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El nuevo rey de la comedia

Productor y director de éxitos como Ligeramente embarazada, este hombre le ha cambiado el rumbo a un género que parecía soso y encasillado. Ahora todas las comedias made in USA tienen su sello. ¿Quién es?

2010/03/15

Por Manuel Kalmanovitz G.

Hay cosas inesperadas en las películas de Judd Apatow: marihuaneros tranquilos que terminan masacrando pandillas criminales; presentadoras de televisión embarazadas por perdedores que no han ni comenzado a madurar; un cuarentón virgen que no sabe bien cómo dejar de serlo.

Pero tienen algo más que también es raro: todo está rodeado de una dulzura ligera y no empalagosa, como si a todos los iluminara en cierto momento el sol bonito del atardecer. Se siente uno viendo las vidas de gente buena. Son puras comedias de lo que antes llamaban los buena papa. O, más antes aún, almas de Dios.

Y ahí hay algo inesperado, porque en los noventa las comedias de Hollywood eran sobre gente más bien repulsiva. Neuróticos que no se aguantan a los demás, a los que nadie soporta y a quienes les pasan cosas horribles y humillantes de las que nos reímos en parte porque le están sucediendo a una gente tan contenida, tan estreñida, tan a punto de reventar. Mejor dicho, Ben Stiller.

La remoción de las placas tectónicas de la comedia estadounidense no está en lo que se cuenta, pues la comedia del cuarentañero virgen bien podría ser una exhibición de neurosis humillante, en vez de ser, como lo es, una meditación sobre lo complicado que puede ser relacionarse con los semejantes. El cambio está en el tono. En la escuela Apatow los personajes, por más extraños que sean, tienen algo atractivo, algo simple y casero. De nuevo, parecen buena gente.

O, para ponerlo en otros términos, es el paso de la comedia ansiosa a la comedia relajada. Otro universo, con otros códigos y otra sensibilidad. La división no es nueva, son dos modos que han coexistido desde hace tiempo. Pero la última década sí perteneció, sin duda, a la primera clase.

Resulta inesperado que haya sido Apatow el encargado de empujar ese cambio profundo, porque Apatow, nacido en 1967, se crió dentro del sistema. Se interesó en la comedia en vivo desde que era un niño cuando descubrió a los hermanos Marx. “Me enloquecieron —dijo a Rolling Stone—. Creo que en cierto nivel, me atraía la gente que mandaba al carajo las figuras de autoridad”.

Su amor por la comedia no era etéreo y romántico, quería saber cómo funcionaba ese mundo en la práctica. En la emisora radial de su escuela secundaria, en una zona afluente de Long Island, muy cerca de la ciudad de Nueva York, tenía un programa en el que entrevistaba a comediantes desconocidos en ese entonces (entre ellos Jay Leno y Jerry Seinfeld) sobre el oficio.

Estudió un año en la usc, en Los Ángeles, y se salió para entrar de lleno al circuito de los clubes de comedia. Duró en esas siete años, hasta que se dio cuenta de que “no tenía la suficiente rabia para ser verdaderamente bueno”, diría luego. Rabia o falta de carisma, puede ser también porque viene del mismo universo de donde salieron Jim Carrey y Adam Sandler (de quien produjo No te metas con el Zohan, el año pasado).

Empezó a escribir. Primero cosas para los segmentos de otros comediantes. Luego para la televisión, capítulos del Gary Shandling Show y segmentos del Show de Ben Stiller. Y su carrera siguió en ascenso. En 1999 fue el productor ejecutivo y escritor de una serie legendaria que apenas duró una temporada: Freaks and Geeks. Ahí ya se veían los personajes fallidos pero entrañables, el tradicional aprecio por los perdedores de Hollywood renovado para la siguiente generación.

Luego dio el paso al cine. Primero inciertamente, produciendo o escribiendo tres películas en los noventa, incluida The Cable Guy, y luego con más regularidad a partir de 2004.

La vida de Apatow ha sido un proceso aditivo. De conocer gente con la que luego sigue trabajando. Seth Green, por ejemplo. Fue actor secundario en Freaks and Geeks y en Undeclared, otra serie de Apatow que apenas duró una temporada. Y a partir de ahí, Green ha estado en Virgen a los 40, protagonizó Ligeramente embarazada y Pineapple Express (una película de acción de marihuaneros dirigida por David Gordon Green) y participa con papeles secundarios o como escritor en muchas de las películas que ha producido.

Porque hay otra particularidad: Apatow no es tan prolífico como director (su tercera película, Funny People, se estrenará este año en el verano estadounidense), sino como productor (ha hecho 13 entre 2004 y 2008). Por eso su estilo ha calado tan hondo. Por eso su importancia. Por eso la revista Variety, el órgano oficial del establecimiento hollywoodense, lo llamó el “nuevo rey de la comedia” en 2007.

A todo nivel, es un mundo particular el que se ha construido Apatow. Grosero pero dulce, de inmaduros conscientes de su inmadurez. A otro nivel, sus películas también son especialmente fluidas por un método de trabajo bien particular. “Por lo general, cuando se hace una película se hace una lectura del guión cuatro días antes de empezar el rodaje. Yo la hago ocho meses antes”, dijo el año pasado. “Trato de escoger a los actores lo antes posible, para poder escribir para ellos. Hablo con ellos mientras escribo, les pido sus opiniones y les pregunto sobre sus vidas. Luego ensayamos antes del rodaje y ahí se improvisa”.

Es un rey joven, este Judd Apatow. Joven y vivo. Habrá que ver cuánto le dura su reinado.

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