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La muerte del sueño americano

En el contexto de la enorme desigualdad que aqueja a Estados Unidos, donde menos del uno por ciento de la población tiene tanta riqueza como el 90 por ciento de abajo, el intelectual Noam Chomsky se puso en la tarea de explicar la disparidad económica del país más poderoso del mundo.

2016/05/12

Por Christopher Tibble

El nuevo documental de Noam Chomsky parece sacado de la campaña del precandidato demócrata a la presidencia estadounidense Bernie Sanders. Al igual que el senador de Vermont, el intelectual americano cree que la desigualdad económica de su país obedece a una serie de problemas que han puesto en entredicho la misma posibilidad de una democracia funcional: la excesiva relevancia del dinero en la política, la desregularización de las instituciones financieras, la manipulación de las campañas electorales.  

“En la Gran Depresión de los años treinta, que tengo edad para recordar, la mayoría de mi familia perdió su trabajo, la situación era grave, subjetivamente peor que hoy, pero había la esperanza de que las cosas iban a mejorar -dice Chomsky al comienzo del documental distribuido por Netflix-. Hoy esa esperanza no existe”.

Para Chomsky, el sueño americano ha muerto. O si no ha muerto, por lo menos se encuentra en un profundo letargo. El sueño, en su mayoría simbólico, también era real, y su piedra angular, la movilidad de clase: cualquier persona, se creía, podía por medio de sus propios méritos volverse rico, pertenecer a la clase media, comprar una casa, un carro, mandar a sus hijos a una buena universidad o colegio.

Hoy, en cambio, en Estados Unidos apenas una décima parte del uno por ciento controla casi toda la riqueza del país. Una situación que no solo es extremadamente injusta, dice el intelectual, sino que corroe las bases del sistema democrático y tiene efectos altamente negativos para la sociedad. En una democracia funcional, explica, la opinión pública influye en las políticas. Pero la excesiva concentración de riqueza lleva a la excesiva concentración del poder, que a su vez se usa para favorecer a los pocos de arriba. Un ciclo vicioso.  

Pero, ¿cómo se convirtió Estados Unidos en una sociedad así de desigual? Chomsky decide responder con un decálogo, titulado ‘Los diez principios de la acumulación de poder y riqueza’. Aquí un esbozo.

Uno: Reducir la democracia

Según el académico, durante toda la historia americana ha existido una pugna entre quienes presionan desde abajo por mejores condiciones y quienes, desde arriba, ejercen su poder para disminuir ese impulso. James Madison, el arquitecto de la Constitución americana, se aseguró de que el poder estuviera en las manos de pocos. ¿Cómo? Otorgando la mayoría del control a la rama legislativa, al senado, que en ese entonces no era elegido por el pueblo sino por el segmento de la población adinerado. Madison temía que si los pobres podían elegir a sus gobernantes, entonces estos les quitarían todo a los ricos. Y eso sería injusto.

En su Política, Aristóteles describió esa misma lucha. Su propuesta, sin embargo, fue la contraria. En vez de quitarle el poder a los muchos para proteger la opulencia de los pocos, los estados deben invertir en una especie de Estado de bienestar. Su lógica: la mejor manera de evitar una revolución es reduciendo la desigualdad. Y según Chomsky, entre la posibilidad de reducir la democracia o la inequidad, los gobernantes estadounidenses optaron desde el inicio por la primera opción. Para él, después de los avances democráticos de los años sesenta, cuando entraron en vigor los derechos civiles de las minorías y de las mujeres, esa mentalidad egoísta cobró dimensiones preocupantes. Y la reacción fue rotunda. 

Dos: Moldear la ideología

En los años setenta tanto la derecha como la izquierda buscaron la manera de reducir los avances democráticos de la década anterior. La derecha con el Powell Memorandum de 1971, en el que el abogado y futuro juez de la Corte Suprema Lewis Powell hizo un llamado a las corporaciones para que encontraran formas de reprimir los avances de los sesenta. De ese memorando nacieron poderosas instituciones como The Heritage Foundation, The Manhattan Institute, entre otras, que buscaban influenciar al público para rechazar el creciente poder del gobierno en sus vidas. Una filosofía que se implementó con todo rigor en la administración de Ronald Reagan, en la que se redujo de manera ostentosa los impuestos a la clase alta, pero no tanto al resto de la población.

La izquierda, por su lado, buscó algo similar con el primer informe importante de la Comisión Trilateral, titulado La crisis de la democracia. En él, se afirmaba que había “un exceso de democracia” y que se debía combatir a esos antes pasivos segmentos de la población que ahora estaban intentando entrar en la arena política. Sus arquitectos, que más adelante obtuvieron cargos importantes en la administración del demócrata Jimmy Carter a finales de los setenta, sentían que las universidades y los colegios habían fracasado a la hora de “adoctrinar a” la juventud.

Tres: Rediseñar la economía

En esa misma época, expone Chomsky, hubo dos cambios fundamentales en la economía estadounidense. El primero fue el impresionante crecimiento de las instituciones financieras. Si en los años cincuenta los bancos apenas cumplían un papel secundario en la economía, para 2007 ya eran responsables del 40 por ciento de las ganancias corporativas de todo el país. Ese proceso, que inició en los años setenta, es conocido como la financiación de la economía.

El segundo cambio instrumental fue la deslocalización de la producción. En otras palabras, el proceso mediante el cual los trabajadores americanos se vieron obligados a someterse a una competencia global, un hecho que llevó a la reducción de sus ingresos. Un obrero estadounidense por primera vez tuvo que competir con su homólogo chino, un país donde las condiciones laborales son peores y los empleadores se pueden dar el lujo de pagar menos. Así se acabaron la mayoría de los trabajos en las fábricas, y poco a poco se fue desvaneciendo esa industria, antaño el pilar de la economía estadounidense.

Cuatro: Desplazar la carga

Chomsky considera a los años cincuenta y sesenta la época dorada de Estados Unidos. Se trató de un periodo en el que hubo un continuo crecimiento en todos los rangos de la sociedad. Los ingresos de los más pobres subieron al mismo ritmo que el de los más adinerados. Un hecho que tenía que ver, para el académico, con el Estado de Bienestar que implemento el presidente Roosevelt durante los años de la Gran Depresión. Basándose en la red de seguridad social que creó FDR, en los cincuenta y sesenta un negro podía conseguir un buen trabajo, comprar una casa, tener un carro.

Para el intelectual, en los setenta EEUU empezó a convertirse en una plutonomía, un sistema económico que está significativamente influenciado por la clase alta. El  cambio se efectuó sobre todo con la creación de una nueva política tributaria: se rediseñó para que los de arriba pagaran menos y el grueso de la población pagara más. ¿Cómo? Subiendo los impuestos de salarios y consumo (que afectan a toda la población) y reduciendo los de dividendos (que principalmente afectan a los ricos).

El cambio entró en vigencia sobre todo durante la administración de Reagan, bajo el pretexto de que así se podía incrementar la inversión. Chomsky, sin embargo, no cree que haya evidencia que demuestre eso. “Si se quiere aumentar la inversión, pues que le den plata a los pobres, que van a consumir y así estimular la producción y generar más trabajos”, dice en el documental.

Cinco: Atacar la solidaridad

Según Chomsky, una de las máximas más peligrosas del sistema capitalista es la idea de que los individuos solo se deberían preocupar por ellos mismos. La simpatía, un rasgo inherente del hombre, se debe eliminar. Y algunos políticos de Estados Unidos han intentado hacer eso atacando a las principales instituciones de lo que queda del Estado de bienestar roosveliano.

A instituciones como la Seguridad Social, que está basada en el principio de la solidaridad: se paga impuestos para que la viuda que se encuentra al otro lado de pueblo pueda vivir con dignidad. O al sistema de educación pública, una de las joyas de la democracia estadounidense. Reagan, por ejemplo, eliminó la matrícula gratuita en las universidades de California cuando fue gobernador de ese estado y hoy la mayoría de los jóvenes que asisten a la universidad en Estados Unidos salen con deudas escandalosas. Algunas superan los 100.00 dólares.

Seis: Dirigir las instituciones reguladoras

En los setenta también inició la desregularización de las instituciones financieras, que desde entonces han producido una serie de crisis económicas. Cabe resaltar que, por ejemplo, entre el cincuenta y el setenta el mercado bursátil no entró en crisis ni una vez. Para Chomsky, el problema inició cuando las empresas sometidas a las regulaciones empezaron a escribir las mismas regulaciones. Un fenómeno que llama ‘regulatory capture’ y cuyo ejemplo perfecto se encuentra en la crisis de 2008. ¿Quiénes fueron los encargados de reestructurar la economía estadounidense después de la depresión, se pregunta Chomsky? Los mismos que la causaron.

Siete: Manipular las elecciones

Si bien el intelectual da por sentado que desde la fundación de Estados Unidos las elecciones presidenciales han sido influenciadas por grupos económicos e intereses privados, también considera que en 2009 la Corte Suprema de su país tomó una de las peores decisiones de su historia. La decisión conocida como ‘Citizens United’ concluye que el derecho de libertad de expresión de las corporaciones no puede limitarse, y que por ende estas pueden gastar lo que quieran financiando campañas electorales. 

El problema para Chomsky, sin embargo, va más allá y tiene que ver con el hecho de que durante todo el siglo XX Estados Unidos le fue otorgando de manera gradual derechos a las empresas, al punto que hoy gozan de más libertades que los mismos ciudadanos. Una situación que no hesita en llamar “una perversión de la moralidad elemental”.

Ocho: Mantener a la plebe bajo control

Otro factor clave para explicar la desigualdad que hoy asola a Estados Unidos es la destrucción casi sistemática de los sindicatos que ocurrió bajo la presidencia de Reagan. El mandatario, según Chomsky, dio libertad total a las empresas para que trataran a las organizaciones laborales como instrumentos ilegales. Las secuelas de esa mentalidad persisten en el siglo XXI: hoy en día solo el 7 por ciento de los trabajadores del sector privado están afiliados a un sindicato, "la gran barrera contra la tiranía corporativa".

Nueve: Fabricar consentimiento

¿Cómo hacer para que la gente no se de cuenta de que vive en una situación desfavorable? Para Chomsky, uno de los instrumentos más fantásticos que se ha inventado el gobierno de Estados Unidos para controlar a la población es la publicidad. Con ella, desde comienzos del siglo XX las clases altas han podido controlar las actitudes y las creencias de las personas, fabricando y direccionando el deseo de la población.

“El ideal es lo que se ve hoy: niñas adolescentes que en su tiempo libre se van al centro comercial y no a la librería. La idea es controlar a la sociedad y convertirla en un sistema binario: uno y el televisor o uno y el internet, en el que la presona puede estar constantemente conectado al ideal de lo que se debería tener, y así entonces pasa el tiempo buscando cosas que ni va a utilizar -dice el académico, antes de agregar-: Si la idea es que los mercados están basados en consumidores informados tomando decisiones racionales, lo que la publicidad hace es fabricar consumidores desinformados que toman decisiones irracionales”.

Diez: Marginar a la población

En la última parte del documental, Chomsky parece hacerle un guiño al fenómeno de Donald Trump. Dice, con algo de tristeza, que la frustración de la población con la situación económica del país ha fomentado el odio hacia las instituciones públicas. Y que si bien ahora algunos quieren cambios -un hecho positivo- las movilizaciones populares como la de Trump tienen un componente autodestructivo, una rabia desenfocada que puede terminar desembocada sobre las poblaciones más vulnerables de la sociedad.

Según Chomsky, la solución, para el décimo punto pero también para el resto, es que exista una mayor participación de la población en las decisiones políticas. Y que así la situación vire hacía la reducción de la desigualdad, y no hacía la reducción de la democracia.

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