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El futuro del cine latinoamericano

¿Se van a acabar las salas de cine? ¿Los festivales pueden frenar a Hollywood?¿Qué nos ha enseñado Netflix? Esas fueron algunas de las preguntas que protagonizaron el Debate Arcadia Cámara de Comercio en el 55 FICCI.

2015/03/12

Por Christopher Tibble

Ante el evidente crecimiento de la producción cinematográfica en Colombia, donde este año se estrenan 64 películas nacionales de ficción y no ficción, Arcadia, La Cámara de Comercio de Bogotá y Proimágenes Colombia organizaron un debate con motivo de entender el papel que desempeñan los circuitos comerciales y los canales de distribución en la baja exposición de cine nacional. La charla, en el Salón del Rey del Centro de Formulación de la Cooperación Española en Cartagena, fue mediada por Juan David Correa, director de la revista, y contó con cuatro invitados: Cuauhtémoc Cárdenas Batel, del Festival Internacional de Cine de Morelia; el español Pere Roca, del Media Business School; el caleño Diego Ramírez, de 64A Films; y el mexicano Ricardo Giraldo, de Cinema23.

El mercadeo

El debate despegó con una frase del cineasta Dago García, quien el mes pasado aseguró en una entrevista con revista Semana que el problema del cine latinoamericano “es que no se sabe mercadear”. Los cuarto panelistas reconocieron que la afirmación de García era cierta, pero solo en parte, y que el problema es más profundo. “La situación no solo es culpa del mercadeo. La realidad es que en la región tenemos un tiburón muy grande llamado Hollywood, que ha acostumbrado al público con una fórmula a cierto tipo de cine”, dijo Cárdenas.

Giraldo concordó y advirtió que para competir con la producción estadounidense hay que “encontrar un sistema propio, mediante el que se pueda hablar con el público y crear códigos cultuales nuevos. Tenemos la posibilidad de llegarle a 550 millones de hispanohablantes”. Para que en América Latina, y también en España, haya un industria que aporte un ángulo fresco al panorama del cine mundial, Roca cree que lo más importante es la paciencia: “hoy no podemos solucionar nada y no creo que el problema sea solo del mercadeo. Necesitamos tiempo para pensar porque si no lo hacemos no habrán nuevas estrategias para mejorar el contenido. Hay que reflexionar porque vamos afanados y así no se levanta la industria”. Otro de los problemas, agregó Ramírez, es el uso de rótulos como cine comercial y cine arte, que lleva al público a asumir que el primero es Hollywood y que el resto de producciones son parte del segundo.

La exhibición

Mucha gente argumenta que el problema de los bajos índices de asistencia a películas colombianas y latinas es culpa de los distribuidores y exhibidores. Cárdenas no está de acuerdo: “ellos son ante todo comerciantes y vender es su responsabilidad. Y lo hacen muy bien. Llenan sus salas con películas de Hollywood. Lo que pasa es que el día que vean el cine latino rentable, le darán su espacio y lo exhibirán. No hay que olvidarse de que 15 millones de personas vieron No se aceptan devoluciones en México”.

Para Giraldo, el responsable tampoco es la audiencia.  “Creo que hay que mirar nuestro lado de la trinchera y hacer un esfuerzo por congregar a la industria para plantear estrategias. Y aprender del modelo gringo”, dijo. Los nuevos canales de distribución, como el internet, están cambiando las reglas del juego y, para los cuatro panelistas, la industria tiene que adaptarse al cambio. “La sala de cine, esa vieja dama, ya ha perdido relevancia y el día a día transcurre en otros espacios”, aseguró Roca.

Ramírez planteó una solución, basada en la experiencia que ha tenido con su propia empresa. “Nosotros hicimos una serie web con Bavaria para que la gente se sintiera más cerca a esa marca y nos fue muy bien. Si se convencen a las marcas de que participen en la financiación de las películas eso puede ser interesante. Por ejemplo, si una compañía invierte 400.00 dólares, que es menos de lo que se cuesta hacer un comercial, se hace un gran negocio porque se eliminan a todos los intermediarios”.

Para Giraldo, el problema de las apuestas en internet es que la urgencia por generar contenidos es tan alta que puede ir en detrimento de la calidad. “Lo que me preocupa es la inmediatez: antes las películas se demoraban un año y medio en pasar de la pantalla al DVD, mientras que ahora se demoran tres meses o menos”, argumenta Giraldo. Sin embargo, compañías como Netflix o Amazon han demostrado que se pueden realizar producciones responsables para el internet. Y, según Ramírez, también han potencializado las salas de cine.

“Netflix nos enseñó que pagar vale la pena. Antes la gente asumía que todo en internet tenía que ser gratis. Ahora, en cambio, la persona paga y tiene acceso a una videoteca inmensa y de increíble calidad. Y eso ha mejorado la asistencia a las salas de cine, que por lo menos en Colombia han duplicado sus audiencias en los más recientes años”, dice.

Festivales

El resurgimiento del Festival Internacional de Cine de Cartagena es un ejemplo de que los circuitos de festivales también pueden atraer gente y ser una buena plataforma para divulgar películas nacionales. “Los festivales ofrecen al público la posibilidad de interactuar con el cine a la antigua, la posibilidad de conocer a los directores, interactuar con ellos. También ofrecen una ventana para el cine que no se ve en las salas comerciales”, dice Cárdenas, quien además asegura que la industria cinematográfica tiene que ser más autocrítica y menos complaciente: “tenemos muchos privilegios. Los gobiernos les pagan a los cineastas para que se diviertan y creen, incluso cuando se pierde plata, algo que no pasa con otras industrias”.

Giraldo asegura que en América Latina todavía no se ha aprovechado el potencial de los festivales. Su empresa, Cinema 23, entregó en octubre del año pasado el primer Premio Iberoamericano Fénix, en una ceremonia que se transmitió por cable para una audiencia potencial de 200 millones de personas. Según explicó en el debate, si todo el continente empieza a pensar como un bloque y crea un mapa de estrellas (un red carpet latino, por así decirlo), la industria se consolidaría como una potencia y podría desestabilizar así sea en parte el monopolio de Hollywood. 

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