Clotilde Hesme interpreta a la protagonista del film.

Amor realista

‘El amor de Tony’, película en la lista del Festival de Cine Francés, cuenta la historia de una viuda recién salida de la cárcel que encuentra una pareja en las costas de Normandía, Francia.

2016/09/30

Por Santiago Serna Duque

Es curioso cómo la traducción del título de una película es para muchos críticos una apología al opresivo machismo. En francés: Angèle et Tony, en español: El amor de Tony (excluyendo el nombre de la mujer), en realidad: eso no importa. Debaten lo innecesario. El amor de Tony es en efecto una apología, pero a la figura femenina y su papel como amante y madre.

Angèle (Clotilde Hesme) esta acorralada contra la pared. Es penetrada por un asiático afanado, vehemente con las palabras y flojo en el sexo. El parqueadero que los rodea es gris, como el invierno normando, como la vida de la bella prostituta. Termina. Paga. Ella, callada, recibe la bolsa y se larga. Entra a un bar, pide un café.  Aparece en escena una madre con su niño. Angèle se le acerca, saca su recompensa, y le pregunta qué le parece. El chico responde: "está bien, bonito". Complacida guarda el Action Man. El muñeco es para su hijo.

La ópera prima de Alix Delaporte, como la literatura de Ferdinand von Schirach, destaca por lo que no dice, por lo que evade. Es un film de amor amparado en la simpleza del dialogo (esporádico), de la sobriedad del vestir, del trabajo manual pesquero, de los pensamientos aislados al montar bicicleta. Puro cine basado en personajes de actos pequeños, un ‘Dardennismo gris‘ que evita la enseñanza rebuscada, la moraleja. En cada toma está la belleza de las jornadas diarias.

En una costa francesa, de pescadores duros, el gordo Tony (Grégory Gadebois) es el patrón -parecido al capo de los Soprano-, solitario entre los suyos: una madre malhumorada y un hermano pendenciero. En esa Francia, alejada del glamour de París, Cannes o Niza, aparece Angèle dando un brusco giro en la vida del pescador. El romance de dos personajes marcados por el desamparo evoluciona lentamente. Angèle quiere follar de inmediato, él no. No por falta de deseo, por principios.

La directora asume su primera película con la virtud del realismo creíble, una escuela perfeccionada por los franceses. Pocos como ellos para estilizar las narraciones triviales. En la imperfección de la vida: la falta de dinero, la pereza de lavar la ropa, echarle mantequilla a un pan vemos un retrato de nosotros mismos. La obra evoca la crudeza del documental periodístico, que no permite la falsedad. El amor de Tony y la joven Angèle es ficción que huye de la aburrida perfección. Los bogotanos la pueden disfrutar en la decimoquinta edición del Festival de Cine Francés

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