Los actores Taraneh Alidoosti y Shahab Hosseini en una escena de la película.

‘El Cliente’: un tensionante drama doméstico

El séptimo largometraje del iraní Asghar Farhadi ha sido preseleccionada para los premios Óscar 2017. La obra, una mirada al efecto de la violencia sobre una pareja y a las dinámicas entre hombres y mujeres, ya se perfila como un fuerte candidato para el premio.

2017/01/06

Por Ana Gutiérrez

Un edificio se derrumba en medio de la noche. Las paredes se inclinan, los vidrios se rompen, los vecinos corren despavoridos. Así empieza El Cliente, el séptimo largometraje de Asghar Farhadi. El edificio no se cae del todo, pero es imposible seguir habitándolo. Es un presagio, y la causa indirecta, de la violencia que va a resquebrajar el matrimonio de Emad y Rana, quienes se ven obligados a buscar una nueva vivienda. La pareja de actores está en una producción local de la la célebre pieza de teatro de Arthur Miller, Muerte de un viajero, y otro actor del reparto les ofrece un apartamento, del que fue repentinamente desalojado por la inquilina anterior, por lo cual sus cosas siguen allí. Una noche, Rana es víctima de un ataque dentro de la nueva casa.

Desde ese momento, la vida cotidiana se llena de angustia y tensión, como en un thriller, a pesar de que la cotidianidad sigue siendo en su mayoría ordinaria. El baño es aterrorizante, el teatro ya no es un refugio. Las maneras en que Rana y Emad intentan lidiar con lo ocurrido, y decidir qué deben hacer ahora, tensan el ambiente. 

La película le valió el Premio al mejor guión a Farhadi en Cannes el año pasado, y ha sido preseleccionada para los Premios Óscar. Si gana, sería la segunda vez que el iraní recibe el galardón: su obra Una separación fue premiada en 2012 con el Óscar a mejor película extranjera. Farhadi se ha dedicado a dramas domésticos con personas ordinarias que acaban en situaciones terribles pero realistas. Emad y Rana se ven atrapados por una situación que no controlan, por la cual son juzgados, pero que podría ocurrirle a cualquier. La rabia, la impotencia, la venganza, la tristeza los invade y los separa. Los paralelos entre ellos y la obra que interpretan van siendo cada vez más claros, una comparación que le da poder al clímax del largometraje. Son personajes que se sienten reales, llenos de falencias y contradicciones. Sus actores, Shahab Hosseini como Emad y Taraneh Alidoosti como Rana, son excelentes. Rana es a la vez vulnerable y firme, Emad es compasivo e implacable. Es la historia de una relación, pero a la vez una exploración de los hombres y las mujeres en Irán. La dura mirada a las decisiones de las mujeres, y las maneras en que ellas se pueden apoyar o atacar, está siempre presente en el largometraje. Las decisiones de los hombres, la construcción de su masculinidad y su capacidad para agredir impulsa la trama.

Farhadi ha logrado un retrato complejo pero intensamente familiar de las realidades en las que vivimos y lo frágiles que pueden ser. Es una obra que merece los premios que han recibido, y quizás el Óscar también.

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