de controlar a la naturaleza. Lo que yo intento representar es que todo lo que está vivo, desde las algas y los pájaros hasta los perros y los hombres tienen el derecho de vivir en la tierra. La película busca, en el fondo, paz y silencio. Lo que venga después ya depende la audiencia.


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