Gabrielle (Gabrielle Marion-Rivard) y Martin (Alexandre Landry).

El amor en la discapacidad

‘Gabrielle, sin miedo a vivir', la segunda película de la canadiense Louise Archambault, gira en torno al romance entre dos personas con síndrome de Williams. Estreno nacional el 23 de julio.

2015/07/23

Por Christopher Tibble

Gabrielle tiene motivos de sobra para sentir miedo. A sus 22 años, vive internada en una clínica para individuos con dificultades mentales y su hermana, quien la ha cuidado desde pequeña, decide abandonar Quebec para vivir con su novio en la India. Su madre, además, a menudo la ignora. El control de los médicos, así como el constante recuerdo de su enfermedad, ponen en entredicho su principal deseo: ser autónoma. “Yo solo quiero ser normal”, repite en el transcurso de la cinta, nominada por Canadá a los Óscar y galardonada con el premio de la audiencia en el Festival de Locarno, en Suiza.

Gabrielle padece síndrome de Williams, un inusual trastorno genético causado por una insuficiencia de información en la cromosoma 7. Su condición, caracterizada por un leve retraso mental y una especie de empatía autista hacia la gente, rige su mundo. Durante años, los demás le han recordado su incapacidad para desenvolverse en el mundo como una persona independiente. Una percepción alimentada por su madre, los doctores, la sociedad. Pero todo cambia cuando Gabrielle conoce, y se enamora, de Martin, otro paciente del hospital, quien sin querer exacerba su esperanza de poder emanciparse. Para ella, liberarse de los confines de la clínica simboliza la posibilidad de tener una relación estable, quizá con hijos, pero ante todo sin la interferencia de terceros.

El segundo largometraje de la canadiense Louise Archambault acompaña a Gabrielle en las semanas más importantes de su vida. En un futuro próximo va a cantar en el coro de su clínica junto al reconocido músico Robert Charlebois. Durante los ensayos, y en otras actividades del centro médico, su relación con Martin se torna íntima, guiada por un deseo sexual inocente, casi infantil. Sus primeros avances, tratados con delicadeza por Archambault, se desenvuelven con un entusiasmo inofensivo y esporádico: bailan desnudos, se acarician las caras, se recuestan en una cama. La relación acerca al espectador a un mundo poco explorado en el cine: el del amor entre discapacitados. Un amor no exento de tabúes, como lo demuestra la película. Varios personajes desconfían del criterio de los protagonistas y buscan ponerle trabas a su noviazgo.

La cinta de Archambault logra su cometido. Sin caer en el lugar común, o terminar con un final rosa cargado de un optimismo ingenuo, expone con una estética realista las distintas partes de una ecuación compleja. Su valor, sin duda, está en las preguntas que suscita. ¿Qué trato debe darle la sociedad a la gente que sufre de discapacidades mentales? ¿Hasta qué punto la autonomía existe en este tipo de situaciones? ¿Funciona el modelo clínico actual? ¿Qué restricciones deberían tener los afectados por el síndrome de Williams? ¿La sociedad debería impedir qué tengan hijos?

El deseo de Archambault de llevar a la pantalla una historia sobre individuos con retraso mental surgió mientras nadaba en una piscina pública. Ahí conoció a una vecina con síndrome de Williams quien a menudo hacía pataletas, gritaba, no se dejaba tocar, pero que al entrar al agua solo flotaba y cantaba, en absoluta tranquilidad. El encuentro la llevó a conocer el centro de artes escénicas Les Muses, donde Gabrielle, quien en la vida real sufre ese síndrome, tomaba clases de canto. Después de trabajar con ella un tiempo, concluyó que la cinta debía tratar una historia de amor. Una historia de amor, como le afirmó al medio digital Indiewire en una entrevista reciente, “sobre los marginados, sobre los invisibles”.


Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación