Carolina Sanín

El "feminismo trasnochado"

De cómo una charla sobre las prohibiciones implícitas y explícitas que recaen sobre ciertos temas para ser tratados públicamente se convirtió en un pequeño show que dejó en evidencia la censura del sexismo.

2016/04/23

Por Laura Martínez Duque

El tema de la charla era Una agenda periodística sin lugar para tabús y buscaba abrir un debate sobre cómo están asumiendo los medios aquellos temas que involucran valoraciones morales tales como la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, el matrimonio igualitario, el aborto y la eutanasia.

Sobre el escenario, el moderador de la charla y jefe de redacción de la revista SEMANA, Mauricio Sáenz, y de izquierda a derecha, el caricaturista Julio César González “Matador”, quien protagonizó una de las cruzadas del procurador en contra de la eutanasia que por fin consiguió para su padre. Carolina Sanín, escritora, columnista, profesora universitaria y una de las voces más leídas en redes sociales. Su cuenta en Facebook tiene 5000 seguidores y cualquier posteo suyo, un mínimo de 400 aprobaciones virtuales. A su lado, Mauricio Albarracín, columnista, investigador en Dejusticia, abogado y activista LGBTI.

Mauricio Sáenz comenzó por el contexto histórico. El concepto tabú no existía en occidente hasta el siglo XVIII, cuando el capitán James Cook entró en contacto con el miedo de los nativos frente a los actos que les producían terror. Desde ahí, la palabra se universalizó porque representa algo inherente al ser humano, los temores profundamente arraigados en la psiquis.

La teoría de Sáenz era que, en términos de la información, muchos tabús se han venido derrumbando frente a la mirada cada vez más abierta de la sociedad sobre esos temas que siempre fueron difíciles de abordar. El sexo, la homosexualidad, el aborto, la legalización de las drogas y, en el caso colombiano, empezar a hablar sobre la guerrilla, son algunos ejemplos.

Cada uno de los invitados tenía su turno para responder cómo se han superado esos tabús, si efectivamente se han superado del todo y si algunos de ellos deberían mantenerse como lubricante del funcionamiento de la máquina social.

En la primera ronda de respuestas, Albarracín afirmó que ha habido un gran avance en la homosexualidad como tema público. Se ha legislado a favor de los derechos de la comunidad LGBTI y se ha establecido la discusión en grandes medios sobre todo, gracias a las redes sociales. Ya no es un tabú hablar de la homosexualidad y hay una voz colectiva que se pronuncia. Carolina Sanín argumentó que la menstruación es un tema prohibido y que del aborto solo se habla en términos de estadísticas y juicios de valor. Nadie habla de su experiencia, o va a decir si alguna vez abortó. Hizo énfasis en que el único tema que continúa censurado en Colombia es la vida privada de los poderosos. Una gran prohibición periodística que se traduce en una oligarquía perfectamente protegida. “No se habla de las sitemáticas violaciones del código laboral por parte de la oligarquía con sus empleados, y jamás se hablaría de qué hombres del poder pagan por sexo, lo cual es de interés público pues quienes lo hacen comentan la explotación de la mujer y la trata de personas”, concluyó Sanín.

Hablar de censura, no de tabú

¿Todos los tabús son negativos? Era la pregunta para Carolina Sanín, que pidió cambiar la palabra tabú – aclarando que esta tiene que ver con una prohibición cultural que tiende a la preservación de la cultura, y en ese sentido, solo podría referirse al canibalismo y al incesto-. La charla, continuó Sanín, estaba dirigida a discutir las prohibiciones implícitas o explícitas de tratar ciertos temas públicamente. “Se puede hablar de homosexualidad, se puede hablar de eutanasia, entonces por qué no nos preguntamos de qué no se puede hablar en Colombia?” y dirigió la pregunta a Mauricio Sáenz.

“Los medios de comunicación tienen un tabú creado organizacionalmente que tiene que ver con los intereses económicos de los medios, no solo en Colombia sino en todo el mundo. Lo que afecta a los anunciantes tiene un nivel de tendencia en cuanto a lo que se dice y esto tiene más gravedad cuando los medios son propiedad de grandes grupos económicos. Es un tabú en la medida en que los medios se ven compelidos a no tratar ciertos temas por los intereses económicos”, respondió el moderador.

Sanín insistió, “Me interesa que hablemos de lo que es. Porque usted (Matador) no recibió ninguna reconvención por transmitir la eutanasia de su padre, lo ha hecho varias veces y nadie le va a decir que no haga eso. Ninguna persona de este público lo va a censurar, y si por ejemplo a alguien le pareciera exhibicionista o no estuviera de acuerdo, la censura y el linchamiento caerían sobre esa persona”…

“Un feminismo trasnochado”

“¿Hay censura para hablar sobre la desigualdad de las mujeres? Por supuesto que la hay. No hay una ley que impida hablar de eso, pero hay una censura y un linchamiento social mucho más grandes.” continuó Sanín, “La sociedad patriarcal es tan absolutamente prevalente que muchos de los que apoyan los derechos de los gais son también patriarcales y muchos gais lo son también. Entonces las mujeres quedamos solas. Yo escribo una columna sobre las opciones para nombrar a una mujer en esta sociedad que son “niña” o “vieja”, y recibo la censura en forma de ridiculización o en forma de insulto sexual. ¿Por qué a las mujeres en la política se las llama por el nombre de pila? ¿Por qué Vivian? ¿Por qué en lugar de decir Alexiévich, se dice “La Alexiévich”? Esas son violencias que están debajo de las violencias. Pero hablar de esto, o no interesa tanto, o”…

¡Pasen la palabra!

Cuando Carolina Sanín señalaba la violencia o la apatía que despiertan sus reclamos sobre el lugar de la mujer, un hombre grita -ordena- desde el público ¡Que pase la palabra!

Y cuando Sanín le pide que repita lo dicho, el hombre cambia la frase, esconde el sujeto y se oculta en un falso plural: “no monopolicen la palabra”. Pide volver al tema central que era, según él, el de Mauricio Albarracín. Carolina le revira que nunca se anunció ese como tema central y el hombre suelta con todas las letras “tampoco se dijo que el tema iba a ser su feminismo trasnochado…”

En el medio del intercambio, Carolina Sanín invitó al hombre a discutir y a exponer las razones de su molestia. El hombre, entre balbuceos, permaneció en su lugar.

“Si alguien le hubiera gritado a Mauricio, ¡maricón cállese! lo habrían linchado. Esa es la diferencia y le agradezco que haya servido para ilustrar”,concluyó Sanín antes de soltar el micrófono.

Después de los aplausos, los abucheos y la exaltación de los presentes, vinieron las bromas nerviosas de Matador. La charla adquirió otro tono, los panelistas ya no podían seguir el guion de sus anotaciones y dejaron en evidencia su postura frente a lo que acaba de pasar.

Mauricio Sáenz intentó reconducir la charla e instó a los invitados a dejar un mensaje para las nuevas generaciones de periodistas.

“Hablar del feminismo hoy puede ser una tarea más interesante que hablar de la no discriminación frente a las personas LGBTI por ejemplo. Cuando hablan hombres heterosexuales a favor de los derechos LGBTI son más escuchados. ¿Cuáles son las voces que se escuchan y por qué? Cabe preguntar qué lugar se le da a la diferencia porque si no podemos aceptar y entender que hay una injusticia tan profunda en la distribución de poder entre hombres y mujeres, yo creo que ningún otro cambio estructural será posible”. Concluyó Mauricio Albarracín.

***

El público celebró con el mismo entusiasmo la postura de Carolina Sanín en su intercambio con el hombre del público, y el chiste de “a mí me amenazó con violarme una modelo de Soho y yo la denuncié”, remate poco feliz de Matador luego de que Sanín confesara que sí siente miedo ante las amenazas que recibe por sus columnas.

La charla finalizó y los asistentes fueron desocupando el auditorio entre fotos y autógrafos, nadie hablaba de censura o tabús. Todos comentaban la situación que protagonizó Carolina Sanín.

Quienes la siguen se llevaron razones de más para aplaudirla. Los otros -tantos- que se sienten amenazados, ofendidos y representados por aquel hombre quizás se cuiden de mostrarse en público y prefieran seguir hostigando como sujetos escondidos en la virtualidad.

 

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