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¿Densidad o liviandad?

Desde hace dos meses se vienen escuchando voces polémicas sobre la presunta desaparición de Kinetoscopio, la revista de cine realizada desde el Colombo Americano de Medellín. Las directivas del centro cultural aseguran que no dejará de circular, pero voces autorizadas del cine piensan que está en riesgo el legado de sus fundadores, y de una idea de revista que en el mundo entero está desapareciendo.

2010/03/15

Por Julián David Correa

Gracias al trabajo del crítico de cine Luis Alberto Álvarez y del gestor cultural estadounidense Paul Bardwell, el Centro Colombo Americano (CCA) de Medellín se transformó en los difíciles años ochenta, para convertirse en un centro cultural con una galería de arte contemporáneo, una librería bilingüe, una amplísima biblioteca, un centro de documentación multimedia, dos salas de cine, una revista y una intensa actividad cinematográfica que en los años noventas incluía tres seminarios semanales. En 1996, murió Álvarez y en 2004, Bardwell. A la dirección del Colombo llegó un nuevo equipo, un grupo cuyos métodos y perspectivas se han visto cuestionados recientemente.

En abril del 2008 se hizo evidente un conflicto entre las directivas del CCA y los colaboradores de Kinetoscopio: una carta firmada por nombres tan importantes como Luis Ospina, Víctor Gaviria o Héctor Abad, le propusieron a las directivas del CCA un regreso a la misión de la institución: “Ninguno de quienes firmamos esta carta desconoce que los nuevos aires que han llegado a la institución están animados por unas intenciones que persiguen beneficios para el Colombo en su búsqueda de rentabilidad para proyectos costosos de muy vieja data como las salas de cine, la biblioteca o la revista Kinetoscopio. No obstante, en ese mismo sentido hay que decir que las cosas con las que el Colombo logró hacerse querer por la ciudad se están viniendo abajo. En el deseo por salir de unas pérdidas en todo caso muy relativas, no solo se está pervirtiendo una de las más importantes funciones del Colombo sino que precisamente ya se ve un déficit mucho más grande y, lo que es más, se ha ido alejando un público que antes se había conquistado con mucho esfuerzo…”. Mientras se preparaba esa carta, alguna persona la filtró y la descalificó proclamando la existencia de un complot contra el cca, a pesar de lo cual la carta se firmó y se hizo pública, y Pedro Zuluaga, editor de la revista Kinetoscopio renunció tras ocho años de trabajo, en solidaridad con lo expresado y como rechazo a la idea de un complot. A la comunicación, la junta directiva del Colombo dio la siguiente respuesta: “En 2007, el Centro Colombo Americano gestionó y apoyó con sus recursos actividades culturales, en sus áreas de Cine, Kinetoscopio, Galería, Biblioteca, Desearte Paz, entre otros, por un monto de 1.182 millones de pesos, de este presupuesto el 80% se destinó única y exclusivamente a financiar el libre acceso a la cultura a 80 mil personas, como se registra en el Informe de Gestión de 2007, que saldrá en circulación el próximo mes…”.

Aunque en ningún momento ha habido un pronunciamiento oficial del CCA planteando la desaparición de Kinetoscopio o la venta de su marca, varios colaboradores y fundadores de la revista están preocupados con ambas ideas y con la posibilidad de que la revista conserve su nombre, pero cambie en su esencia. Una preocupación justificada por un contexto más amplio que involucra la situación de las revistas de cine en el mundo. Luciano Castillo, crítico y director de la Mediateca de la Escuela de San Antonio de los Baños, en Cuba, dice: “La mayoría de las revistas de cine, cada día se parecen más a las publicaciones ligeras para consumo general y no para lectores especializados. En muchos casos, los espacios contratados por distribuidoras en un 99,99% norteamericanas (y los críticos que se pliegan a sus designios para quienes el limitado universo cinematográfico solo se extiende entre las letras de la palabra Hollywood), han convertido a esas revistas en voceras del cine Made in USA de la peor calidad, lo que las hace publicaciones prescindibles salvo raras excepciones: Kinetoscopio, Sight & Sound (Reino Unido), Cineaste (Estados Unidos), Dirigido por (España), Cahiers du Cinéma (Francia o la edición española) o El amante (Argentina)”. En el mismo sentido, el realizador colombiano Luis Ospina, director de Agarrando pueblo y Un tigre de papel, opina que “es preocupante la suerte que están corriendo las revistas de cine en todo el mundo. Hasta Cahiers du Cinéma, quizá la más prestigiosa e influyente revista de cine, se encuentra en una encrucijada. El grupo financiero que compró la franquicia de Cahiers está en quiebra dado el bajo rendimiento económico del diario Le Monde. En este mundo solo interesado en lo light y enemigo de todo lo ‘denso’, las revistas de cine están desapareciendo a pasos agigantados y la crítica seria de cine se está viendo relegada al gueto del internet”.

Pero, ¿es relevante una discusión sobre las revistas de cine? ¿Tiene alguna importancia Kinetoscopio? Jorge Ruffinelli (profesor de la Universidad de Stanford, California) está seguro al respecto: “Sí, es importante. Siendo una revista excelente y de las pocas dedicadas al cine en América Latina, en nuestra universidad se la colecciona, cuida y lee como si fuese oro puro: se encuadernan las colecciones por año, preservándolas porque se sabe que son de valor actual cultural y un material para la consulta de generaciones venideras. Es un pulmón de oxígeno en una actividad (la critica de cine) tan necesaria y a la vez tan escasa en Colombia como en cualquier otro país. Los usuarios de la revista son estudiantes y profesores. Hay cursos sobre cine en las Universidades y Kinetoscopio es permanente material de referencia. Es una de las mejores revistas dedicadas a ver, comentar y analizar cine, abierta al cine del mundo, no solo del colombiano, y abierta a los historiadores y críticos de cine la lengua española. Al mismo tiempo, las numerosas entrevistas con cineastas del mundo, publicadas allí, permiten completar un panorama cultural en torno al cine”.

En la misma dirección opina Luciano Castillo: “Kinestoscopio es una suerte de faro para los cinéfilos. Mientras revistas que tuvieron alguna importancia en su momento como Hablemos de Cine (Perú), Dicine (México), Encuadre (Venezuela) o Film (Argentina), desaparecieron abruptamente, o Cine Cubano (la más longeva de América Latina), fue durante un tiempo una revisa religiosa (salía cuando Dios quería), Kinetoscopio se convirtió en la única revista del continente con una salida ininterrumpida. En esto incidió, en primer término, ese ángel que tuvimos el privilegio de conocer sobre la Tierra y que respondía al nombre de Luis Alberto Álvarez, quien con el aliento del siempre imprescindible Paul Bardwell, supo dejar detrás de sí un sólido equipo de redacción y una estela de colaboradores disímiles, portadores de una gran pluralidad de voces, que prosiguieron su labor fundacional con el rigor que caracteriza esta publicación. En la Mediateca “André Bazin”, de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, donde atesoramos la única colección completa existente en Cuba, son esperados con impaciencia sus últimos números. Considero que la revista ha mantenido un nivel de calidad in crescendo, tanto en el diseño general, el balance de los textos por géneros periodísticos (¡esas excelentes entrevistas!) y países, como en los dossiers temáticos que se publican periódicamente y que tanto interés suscitan. Para mejorar la revista, recomendaría solamente que se compilara en un libro (como Cineaste hace unos años) una selección de las entrevistas publicadas en Kinetoscopio a lo largo de su historia, lo que sería un aporte valiosísimo a la bibliografía cinematográfica”. En opinión de Luis Ospina, Kinetoscopio ha sido referencia fundamental en la cultura cinematográfica colombiana: “Son más de 15 años de crear un público, que para sus fundadores Luis Alberto Álvarez y Paul Bardwell, es lo mismo que educar un público a ver y apreciar buen cine. No se trata de “conquistar” un público sino de crearlo. No se trata de rendirle pleitesía al “espectador medio”, embrutecido por el cine de consumo, la televisión y la cultura light, sino de cultivar otro tipo de espectador. Se trata, pues, es que crezca la élite. Ya lo dijo Luis Alberto Álvarez: “…independientemente de los sistemas de mercadeo y de las fórmulas siempre torpes con que se intenta dar en el clavo, hay que aceptar que un público con sensibilidades e intereses diferentes existe, y que existe, tal vez, cada vez más. Se trata de cultivarlo, de educarlo, de ofrecerle información adecuada. Es cierto que estos son intereses culturales y no económicos, pero estoy convencido de que es probable también crear una rentabilidad aceptable e incluso importante con este tipo de espectadores”.

¿Es importante una revista de crítica cinematográfica para un país y su cine? En los años en que el cine colombiano entregaba a las salas un solo largometraje, Kinetoscopio fue la única publicación que levantó una sección llamada “Cine colombiano”, una sección que parecía utópica, pero cuyas reflexiones contribuyeron a definir las acciones que están dando forma al audiovisual nacional. Con estos antecedentes, es inevitable que haya mucho de emocional en la polémica que se ha desatado alrededor del CCA y de Kinetoscopio; sin embargo, hay motivos no emocionales para que la revista continúe en su calidad y profundidad, e incluso en su dificultad para el público masivo: una revista de este tipo, como muchas de las más arriesgadas empresas culturales, nunca saldrán del interés de minorías cada vez más grandes. De otra parte, también hay razones para que la revista mejore su mercadeo y se transforme con un diseño apropiado en una publicación que reflexiona sobre las imágenes, y es importante que Kinetoscopio tenga espacios para los nacientes industriales del cine colombiano. ¿Es posible combinar una crítica independiente y de horizontes culturales ambiciosos, con espacios para una perspectiva industrial? La respuesta se ha empezado a dar con los últimos dossiers de la revista y solo puede encontrarse sobre la práctica, una práctica que debe provenir de un acuerdo entre quienes le dieron forma a la revista Kinetoscopio y a quienes ahora les ha tocado en suerte su dirección.

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