"Tio Sam", personaje de 'Garras de oro'.

El cine como ejercicio de identidad histórica

Hasta el 27 de octubre, la fundación Patrimonio Fílmico Colombiano proyectará semanalmente clásicos del cine nacional del siglo XX en su sede en la Carrera 45 No. 26-49.

2016/09/23

Por RevistaArcadia.com

En el marco de la celebración de los 30 años de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, surge el Ciclo de Memoria Activa 2016 como una manera de dar a conocer patrimonio audiovisual nacional. Alexandra Falla Zerrate, su directora, dice que “la mejor manera de rendir homenaje al cine colombiano es recuperando las cintas que han sido restauradas y digitalizadas por la fundación, y que son un punto de referencia para nuestra cinematografía. Además de conservar y digitalizar este material, consideramos que este valioso archivo debe circular entre el público, procurando una buena socialización”. En el Ciclo de Memoria Activa 2016 se presentan trabajos audiovisuales del siglo XX como Canaguaro (1981), El milagro de sal (1958), Tiempo de morir (1985), Garras de oro (1926), Camilo, el cura guerrillero (1974), entre otras.

La intención del Ciclo Memoria Activa es convocar a una reflexión masiva sobre la importancia histórica del cine. “Tuvimos la oportunidad de hablar con expertos (historiadores, politólogos, actores, directores, sociólogos) que nos explicaron por qué trabajos como Garras de oro son relevantes en términos de construcción de memoria”. Esa película es un clásico del cine silente nacional, que hace las veces de espejo reflector al oportunismo del gobierno estadounidense por apoderase en 1914 del Canal de Panamá. Cuenta cómo un ciudadano norteamericano defiende los intereses colombianos oponiéndose a su estado. Dirigida por P.P Jambrina (seudónimo de Alfonso Velasco), es posiblemente "el trabajo -dice Falla- audiovisual más estudiado en Colombia”.

Cada trabajo se presenta con una charla de 15 minutos, en la que expertos procuran alejarse de los análisis exhaustivos académicos para contextualizar al público. Por ejemplo, en la introducción de Tiempo de morir, el actor Sebastián Ospina explicó por qué este largometraje significa un hito importante en el cine colombiano. “La presentación previa a la proyección -comenta Falla- no pretende ser  un aburrido análisis academicista. Preferimos aportar un poco de seducción a las palabras para que la gente entienda por qué motivo estamos exhibiendo determinada película”. Tiempo de morir, dirigida por Jorge Ali Triana en 1985, fue coescrita por dos grandes de la literatura latinoamericana: Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes. Cuenta la historia de Juan Sáyago cuando sale de la cárcel luego de cumplir una condena de 18 años por haber matado a Raúl Moscote. Sáyago busca recuperar el tiempo perdido de su vida en un mundo cambiado, lejano a su pasado.

El cine no solo aborda la historia a través del documental, también lo hace desde la ficción. Canaguaro, que se presenta en el ciclo, reivindica el pasado, retratando el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Muestra cómo se desató la violencia en el campo y la formación de guerrillas  que se escondían tras un discurso partidista para apoderarse de las tierras. El proceso de selección se hizo “primero desde un análisis de películas -afirma la directora de la fundación- que ya estuvieran restauradas y digitalizadas. En la clasificación participó la subdirección técnica de la fundación y otros expertos. Tratamos de escoger largos cuyo contenido hubiese sido importante en su época, como ocurre con Canaguaro o El hijo de la choza”.

La Fundación de Patrimonio Fílmico es la tesorera de la memoria audiovisual del país. Esta iniciativa además de ser un encuentro de cinéfilos, busca generar un refuerzo de identidad entre los ciudadanos. “Yo creo que a los colombianos nos falta trabajar sobre ese valor de la memoria audiovisual y cómo reconocernos en esas imágenes. De entendernos como nación en la medida en que este mundo globalizado nos avasalla. Por medio de registros audiovisuales logramos, en verdad, llegar a nuestra esencia como sociedad. Un país sin memoria está perdido”, concluye Falla.

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