Salomón Simhon, el director de Tonalá. Crédito: Sergioi.Rodriguez / Laboratorios Black Velvet

Un año Tonalá

En apenas 12 meses, el espacio independiente Cine Tonalá se ha convertido en un referente cultural de Bogotá. Con motivo de su primer aniversario, Salomón Simhon, su director, habló con Arcadia del pasado, presente y futuro de la casona ubicada en el barrio La Merced.

2015/07/31

Por RevistaArcadia.com

¿Cómo nació el proyecto?
El proyecto nació cuando yo vivía en México, donde me encontré con el Cine Tonalá de allá. De inmediato quedé enamorado del proyecto, y cuando me vine decidí traerlo. Pronto encontré la casa de La Merced, que funcionaba perfecto, y así arrancó.

¿Tenía miedo cuando arrancó?
Pues claro. Estaba muerto de susto. Tenía mucho miedo, pues se trataba de una oferta diferente que buscaba apoyar artistas emergentes del cine, las artes, la música. Era una apuesta arriesgada, pero cuando conocí el de México, sentí que Bogotá no tenía un espacio como este. Y sentí que era necesario.

A juzgar por el éxito de algunos espacios independientes, como Odeón y Tonalá, pareciera que  Bogotá atraviesa un boom en ese sector. ¿Usted cómo lo ve?
Sí, este año por ejemplo he oído de varias ofertas culturales nuevas de música y arte y creo que es un año muy bueno para la cultura en Bogotá. Entre más, mejor para todos. Siento que en el sector de música, teatro y arte han estado apareciendo bastantes artistas que no tenían donde mostrar su trabajo en un lugar que en verdad los valorara y respetara. Ahí es donde entramos nosotros. Con tantas personas que hacen cosas buenas y que salen del país a mostrar sus diferentes propuestas, nace la idea de hacer este tipo de espacios para que se puedan ver acá. Un hecho que por ejemplo se refleja en el tema del cine, con películas que viajan a los mejores festivales de Europa, y que no tienen una ventana de exhibición en las salas comerciales.

Tonalá proyecta todo tipo de cine, incluso comercial. ¿Cómo es la curaduría?
No creo que pasemos cine comercial, pero sí cine de género, como una película de terror, que puede llegar a ser comercial. La cartelera de Tonalá tiene cuatro estrenos mensuales, enfocada en trabajos de América Latina, en muchos casos mexicanas o chilenas. Por otro lado está la sala Kubrick, una de nuestras dos salas de cine, que trata de mostrar un cine diferente, más alternativo, a menudo documental, con películas difíciles de encontrar. Otra cosa es que son rotativas. Acá todas se rotan en todos los horarios, y así a todas se les da la misma oportunidad en todos los horarios.

¿Qué ofrece Tonalá que no ofrecen los otros cines de la ciudad?
Nuestro enfoque es cine contemporáneo con propuestas narrativas diferentes. A veces compartimos películas con Cinemanía y Cinema Paraíso, pero por lo general en la cartelera tenemos un par que no se pueden ver en otro lado, que no les interesa al circuito general. En ese sentido, nuestro objetivo es tener una visión de formación de públicos, un espacio donde se proyecten propuestas que en otro lado no se pueden ver. Acá, a diferencia de otros lugares, nuestro objetivo no es vender crispetas y hacer plata. Otra diferencia con el circuito comercial son los precios, pues acá son mucho más accesibles.

¿Cómo se ha ido formando el público de Tonalá? ¿Son más de tener un público fiel o siempre va gente distinta?
Lo más bonito del proyecto es que no hay un target. Uno va a Tonalá y ve que en el restaurante hay un empresario, un punk, un hippie y un estudiante. Es una mezcla bonita. No hay pretensión, solo gente que quiere ver algo distinto, un público diverso que cree en el proyecto. Curiosamente, la gente que más viene es a ver películas colombianas, que son las más taquilleras de Tonalá. Eso es algo que nos hace muy felices, pues todas esas películas que no están en salas comerciales, o que solo duran dos semanas ahí, tienen la oportunidad de ser proyectadas aquí. Y esto no es un fenómeno nuevo, de la mano del éxito de Colombia en Cannes, sino que desde hace un año las colombianas han sido las más taquilleras, empezando con El abrazo de la serpiente, vista por más de 1.000 espectadores. También hay unas que solo se pueden ver acá, como el documental del pionero del reportaje gráfico en Colombia, Sady González, que se ha movido muy bien y que ha encontrado un nicho con la gente que vivió esa época.

Aparte del cine, Tonalá organiza muchos eventos…
Tenemos una vez al mes un artista nuevo, también teatro, sea micro o de larga duración, y conciertos. En septiembre tendremos el primer festival de humor negro, con invitados nacionales e internacionales que se salgan de lo tradicional, y ataquen un poco más y que sean groseros, sin pelos en la lengua. Además, tenemos una librería que se llama Nada y que se enfoca en editoriales independientes de Colombia y afuera, y otro almacén que se enfoca en vinilos y en libros de cine.

¿Qué eventos destaca de este año?
Creo que el festival de magia bizarra, llamado Polvos Magic Fest, en el que trajimos dos magos argentinos y dos colombianos con propuestas especiales para nuestro espacio. Una apuesta que ha funcionado muy bien son los festivales de cine pequeño: ahora tenemos Alta Fidelidad, dedicado a documentales de música. Se trata de una serie de festivales que no tienen una exhibición grande, muestras de cine italiano, africano, y de otros lugares.

¿Qué ha sido lo más difícil de tener un centro independiente?
Lo más difícil es que siempre estamos tratando de mejorar, desde lo creativo hasta la parte de servicio. No es que haya sido un problema, pero queremos mejorar. Es difícil siempre tener una programación llamativa. Para nosotros hacerlo cada mes es complicado porque ya hemos ido agotando las pocas distribuidoras, entonces andamos buscando afuera, y ahora trabajamos con una mexicana que hace cine independiente

¿Cómo ve el futuro de Tonalá?
La idea es que se multiplique, abrir en otras ciudades de Colombia como Medellín y Cali y quizá en otra parte de Bogotá. Así se crea un circuito de distribución y de cine independiente de artistas emergentes. Todavía no tenemos una propuesta que sea más realidad que idea. Pero para allá vamos.

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