Foto: Niko Tavernise

“El cine se reduce a contar buenas historias”

Darren Aronofsky, el gran invitado del Ficci, y uno de los mejores directores del momento, habló con Arcadia sobre sus películas y el panorama del cine actual.

2015/03/13

Por José Ángel Báez y Christopher Tibble

Tiene 46 años, ganó el León de oro en el Festival de Venecia con El luchador (2008), ha sido nominado al Óscar y se llevó el galardón a Mejor director en Sundance con Pi, su primera cinta, en 1998. Sin embargo, en el mundo se hizo conocer por Requiem por un sueño, la inquietante historia de un grupo de drogadictos. Sin duda se trata del gran invitado de honor en esta edición del Festival Internacional de Cine de Cartagena.


Usted es muy conocido por sus películas independientes. ¿En qué estado se encuentra ese cine hoy en día?

Creo que está pasando por un momento de muchas preguntas. Se está preguntando a sí mismo qué es y como puede llegar a ser distribuido. Pero creo que aún es una industria saludable. Todavía se pueden hacer muchas películas pues hay muchas maneras y formatos para contar historias. 


Hay toda una generación vieja que se está alejando del cine, como David Lynch y Béla Tarr, en parte porque no están de acuerdo con como se está consumiendo el cine hoy. ¿Qué opina al respecto?

Es verdad que el cine está cambiando mucho. Para mí, de todas formas, el cine se reduce a contar buenas historias. Eso es el arte del cine. No importa si son 6 segundos o 90 horas, se trata de contar una historia bien. Yo siempre me he visto como un narrador de historias y si no sería un director de cine me las arreglaría para encontrar otras formas de contar historias. Es un gran arte y ha sido así desde que se creó.


La crítica lo relaciona con el cine de David Lynch, Roman Polanski y Alejandro Jodorowski. ¿Qué ha aprendido de cada uno de ellos?

De todo. Lynch me enseñó sobre la atmosfera, Polanski sobre la subjetividad y Jodorowski sobre las ideas.


¿Cuáles son las condiciones esenciales que usted busca para escoger sus proyectos?

Es difícil de decir. Es un sentimiento que uno lleva por dentro y que no se ni de dónde ni cómo empieza. Solo surge de adentro de uno y florece. Cuando eso pasa uno simplemente se ve obligado a mirarlo de frente. Es imposible identificarlo: es lo innombrable.




Dos de sus películas, Pi y Cisne negro, se pueden considerar thrillers. ¿Qué se necesita para realizar un buen thriller?

Es muy sencillo. En la base de todos los buenos thrillers hay un esqueleto y una estructura muy sólida. Con esa estructura se puede jugar y luego hacer cosas extrañas con la cámara pero en la base se necesita un esqueleto muy bueno que lo soporte todo.


En Réquiem por un sueño hay muchas escenas explícitas e impactantes. ¿Por qué decidió hacer una película tan confrontadora?

La película está basada en una novela homónima de Hubert Selby Jr. Cuando la leí me hizo sentir una cosa tan profunda, y me sentí tan conectado a tantas cosas, que me interesó explorar la forma de convertir esas emociones en un medio visual.


Con El luchador y Cisne negro usted juega con la dualidad entre el arte popular y el arte clásico. ¿Por qué decidió hacer eso?

Mi interés por la lucha libre se remonta a mi infancia. Cuando tenía 13 o 14 años me llamaba mucho la atención y me di cuenta de que nadie jamás había hecho una película basada en ese mundo. Y sabía que tenía que haber algo interesante pasando ahí, alguna verdad secreta. Entonces pasé mucho tiempo pensando en eso y cuando empecé a investigar me di cuenta de que era un mundo muy complejo.

También me llamaba mucho la atención el mundo del ballet. Y lentamente me empecé a dar cuenta de que había muchas conexiones entre ambos mundos. Fue por eso que filmé Cisne negro después de hacer El luchador. Tenía otros proyectos en mente pero de alguna forma sentí que el paso lógico era conectar las dos.


Su película La fuente es quizá su obra más polémica. No solo dividió a la crítica, sino también al público. ¿Por qué pasó eso?

Creo que cualquier intento de hacer una película sobre la muerte en el mundo occidental tiende a ser muy complicado porque hacemos todo lo posible por ignorarla. Y, sin embargo, la muerte es una de las partes más hermosas de la vida. El problema es que a la gente le da temor celebrarla.




Usted se ha descrito a sí mismo como un ateo pero al mismo tiempo conceptos como la religión, Dios y lo espiritual son recurrentes en su obra. ¿Por qué?

Nuestros mitos nos pertenecen a todos. Los mitos de los indígenas en América Latina, los mitos de los judíos, los de los cristianos, los de Asia. No pertenecen a las religiones sino a la humanidad. Es nuestra cultura universal y son historias que la gente lleva contando durante miles de años para intentar entender el universo. Y en su base se encuentra ese algo que nos hace humanos.

 
¿A qué se refiere?

Cuando usted escucha la historia de Ícaro, nadie piensa que un hombre se puso alas de cera y voló demasiado cerca del sol. Sin embargo, todos entendemos la parábola de la historia: es sobre la arrogancia. Estas historias adquieren poder cuando las reconocemos como universales. Uno las puede mirar para así aprender de nuestras propias vidas.


¿Fue eso lo que usted hizo con su más reciente película, Noé?

Cuando leí la historia de Noé me dije: ese fue realmente el primer apocalipsis ambiental de la historia. Eso es lo que sale en la Biblia. A un hombre le dicen que salve a todos los animales. Dios no le dice que salve humanos, sino animales. Así que en el fondo creo que se trata de un mensaje sobre el medio ambiente   pero escrito hace miles de años. Y el mensaje todavía es relevante hoy, por ejemplo, aprendí que Colombia ha perdido 80 por ciento de sus corales. No hay un lugar en la tierra que no haya sido contaminado por los hombres. Entonces creo que es importante volver a las historias ancestrales para aprender y mejorar nuestras vidas. Hay mucho poder en los mitos.


¿Nos puede decir algo sobre su nuevo proyecto?

No. Estoy trabajando en muchas cosas pero también estoy haciendo una nueva película. Eso es lo único que puedo decir.

¿Cómo la ha pasado en Festival de Cartagena?

Ha estado increíble. Colombia es un país increíblemente hermoso. Me da pena admitir que no sé mucho sobre el país, porque a la mayoría de los lugares a los que voy los conozco muy bien. Estoy aprendiendo.


¿Qué opina sobre el cine latinoamericano?

Creo que es un momento muy emocionante para el cine latinoamericano. En el más reciente Festival de Berlín, donde fui presidente del jurado, le dimos el Oso de plata al chileno Pablo Larrain por El Club, una película excelente. También conozco muy bien el cine mexicano y el brasilero, a directores como Walter Salles. Siento que están pasando muchas cosas y es un buen momento para el arte y para el cine. De alguna forma, es mucho más interesante que lo que está pasando en Europa.


¿Qué conoce de cine colombiano?

No se mucho pero en este viaje he conocido a varios de los directores, quienes ya me han recomendado varias películas. Ya tengo una lista bastante larga para cuando regrese a los Estados Unidos.

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