Alec Baldwin, Diane Lane y Arnaud Viard en 'París puede esperar'.

‘París puede esperar’: un viaje ameno

La película, escrita y dirigida por Eleanor Coppola, esposa de Francis Ford Coppola, es una ‘road-movie’ placentera pero con poca sustancia.

2017/06/22

Por Ana Gutiérrez

Una mujer mayor, casada con un poderoso ejecutivo de Hollywood, se encuentra en una encrucijada. Su hija ya es adulta, no tiene un empleo propio y su esposo la opaca. Pero una infección de oídos en Cannes lleva a un sinuoso viaje por la campiña francesa con el socio francés de su esposo, un bon vivant. Lo que debía ser un recorrido de siete horas a París se demora más de 40 mientras descubren la mejor comida y vino del país, convirtiéndose en un viaje tanto exterior como interior.

Esa historia describe tanto París puede esperar, película escrita y dirigida por Eleanor Coppola, esposa de Francis Ford Coppola, como la experiencia real de la cineasta. La representa la magistral Diane Lane, que con cada gesto comunica tanto la satisfacción y la melancolía de su personaje: tiene una hija maravillosa y un buen matrimonio, pero carga varias penas que va revelando a lo largo de la película. La acompaña Arnaud Viard como  Jacques, quien resulta ser más complejo de lo que parece. Alec Baldwin tiene un pequeño pero notable papel como el esposo del personaje central. Es una suerte de road-movie agradable y amena, dedicada al arte, la historia, la gastronomía. También a los placeres y molestias que surgen de pasar tanto tiempo con una misma persona.

Coppola, autora de dos libros de no ficción -Notes: The Making of Apocalypse Now (1979) y Notes on a Life (2008)-, tardó seis años en escribir la película. Además ha hecho casi una docena de documentales. Pero París puede esperar es su primera obra de ficción, y se nota en el estilo, que tiene más matices de cine documental que de toques dramáticos. Aunque es una experiencia placentera, no es ni extraordinaria ni memorable. La historia es fácil de predecir, y luego, de olvidar. Las revelaciones de los personajes no cuentan con suficientes fundamentos como para tener el impacto emocional necesario. El trabajo visual es suntuoso, pero no es suficiente para sustituir lo que le falta de trama.

El viaje de Coppola le cambió la vida, a ella y a sus protagonistas. Pero para el resto es apenas un rato agradable, como oír la anécdota trivial de una amiga. 

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.