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El espíritu de nuestro tiempo

Hace menos de un año circula en internet un controvertido documental anónimo. Cristianismo, 11 de septiembre y la Reserva Federal son los puntos álgidos de su trama conspirativa. El próximo 15 de marzo será el día Z: se lanzará la segunda parte del documental. ¿Cuál es el misterio?

2010/03/15

Por Rodrigo Restrepo

La palabra Zeitgeist proviene el alemán y significa “el espíritu (Geist) del tiempo (Zeit)”. El origen del concepto, sin embargo, se remonta a los romanos y a su idea de un genius (genio o espíritu guardián) seculi (del siglo). Para ellos, no solo las épocas, sino también las personas, estaban a cargo entidades conocidas como ‘genios’ que cuidaban de ellas y determinaban su carácter. Descartes se preguntó si este mundo no habría sido creado por un Genio maligno, una especie de Dios macabro o Inteligencia malvada que nos obliga a engañarnos sistemáticamente y nos mantiene presos en una ilusión.

Zeitgeist es también un contagioso y controvertido documental que desde junio del año pasado circula en Internet, con subtítulos en todos los idiomas, a través del portal Google Video (Ver Google: Zeitgeist). No ha tenido publicidad en los medios masivos de comunicación y su divulgación se ha dado boca a boca. Pero su impacto ha sido tal que, según publicó el site, ha sido vista más de cinco millones de veces, con más de 40.000 clics al día. Todo un hit en la era del video en línea, teniendo en cuenta que en su totalidad dura casi dos horas. La película no tiene créditos, y el único nombre que aparece ligado a ella es el de un tal Peter Joseph, un misterioso cineasta del cual no circula ninguna referencia en la red.

El filme está dividido en tres partes, que pueden ser descargadas por separado. La historia más grande jamás contada, la primera de ellas, se centra en las coincidencias entre la vida de Jesús y la de importantes dioses antiguos como el egipcio Horus y el hindú Krishna, entre otros. Y en especial, se enfoca en la sorprendente relación de sus vidas con las observaciones astronómicas de las civilizaciones antiguas sobre los movimientos del Sol. La conclusión es escueta y, para muchos, herética: “La religión cristiana es una parodia de la adoración al Sol, en la cual pusieron a un hombre llamado Cristo en el lugar del Sol, y lo adoran como originariamente adoraron al Sol”, según una cita del librepensador estadounidense Thomas Paine. Jesús no habría sido más que la deidad solar de alguna secta cristina gnóstica, que el sistema político romano aprovechó como figura mítica para salvaguardar el control social –y mental– de la población.

La segunda parte, Todo el mundo es un escenario, es la que constituye el plato fuerte del documental. El creador del filme se arma aquí de cuanta teoría se ha escrito para argumentar que la versión que conocemos sobre el 9-11 es el mito más grande y eficaz de la historia contemporánea. El gobierno de los Estados Unidos no solo estaba advertido de los ataques, sino que el sistema de seguridad aérea fue confundido a propósito desde el sótano de la Casa Blanca. Los edificios del complejo del WTC se derrumbaron según el modelo exacto de la demolición controlada, y no por el derretimiento de sus estructuras, como nos lo han hecho creer todos estos años. Además, seis de los supuestos kamikazes árabes aún estarían vivos y, desde luego, nunca hubo un avión en el Pentágono. El gobierno Bush no ha hecho otra cosa que encubrir la verdad, con la silenciosa complicidad de los medios masivos de comunicación. El 9-11 fue diseñado desde adentro del gobierno yanqui, con el único propósito de justificar la guerra en Irak, recortar las libertades civiles y generar más dinero para la gente en el poder. Fue solo el inicio de la segunda fase de un plan de expansión imperial. Y aquí es cuando el espectador más escéptico empieza a sentir que detrás de todo esto hay una suerte de maquinación diabólica.

Todo lo cual nos lleva a la tercera parte, la estocada final: No prestes atención a los hombres detrás de la cortina. En ella se demuestra, paso a paso, que una conspiración mundial tiene lugar desde los inicios del siglo XX. Los conspiradores no son otros que los grandes banqueros internacionales. Su estrategia: generar cada cierto número de años grandes crisis monetarias o, en su lugar, guerras mundiales, con el fin de sacar provecho económico del estado de miedo generalizado. Se trataría de un poder económico global, una especie de meta-estado cuyo objetivo es crear las condiciones para el surgimiento de un gobierno mundial. Todo el sistema monetario desarrollado durante el siglo pasado, y la forma misma como funciona la moneda – fabricada por bancos centrales sin control estatal y sin un equivalente real en el patrón oro–, sería una gran maquinación para usurpar la riqueza de las naciones y esclavizar a los individuos en el sistema.

Y eso no es todo: a mediados de este mismo año entrará en circulación la Real ID, una cédula de ciudadanía que portarán los ciudadanos norteamericanos, y que viene equipada con un código de barras con la información personal de cada individuo. Ese, sin embargo, solo sería el paso intermediario antes de que la Real ID venga equipada con un chip RFID (Identificación por radiofrecuencia) que tendrá la capacidad de rastrear y monitorear todos los movimientos y transacciones de una persona sobre el planeta. El paso final sería la implantación de dichos chips en el cuerpo de cada persona, en el marco de una economía mundial centralizada. Lo realmente sorprendente de este plan macabro es que todas estas medidas orwellianas no serán impuestas a la fuerza: la gente misma las demandará ansiosamente, presa de la manipulación psicológica de un sistema social cuya base es el miedo.

Desde luego, Zeitgeist ha recibido una buena tanda de críticas. Se dice que descansa en evidencia anecdótica y que abusa de videos, citas y lecturas sin fecha ni fuente de referencia o número de página. Se le reprocha que su guión está plagado de dichos ingeniosos y un aire asertivo y convincente para pescar a los incautos. Además, en la página web del filme, en un link bajo el título de ‘Activism’, aparecen cartas de apoyo y videos del candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos Ron Paul. Según Jay Kinney, autor de varios libros sobre las tradiciones esotéricas y ocultas de occidente y ex editor del Gnosis Magazine, no es muy claro cómo es que todas estas conspiraciones encajan. “¿Acaso aquellos que manipulan la cristiandad con propósitos de control son cómplices de los banqueros, y estaban los banqueros en el 9-11? Zeitgeist pasa de largo estas cuestiones lógicas con el uso del ambiguo término ‘la élite’, un oscuro grupo de hombres ricos y poderosos que no quieren más que esclavizar a la humanidad”.

Es verdad que para los aficionados a las teorías de la conspiración (ver Wikipedia: Teoría conspirativa), Zeitgeist propone pocas cosas nuevas. La idea de Jesús como una recapitulación del culto solar ya flotaba en algún círculo intelectual del siglo XVIII. Las hipótesis de una conspiración judeo-masónico-comunista-internacional; o de un plan macabro de las familias DuPont, Rothschild y Rockefeller en el sistema financiero mundial; o de la existencia de la Orden Secreta de los Illuminati –una secta de iniciados cuyo propósito es erradicar las religiones y los gobiernos del mundo y unirlos en Un Nuevo Orden Mundial, un supraestado anarco-comunista global–, no son una novedad para los conspiranoicos crónicos. Incluso la idea del 9-11 como un autoatentado del gobierno Bush para lanzar la guerra contra el terrorismo fue una muy bien acogida idea en este gremio.

¿Por qué, entonces, parece que Zeitgeist nos atrapa como un imán, y no nos suelta hasta que de alguna manera aceptemos que algo hay de cierto en toda esta locura conspirativa? Quizá se deba a la factura misma del filme: una poderosa y rápida dosis de escenas precisas, efectivas y, desde luego, efectistas, que apela constantemente al misterio, a lo oculto, a la historia detrás de la historia, a la verdad detrás de las apariencias. Una edición impecable. Una narración irónica y seductora.

Tal vez Zeitgeist sea algo más que un ingenioso compendio de teorías de la conspiración. Quizás, en el fondo, nos de algunas claves para comprender el verdadero ‘espíritu’ de nuestro tiempo: un mundo a la defensiva, amenazado por el terrorismo mediático, plagado de estrategias políticas, de estrategias militares, de estrategias publicitarias y de estrategias de mercadeo. Quizás ese espíritu de nuestro tiempo no sea más que un pequeño genio maligno y paranoico, insertado como un chip en la parte demente que todos llevamos dentro.

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