Fotograma de la película.

Tim Burton, el repetido

‘El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares’, se estrena el 29 de septiembre, basado en la novela homónima del escritor Ransom Riggs. Esta obra, como tantas de Burton, sufre una latente regresión en su cine: antes potente, ahora perezoso.

2016/09/28

Por Santiago Serna Duque

Tras ver El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares es claro que no regresará el Tim Burton que dirigió fantasías insidiosas como Ed Wood El hombre manos de tijeras. En Miss Peregrine graba lugares perfectamente idealizados en la estética vacia: colores pasteles, colinas prolijas, cascadas de aguas, niño bullosos y saltarines. Lo único peculiar en esta película, es su semejanza con blockbusters que juegan con el tiempo como Memento o Inception, pero agregándoles características mutantes a niños que parecen haberse traslado de la escuela del profesor X a un orfanato extraviado en una isla galesa.  

Jake, protagonista de la trama, es un niño solitario que ha pasado su días escuchando las fábulas de su abuelo (Terence Stamp) a quien adora profundamente. Seducido por la fantasía de sus relatos decide regresar a la isla donde originaron. Toda esta travesía lo transporta a una realidad alterada en el tiempo, donde el joven es otro prodigio más en el orfanato de la señorita Peregrine. Pero a diferencia de todos, un argumento recurrente en Hollywood, es el salvador.  

A esos niveles y con esos presupuestos, de qué sirve decir que sus trabajos son perfectos en lo técnico: es una obviedad, sus películas son impecables. Burton se toma el tiempo para profundizar en los detalles de sus personajes y lo que los rodea. Como Jim Jarmusch o Bergman no apura la trama, la alarga cuanto sea necesario para satisfacer su necesidad quisquillosa. Eso es notable en un cine cada vez más apurado y precoz.

Pero el director supo quemar la píldora, y se escondió en un mundo cinematográfico que sabe de los abusos: sus últimos personajes son hiperbólicos, chocantes en el lenguaje y tan excesivamente maquillados como las esposas italianas de Scorsese. Eso es el nuevo cine del director, un remedo de genialidad perdido entre los polvos, cuya máxima obra es haber creado y marchitado, como un padre melifluo a Johnny Depp. El versátil artista entendió, alentado por el maestro, que ser un gran actor es adoptar la figura demencial de un obseso y brincar, por cualquier set, jaloneando muchachos, ya sea en el país de las maravillas o en una fábrica de chocolatinas.

Disminuidos los párrafos, disminuidos los oprobios. Aunque hay que decir que Miss Peregrine es la continuación de argumentos gastados en pasadas entregas del director, secuelas donde el eje fundamental, como siempre, es la imaginación de los niños. ¿No se puede reinventar?, tal parece que no y aquí va otra de las mismas.

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