Brian De Palma.

Nadie lo hace como De Palma

El documental ‘De Palma’, que se presentó en el Festival de Cine Independiente de Bogotá, es una clase magistral de cine sobre la vida y obra del hombre detrás de ‘Carrie’ y ‘Scarface’.

2016/07/24

Por Matilde Acevedo

No es necesario ser un aficionado de cine para saber quién es Brian De Palma. Su nombre resuena alrededor de películas como Mission: Impossible, el clásico Scarface, Dressed to Kill y la película de horror basada en el libro de Stephen King –que tanto han intentado imitar–, Carrie. A De Palma lo tildan como uno de los miembros de New Hollywood, esa revolución cinematográfica en Estados Unidos en los años setenta. El documental que le hicieron los directores –y sus buenos amigos–, Noah Baumbach y Jake Paltrow, prueba que De Palma, en efecto, sí es una joya del cine Hollywoodense. 

De Palma ha sido un soldado en Hollywood desde que sacó Carrie –y desde antes, incluso–, porque, a pesar de que sus obras más impactantes nunca han sido realmente exitosas en el mundo de Hollywood, como lo explica él, las siguió haciendo sin escrúpulos. Por ejemplo, Casualties of War, una película que le costó dinero y esfuerzo físico e intelectual, fracasó en las taquillas. Una película que, según él, era un documento periodístico de gran peso, no se dio a conocer como él lo hubiera querido. ¿Por qué? Porque todo se termina reduciendo a eso: a la taquilla, a qué tanto le gusta a los productores de la película como para hacerle propaganda. 

De Palma, también, ha construido su propio sello visual, con influencias desde Hitchcock hasta Godard. Sí, es uno de los grandes directores de Hollywood, pero ese apoyo que recibe, ese renombre, sólo aplica cuando hace películas como Mission: Impossible, no cuando toma riesgos como en Body Double. Y es que es así, dice él: Hollywood castiga la creatividad. Es una industria muy dura para los directores que buscan innovar. Cuando se salía de lo tradicional, las productoras no creían en él. Sin embargo, De Palma pertenece a ese grupo de directores que lograron imponer su creatividad en los grandes estudios: Martin Scorsese, Steven Spielberg, Sidney Lumet… los que le dieron un giro al cine tradicional. 

Pero así como pertenece a ese grupo de visionarios, también debe convivir con los egos que se le presentan en sus películas. Actores, guionistas, camarógrafos, productores, que por su recorrido creen tener la última palabra. Sin pena, varias veces De Palma critica esos egos y asegura que es muy difícil trabajar con personas que, en lugar de escuchar, solo quieren que los escuchen. Esto sucede mientras que aún hay miles de jóvenes cineastas con talento y originalidad, que han sido estudiantes de De Palma, cuyas películas se hunden en el olvido. Eso, dice él, es uno de los aspectos más frustrantes de enseñar cine. Requiere tener suerte para poder ser conocido.

El recuento de De Palma sobre su vida profesional –y personal– acaba con la  declaración de que abandonó Hollywood por cuenta de esas restricciones creativas. Pero lo interesante es que allí nunca dejó de pelear. Su lucha la mantuvo incluso en las películas más taquilleras. Desde Murder a la Mod –uno de sus primeros largometrajes– hasta Passion, ha logrado poner al público en situaciones incómodas, amar a criminales, ser testigo de escenarios injustos y ver sangre sin sentir demasiado remordimiento. Hasta puede que sus mejores películas sean fruto de esa resistencia que lo ha caracterizado, de sus peleas con los estudios. De Palma, el documental, es una crítica fuerte a lo que supone ser un director de cine en Hollywood, pero también es la prueba de cómo el cineasta logró imponer su personalidad como director.

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