Monika Wagenberg, directora del Festival Internacional de Cine de Cartagena.

Festival con cabeza

El certamen de cine más antiguo de Latinoamérica renace, a los 51 años, sin aspavientos ni declaraciones triunfalistas. La llegada de la experta Mónika Wagenberg a la organización es la primera de una serie de inesperadas señales de vida.

2010/02/28

Por Manuel Kalmanovitz

El Festival de Cine de Cartagena (FICCI) llega, cargado de premieres, a su edición número 51. Pero quizás su estreno más importante sea el de su nueva directora: la colombiana Mónika Wagenberg, maestra en cine de NYU, organizadora de festivales tan prestigiosos como el de Miami o el latino de Nueva York, y quien se encargará de marcar el nuevo rumbo del certamen de cine más antiguo de América Latina.

 

El año pasado usted ya se había encargado, con el crítico Orlando Mora, de la programación. ¿En qué cambia ser ahora la directora del Festival?

 

El cambio es enorme, porque aparte de la programación, en la cual sigo muy involucrada, también participo en todos los aspectos del Festival: quiénes van a ser los jurados e invitados, la imagen y prioridades del Festival, el estilo y contenido de las publicaciones, los mecanismos de difusión, el manejo de la logística y, tal vez lo más importante, cuál será el equipo que permita que el evento se lleve a cabo.

 

Durante los setenta, el Festival de Cartagena logró convertirse en un evento de resonancia mundial, con grandes estrellas invitadas y estrenos mundiales. ¿Ve posible que el Festival retome esa estatura?

Cuando el Festival se fundó había muy pocos en ese momento y la competencia por atraer estos estrenos y estrellas era menor. Hoy en día hay festivales en cada ciudad del mundo, por pequeña o remota que sea. Tener estrellas es siempre algo positivo, pues llama la atención de los medios y el público en general. Tener estrenos mundiales, si son de buenas películas, también, pues llama la atención de distribuidores, agentes de ventas y periodistas. Pero no son, ni deben ser, la prioridad. La prioridad debe ser la calidad de las películas. Lo que queremos con el Festival es que se vea lo mejor del cine mundial en las mejores condiciones posibles. El esfuerzo por atraer a las estrellas, personalidades y premieres mundiales se está haciendo (con buenos resultados este año), pero no debe ser el objetivo primordial.

 

Hubo un tiempo en el que ciertas muestras del Festival servían como una plataforma para que las distribuidoras colombianas preestrenaran las películas que tenían en sus bodegas. El resultado era una programación más bien incoherente pero útil tanto para las distribuidoras (que promocionaban sus próximos estrenos) como para el Festival (que recibía películas llamativas). ¿Qué relación cree que debería tener el Festival con las distribuidoras nacionales?

Las crecientes dificultades para la distribución tradicional de cine en salas (altos precios de mercadeo y publicidad, la proliferación de los “home theaters,” la piratería, etcétera) han ayudado a que los festivales de cine se conviertan en un mecanismo alternativo de distribución. Hoy en día la mayoría de las ciudades tiene un festival de cine donde se proyectan películas que de otra manera no se podrían ver en los teatros de esa ciudad. La mayoría de estas películas son “no comerciales” o básicamente, películas hechas fuera del sistema de Hollywood. Aunque algunas de las películas programadas en FICCI tienen distribución nacional, la mayoría no (sin incluir las colombianas que en su mayoría se logran estrenar, solo 13 de 72 largometrajes tienen distribuidor colombiano) y, muy a mi pesar, el resto no la van a tener. Así que será en FICCI la única oportunidad que tendrá la audiencia colombiana de ver estas películas como debe ser, en la pantalla grande. De las películas no colombianas que sí tienen distribución nacional, dos son de la retrospectiva de Assayas y el resto son algunas de las películas más destacadas del año que hemos incluido porque son excelentes y esenciales en un programa que busca incluir lo mejor de la producción mundial del 2010 y 2011.

 

Algunos festivales del mundo, además de sus muestras y competencias, tienen programas de largo aliento para fomentar distintas etapas de la realización (entre ellos, Rotterdam, Sundance y Cannes). ¿Ha pensado algo así para Cartagena?

Aparte de las actividades paralelas de formación, tales como conversatorios, paneles y clases magistrales, tenemos nuestras actividades de industria que hacemos de la mano de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura y Proimágenes Colombia como por ejemplo el VI Encuentro Internacional de Productores, II Encuentro Nacional de Festivales y Muestras de Cine, II Taller de Pitch de Documental y el V Taller de Crítica Cinematográfica. En programas como el Encuentro Internacional de Productores comenzaron los procesos de consolidación de proyecto en desarrollo de películas como El vuelco del cangrejo y tenemos la versión para cortometrajes del éxitoso programa de Toulouse y San Sebastián Cine en Construcción, así que el festival también es una evidente apuesta al acompañamiento de nuevos talentos y proyectos en sus primeras etapas.

 

¿Cree que la revolución que se viene dando gracias a la distribución digital de películas (legal y no legal) cambia el rol que deben tener los festivales de cine en general y el de Cartagena en particular? ¿Han pensado utilizar internet para ampliar el radio de acción del Festival (poniendo los cortos en un sitio web, por ejemplo)?

Esas nuevas formas de distribución digital vuelven aún más importantes a los festivales. Pues ellos rescatan la posibilidad y valor de ver el cine como se tiene que ver, en la oscuridad, con desconocidos y en la pantalla grande. Además, así como pasó en la industria de la música donde los conciertos en vivo tomaron fuerza frente al acceso digital ilimitado, los festivales ofrecen ese valor adicional: la posibilidad de ver y oír al cineasta después de cada función.

 

Internet es una herramienta de trabajo que no se debe desperdiciar. FICCI es el único Festival de cine colombiano que participa de Festival Scope, un servicio que utiliza a internet como plataforma de exhibición para los profesionales de la industria del cine. Allí se puede encontrar parte de la programación de los festivales más importantes del mundo, desde Venecia y Rotterdam hasta Berlín y Locarno. Así, los distribuidores, agentes de venta, programadores de festivales que no pueden asistir al Festival, tienen acceso a las películas de nuestras competencias que quieran participar de esta oportunidad adicional de generar ventas de sus trabajos.

 

Como directora y programadora del Festival, ¿cómo ve la salud del cine latinoamericano? O mejor: ¿qué se quiere decir del cine iberoamericano, que es el énfasis ahora del Festival?

 

El cine latinoamericano está pasando por una etapa de renacimiento liderada por cineastas nuevos y por miradas frescas. El enfoque de la competencia oficial, como en los últimos años, sigue siendo el cine iberoamericano. Pero ahora únicamente se incluirán las obras de nuevos directores, limitando esta sección a las tres primeras películas de un director. De esta manera, participaremos, apoyaremos y celebraremos el auge del cine latinoamericano actual.

 

¿Qué tendencias ve en el cine nacional?

 

Al igual que se ha visto en otros países de la región, el cine colombiano está viviendo un pe-?ríodo de revitalización sin precedentes. Soy optimista sobre los resultados que comenzaron a traer y de los que seguirán viniendo a partir de la creación de la Ley de Cine en el 2003. Hasta ese momento, la producción había sido errática. Colombia, al igual que la mayoría de los países latinoamericanos con excepción de Argentina, México y Brasil (y por unos años Cuba), ha sido un país sin industria de cine. Las iniciativas que han surgido alrededor de la creación de la Ley de Cine han permitido darle continuidad y solidez a la producción. Ha permitido también que en los últimos años descubramos nuevos talentos. Se están haciendo más, y cada vez mejores películas. Esto es un proceso, y todavía tenemos un largo camino por recorrer, pero le tengo mucha fe a este cine joven, fresco y autoral que se está haciendo. A ocho años de la creación de la ley, las películas colombianas no solo participan en los festivales de cine más prestigiosos sino que también comenzaron a ganarse algunos premios.

 

¿Qué planes tiene para el Festival a largo plazo?

Mi sueño es que se puedan reciclar y se le vuelva a dar vida a los tres teatros antiguos que están al lado del centro de convenciones: Bucanero, Colón y Cartagena.

 

Realmente los planes son muchos, demasiados, tantos como los retos, pero primero saquemos adelante la edición 51.

 

En años recientes Cartagena ha cambiado mucho. El centro histórico ahora está lleno de boutiques y restaurantes sofisticados que hace una década no existían. Además del Festival de cine, ahora hay un festival de música clásica y otro literario. ¿Cree que ese cambio en la ciudad afecta el carácter del Festival? ¿Qué podría aprender el Festival de cine de estos nuevos festivales tan exitosos?

Sí, el cambio afecta al Festival, pero no su carácter. Lo afecta de una manera muy positiva en la medida en que la gente quiere venir a Cartagena. Recientemente, un artículo en el New York Times se refería a Cartagena como el “secreto latinoamericano con más onda”: esta nueva perspectiva sobre Cartagena ayuda a que muchos de los invitados de alto perfil, cineastas y profesionales de la industria, vengan. Solo me tocó luchar por dos películas del programa, el resto accedieron a venir de inmediato y con mucho entusiasmo, y eso habla claramente del encanto actual que despierta la ciudad en el mundo. El carácter del Festival se lo da el perfil del programa, que nada tiene que ver con la sofisticación de la ciudad. A través del Hay y el Festival de Música vemos que existe una diversidad de patrocinadores interesados en financiar eventos ambiciosos y de buena calidad.

 

En los festivales de cine confluyen los intereses de distribuidores, realizadores,?periodistas y público, cada uno con una agenda. ¿Qué papel cree que el Festival de Cartagena debe jugar en esta lucha de fuerzas? ¿Debe inclinarse más hacia un lado?

 

La calidad en la programación es la prioridad, y esto debería beneficiar a los cuatro grupos que mencionas. Lo ideal sería que tanto el público general como los periodistas aprecien y apoyen este programa. De esta manera, los distribuidores se pue-?den entusiasmar por comprar estas películas que en su mayoría no tienen distribución, y así, los realizadores también ganan.

 

¿Cómo ve el reto de hacerse cargo de un festival que había sido dirigido por la misma persona durante 48 años? Cuando llegó hace un año, ¿cómo encontró el evento? ¿Se sentía la sombra de Víctor Nieto? ¿Se siente aún?

No tuve la oportunidad de conocer a Víctor Nieto, pero es tanta la gente que se me acerca a contarme anécdotas personales, emocionantes y conmovedoras, que de alguna manera siento que lo conozco. Fue un hombre respetado, generoso e irreemplazable. Me sentiré satisfecha si de alguna manera logro contribuir para que el Festival se fortalezca y consiga seguir vivo unos 50 años más.

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