Catalina Holguín se sumergió en el mundo de las películas pirata y descubrió un botín dedicado al cine arte.

A la caza del cine pirata

Cine arte a dos mil pesos, a domicilio, documentales que jamás llegarían a las pantallas colombianas y un mercado que mueve de manera ilegal millones de pesos son el pan de cada día de los espectadores colombianos que quieren ver buen cine. RevistaArcadia.com recuerda esta crónica de Catalina Holguín, en donde se sumerge en el mundo de las películas pirata.

2010/03/15

Por Catalina Holguín Jaramillo

En el submundo del DVD pirata, que opera a mediodía y en plena calle de cualquier ciudad de Colombia, el espectro de personalidades es amplio: desde el pirata más sabiondo, un verdadero coleccionista, hasta un ex vendedor de accesorios para celulares que comprendió rápidamente que donde hay demanda y hay oferta, hay billete.

El primero al que visité es un coleccionista y portentoso vendedor y, además, un dios del cine. Las visitas que recibe de directores de cine, críticos, miembros de instituciones estatales nacionales e internacionales le han hecho ganar una oscura pero valiosa legitimidad. Tiene cerca de 8.000 títulos organizados en colecciones curadas por él mismo: cine italiano, español, oriental, documentales y adaptaciones de la literatura. El precio promedio es de 5.000 pesos (precio elevado en el mundo pirata), pero aumenta hasta 15.000, dependiendo de la rareza del título.

Él ha visto todas las películas, habla de ellas con propiedad y casi le da sopa y seco en cuestiones de cine a cualquier experto. Como buen coleccionista, tiene joyas que no negocia, se niega a vender ciertos títulos a gente que no considera digna y mantiene un código ético basado en el estímulo al cine nacional. No vende películas piratas colombianas (aunque en algunos casos, directores le han dejado copias originales para que las distribuya). En ese lugar se consigue todo lo que uno pueda soñar, en especial “el cine invisible”, como dice él, el cine que nunca se vería acá si no fuera por él.

Al otro extremo del espectro, un pirata de menor calibre tiene en su oscuro cubil cajas de madera repletas de películas de-?sorganizadas al lado de cinturones. No le gusta el cine y cuando llegan pelaos con pinta de estudiantes a preguntar por “cine arte” solo les señala las cajas y les dice que rebusquen. Ahí el dvd sale a 2.000 pesos, sellado con el nombre de la tienda por si uno quiere cambiar esa peli por otra. El cambio vale 1.000 pesos, de manera que la tienda funciona también como una especie de casa de alquiler.

Llegué atraída por su mujer, quien estaba en la calle vendiendo películas sin ningún pudor. La Policía estaba ocupada con los disturbios producidos por la medida del pico y placa y todos los vendedores estaban haciendo su agosto en el andén.

—Toca aprovechar el desorden— me dijo mientras me indicaba una puerta donde estaba el local de su marido.

Antes, su esposo vendía forros de celular colgados de una malla metálica cerca del edificio de Avianca; ahora vende cine arte, que se mueve mucho.

Curiosamente, varios consumados cinéfilos han dado con la clave para que nombres como Godard, Bergman o Antonioni les haya llegado la hora de ser ‘masivos’. Con la desaparición de muchos cineclubes en donde se presentaban películas de ellos y la demanda de estudiantes universitarios inscritos en cursos obligatorios de humanidades, los vendedores comprendieron que la nueva consigna era: ¡Democratizar el cine arte! Gracias a la sapiencia mercantil de los piratas, ahora se consiguen películas que distribuidoras y comercializadoras no traen.

Y no las traen por el excesivo riesgo económico que implica distribuir cine arte. Mientras que los derechos de una película como Hunger, de Steve McQuinn, cuestan 25.000 pesos, el número de espectadores de este tipo de cine oscila entre 20.000 y 60.000, cifra con la que es imposible, según me explica Pía Barragán, gerente de películas independientes de Cine Colombia, recuperar una inversión de ese calibre. A pesar de la dificultad de la legalidad, cada vez hay más metidos en el rollo. Carlos Llano, gerente de distribución de la misma compañía, celebra el aumento de distribuidoras independientes como Cineplex (que en 2008 trajo 19 películas independientes) y de salas de cine independientes. Si antes se traían unas 15 películas de este tipo al año, hoy en día el promedio es de 40, que representa un 18% del total de películas traídas anualmente.

Los piratas, un cuento viejo

Me advierten los cinéfilos que pilas, PILAS, con dar detalles del negocio. Esta oscura red que termina en un andén de la ciudad parece tener letales ramificaciones: lavado de dólares, paramilitarismo, mafias... No obstante, ni caminé a medianoche en zonas rojas para encontrar ‘la merca’ ni me sentí amenazada en el proceso. Si alguien está asustado con este negocio es la industria fílmica, aferrada a un viejo barco que está a punto de naufragar.

La historia, que todo lo pone al revés, cuenta otro cuento. Explica Lawrence Lessing en Free Culture que cuando el célebre Thomas Edison quiso cobrar regalías por el uso del Vitascope (proyector de cine cuyos derechos de distribución había comprado el inventor), los pequeños productores empezaron a copiar las cámaras o a traerlas de Europa para saltarse las patentes de Edison. Los abogados argumentaban que cualquiera que filmara, produjera, proyecta y/o vendiera películas estaba infringiendo las patentes. La guerra de litigios, que además de abogados reclutó detectives para pescar infractores, provocó un éxodo de cineastas independientes a California, donde las leyes eran más laxas que en Nueva York. Allá, fundaron su emporio del cine.

Matt Mason (quien, por cierto, distribuye gratuitamente su libro The Pirate’s Dilemma en Internet y además lo vende como pan en las librerías) sostiene que la piratería es necesaria para la evolución del mercado y la cultura. Más que un delito, la piratería muestra exactamente dónde está fallando el mercado y permite la circulación más amplia de contenidos que a su vez generan nuevos contenidos. Las industrias se la pueden pasar en litigios, dice Mason, y hacer de las demandas penales su práctica comercial número uno. O pueden competir con los piratas. Como dice Andrés Lopera, gerente de cine de RCN, “La piratería no es un mal, es un peor, pero necesario. ¿Cuándo se había visto un DVD legal en 5.000 pesos?”

La estrategia del diablo

En la guerra contra la piratería, se requirió que intervinieran los mismísimos padres de Satanás. Siguiendo el ejemplo de Steve Jobs, para quien “la única manera de combatir a los piratas es compitiendo con ellos”, la productora de cine Dynamo sacó a mediados de febrero el DVD de Satanás a precio de pirata (5.000 pesitos) en lugares piratas (calles, chuzos, tiendas de barrio) y legales (grandes superficies y Blockbuster). Diego Ramírez, socio y director de estrategia y mercadeo de la productora y comercializadora colombiana Dynamo, sostiene que en Colombia “el mercado legal del dvd no existe”. Dice que mientras que la película colombiana mejor vendida legalmente fue Soñar no cuesta nada (7.500 copias aproximadamente), se están vendiendo entre 100.000 y 300.000 copias piratas de estrenos de Hollywood y cerca de 50.000 de películas nacionales.

Había que “buscarle la vuelta a la piratería”, explica Ramírez. Después de estudiar el mercado pirata, Dynamo llegó a la conclusión que aparte del problema del elevado costo de un DVD original, era necesario ajustar los canales de distribución. La estrategia parece haber dado sus frutos. Las 10.000 copias que se lanzaron a mediados de febrero se han vendido muy bien. Tanto, que piensan hacer un segundo tiraje. Más importante, no han encontrado (aún) copias piratas de la película.

Explicaba Ramírez en una transmisión de Radiónica que “no se pueden usar métodos del siglo XX en el siglo XXI”. Suena obvio, pero tiene razón. Pía Barragán sostiene que con la masificación de proyectores digitales en salas de cine se le podrá ganar a la piratería, reduciendo los costos de distribución y permitiendo estrenos simultáneos en diferentes países. Quizás con un ancho de banda estelar y un iTunes de películas en alta resolución se pueda llegar al cine clásico, de culto, del extraño y del menos extraño que solo en dvd se puede ver. Lo más probable, no obstante, es que quienes ayer tenían como patria los andenes y los chuzos oscuros mañana funden su Hollywood y nos muestren realmente cómo es el maní.

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