Fotograma de 'Clash', de Mohamed Diab.

“Tratamos de hacer lo impensable: humanizar al enemigo”

‘Clash’, de Mohamed Diab, es un relato humano de la confusión y violencia de los días de la Revolución Egipcia. El largometraje, que evade las respuestas fáciles, se estrena el 3 de agosto.

2017/08/02

Por Ana Gutiérrez

En el sofocante calor de El Cairo, un camión de policía se va llenando de personajes enfrentados. El camión recorre la ciudad en medio de millones de egipcios que se rebelaron contra el gobierno en las protestas más grandes en la historia del país, que reunieron a miembros de ambos bandos y hasta a quienes no habían tomado partido. Encerrados en un espacio de sólo 8 metros cuadrados, los arrestados se ven obligados a mirar las caras de quienes consideran sus enemigos. Mientras una violencia caótica consume a su país, ellos descubren que las líneas que los dividen no son tan claras como creían.

Clash, el claustrofóbico relato del director Mohamed Diab de los eventos que ocurrieron en Egipto en 2013, es una mirada humana de lo mezquinos, contradictorios, compasivos, amables y, sobre todo, parecidos que somos todos. El largometraje, rodado en su totalidad dentro los confines del camión, se estrena en salas de cine colombianas el 3 de agosto. Hablamos con Diab sobre los desafíos a los que se enfrentó, el poder de la ambigüedad y el carácter universal de un relato muy egipcio.

¿De dónde surgió la idea de la película?

Pensé en hacerla porque fui parte de la Revolución Egipcia. Mi hermano -quien estuvo conmigo en el proceso en 2013, cuando todo explotó y las personas empezaron a matarse entre ellas- y yo sentimos que debíamos hacer una película sobre eso. Y a él se le ocurrió esta idea genial de poner a todos los que tenían un punto de vista diferente en un solo lugar, forzarlos a cuestionar sus ideologías y recordarles la humanidad de los demás.

Clash trata eventos históricos muy recientes. ¿Qué retos implicó retratar algo tan cercano al presente?

Que la película hablara de un tema tan actual fue en efecto un problema. Cuando estábamos tratando de encontrar una historia, empezamos a pensar en hacer una película sobre la Revolución Egipcia desde el día uno. Pero cada que pensábamos en una idea, las cosas se movían tan rápido que las ideas se volvían obsoletas en semanas o meses. Después de tres años de que las cosas estallaran en Egipto, surgió la idea de poner a las personas en el camión y poner a prueba su ideología. Así encontramos una manera de hacer la historia atemporal: no hablando mucho de política, sino enfocándonos  en la división. Eso fue lo que hizo de la película un éxito internacional, porque al no hablar de temas muy locales, cualquiera se puede identificar.

¿Cómo fue el rodaje? Grabar en un espacio tan limitado como un camión de policía debe traer retos únicos.

Fue muy difícil, especialmente porque estábamos restringidos a un lugar muy pequeño, con ciertas medidas. Nunca hicimos trampa, todo lo que se ve se rodó en los 8 metros cuadrados del camión. Lo que ayudó mucho es que un año antes de rodar construimos una réplica de madera del vehículo y practicamos durante un año entero con los actores. Y a pesar de que en el rodaje podíamos controlar lo que pasaba dentro del camión, fue muy difícil porque, además, no tenemos una gran industria de acción en Egipto. Entonces no todos en la película son profesionales, las peleas son de extras que estaban actuando por primera vez.

‘Clash‘ empieza con el arresto de dos periodistas, que sirve para introducir la audiencia a la acción. ¿Por qué escoger a periodistas como los personajes principales, o por lo menos, los personajes iniciales?

Decidí que los dos primeros en subir al camión fueran el periodista y el fotógrafo porque, de alguna manera, me veo a mí mismo en ellos. Desde el principio fueron atacados por la policía, y en realidad en Egipto todos estaban atacando a los medios. Todos los que quisieron revelar la verdad fueron acusados por ambas partes de tomar partido. Los dos periodistas, en la historia, tratan de grabar eventos reales que muestren la humanidad de los dos lados y por eso son atacados por todos. Eso fue exactamente lo que nos pasó a nosotros cuando rodamos la película y la mostramos en Egipto. Todos los bandos odiaron que nosotros mostráramos la verdad, los momentos humanos de los miembros de los dos lados; odiaron que tratáramos de hacer lo impensable, es decir, humanizar al enemigo. El enemigo de todos es el otro.

También es interesante que uno de los dos periodistas es egipcio-americano, algo que se menciona a menudo a lo largo de la película. ¿Por qué decidió darle esa nacionalidad?

Porque pasa a menudo que las personas se cuestionan cuán patriotas son los egipcio-americanos, o cualquiera que tenga doble nacionalidad. Fue una manera de mostrar cómo muchos ciudadanos con doble nacionalidad son gente que se fue porque eran tan patriotas que fueron exiliados en las últimas dos décadas.

El final de la película es tan poderoso como ambiguo. ¿Siempre se concibió de esa manera o fue algo que se desarrolló?

El final es una metáfora de toda la película, de todo el país en ese momento. Definitivamente en los últimos años Egipto no ha estado avanzando en la dirección correcta. Entonces el final es ambiguo, pero además es pesimista. Sin embargo, todavía hay esperanza. Todo depende de lo que pase en el futuro. Con respecto a si esa era la idea inicial, debo decir que más o menos una semana antes de terminar la película, le conté al equipo cómo sería el final. Había otra escena, pero dije “No, así es como debe terminar”, y funcionó mejor que todo lo que habíamos pensado.

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