Sara Montoya protagoniza la ópera prima de Juan Paulo Laserna

El problema de las malas lenguas

La ópera prima de Juan Paulo Laserna es una lectura valiente de la clase alta colombiana. Una lectura, además, pertinente, y que solo flaquea en su estructura.

2016/05/05

Por Laura Martínez Duque

Las malas lenguas es una película que aborda los prejuicios y las presiones que operan en el contexto particular de la clase alta bogotana. Particularmente, esos que recaen sobre la mujer y que tienen que ver con su autonomía para tomar decisiones sobre los papeles que quiere y puede asumir.

La protagonista, Manuela, es la hija única de una pareja rica que vive en Bogotá y su vida transcurre entre las clases de la universidad, tardes y noches de trago con sus amigas, y la relación larga que sostiene con un hombre a quien apenas soporta y con quien tiene un sexo triste e inapetente. Lo único que la saca de esa abulia es el tiempo compartido con su mejor amiga de quien está enamorada y el momento en que descubre su embarazo.

A partir de ese momento, su vida, sus prioridades y su deseo entran en crisis. Manuela debe decidir quién es y qué quiere hacer con su vida, pero las decisiones de otros, de su novio, de sus padres y del entorno, parecen entrometerse en su camino. 

Juan Paulo Laserna toca temas como el aborto, la maternidad, el deseo homosexual y los prejuicios que recaen sobre las personas que desean a otras de su mismo sexo. También expone lo clasista, mojigata e hipócrita de la cultura de ciertas esferas colombianas. Además, aprovecha para colar algo de crítica política con referencias puntuales al proceso de paz y a la última alcaldía de Bogotá.

Laserna se detiene en la figura de las empleadas domésticas, que encarnan la cultura de servilismo y vasallaje que impera en Colombia. La mujer que trabaja para la clase alta, que además de limpiar y atender al llamado del patrón, que debe saber cuándo aparecer y cuándo volver a la cocina, también debe suplir la carencia afectiva de los niños a su cuidado, y establece el único vinculo real que la mayoría de estos jóvenes de padres ausentes conoce. 

En conclusión, Laserna procura hacer una denuncia sensible sobre varios temas, algunos que al final subrevuela y otros en los que insiste más. Resuelve a fondo el tema del lugar de la mujer que al no saber defender su autonomía, termina condenada a una vida de desdicha y en ese sentido es una película valiente.

Sin embargo, la forma es quizás su debilidad. Esta película es su trabajo final de grado y algo de eso se nota en una estética que todavía se encuentra en etapa de exploración. La cámara, la fotografía y el montaje están al servicio de contar una historia y aunque por momentos se asoman algunas propuestas, algo se diluye en el todo.

Vale anotar que después de la Primera Guerra Mundial cada una de las escuelas de cine europeo comenzaron a explorar su forma y lo hicieron a fondo. Los alemanes pensaron en la luz, en la composición interna del plano para elaborar las pulsiones de vida y muerte. Los franceses se obsesionaron con el movimiento; la cámara podía hacer visible lo invisible y descubrieron que, explotando la duración y la velocidad, era posible encontrar una forma poética. Los rusos entendieron que el cine podía hacer posible la revolución y era el gran vehículo para transmitir un mensaje, construir una dialéctica y estudiar la potencia del montaje.

Puede ser que estos tiempos de convulsión informativa, de flujo incesante de imágenes y de infinitas ventanas abiertas ejerzan cierta influencia sobre las narrativas de algunos nuevos realizadores; la multiplicidad de temas, de formas, la posilibidad de saltar de una cosa a la otra, de introducir citas, referencias y homenajes. Y a veces el intento de proyectar eso, de asumir varios frentes, termina disminuyendo el mensaje o la calidad de una película. 

Las transformaciones tecnológicas traen cambios que impactan el arte. Cuando apareció la cámara de 16 mm, el cine se liberó y los realizadores pudieron salir a filmar el mundo lejos de los estudios de grabación. Nacieron otras construcciones: el Neorrealismo Italiano, la Nouvelle Vague y el Nuevo Cine Alemán, por citar solo algunos. Estos autores encontraron su estética no por salir a filmar, sino por pensar qué querían decir en cada plano, cada recorte y sobre todo, porque empezaron a pensar su lugar en el mundo.  

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