Scarlett Johansson protagoniza la obra.

‘Ghost in the Shell’: un triunfo visual

La controvertida adaptación del trabajo de Masamune Shirow y Mamoru Oshii es una espectacular aventura con un fuerte elenco que homenajea el espíritu de la original sin dejarse encadenar por ella. Hablamos también con un experto en novela gráfica para profundizar en sus orígenes. Desde el 30 de marzo en salas de cine colombianas.

2017/03/30

Por Ana Gutiérrez

Desde el primer momento, Ghost in the Shell, subtitulada vigilante del futuro en Latinoamérica, es un deleite visual. Empieza con la construcción de un cuerpo robótico, desde sus entrañas suaves y rojas hasta las complejas piezas entrelazadas que componen su pálido exterior. Su director, Rupert Sanders, tomó ventaja de las oportunidades que proveen los androides, y el desarrollo de los efectos visuales, para presentar elementos tan llamativos como extremidades que recuerdan arañas, piel que se puede camuflar o elementos corporales mal emparejados. La coreografía de las peleas aprovecha las habilidades más que humanas de sus protagonistas y los detalles de los entornos. Toma prestados elementos tanto de la película anime de Mamoru Oshii (basada a su vez sobre el manga de Masamune Shirow) como de Blade Runner, ambientando la acción en una enorme ciudad futurista con inmensas propagandas que trepan por las fachadas de los imponentes edificios. Es una película dinámica, estilizada y entretenida que honra sus orígenes pero no teme divergir de ellos. Está desde el 30 de marzo en salas de cine colombianas.

La historia, de una especie de policía futurista que habita un cuerpo robótico y carece de memorias de su pasado, quien se encuentra enfrentada con una influyente corporación, no es particularmente innovadora en la trama. Su poder yace en la manera en que se cuenta. El diálogo de la obra recuerda el estilo del anime, es poco sutil pero funciona dentro del ambiente de en el que se da. Ayuda también la convicción de los actores, que además de la actriz principal Scarlett Johansson, incluye a Takeshi Kitano, Pilou Asbæk y Juliette Binoche. La francesa en particular le da un trasfondo emocional a sus líneas. Asbæk, actor danés que protagonizó Krigen (2015) película nominada al Óscar y ahora es Euron Greyjoy en la serie Game of Thrones, también se destaca, presentando un personaje entrañable y cálido que contrasta con la frialdad de la Mayor, el papel de Johansson. 

Ella es un cyborg, un ser compuesto de elementos orgánicos y cibernéticos, en este caso solo un cerebro humano dentro del cuerpo robótico que vemos construir en los primeros minutos. La increíble belleza de Johansson sirve para aumentar la sensación que es una creación artificial, que es atributo que se le ha dado por sus creadores, y se recalca con los varios personajes que comentan lo bella que es. Similar a su papel en Bajo la piel de Jonathan Glazer, su apariencia es algo que la enajena en vez de acercarla a la otras personas.

Desde la primera escena, la película deja claro que es el ghost o fantasma titular, porque es su conciencia humana que ronda la carcasa robótica que la rodea. Entonces, ¿si su mente o alma es humana, es ella humana?

La exploración de Ghost in the Shell de la relación entre la humanidad y la tecnología, la incorporación de ella en la vida cotidiana y hasta los cuerpos humanos sigue siendo tan vigente hoy, o hasta más, que cuando se publicó el manga en 1989. En un mundo en que Facebook determina las relaciones sociales y las corporaciones buscan patentar genes, la película es una reflexión necesaria sobre los límites de la humanidad y el desarrollo tecnológico.

Sumándose a nuevas ofertas de ciencia ficción, como la serie Westworld de HBO (que a su vez se basa en una obra de 1973) la película de Sanders se puede posicionar como un Blade Runner para una nueva generación sin perder a los fanáticos de la original.

¿Y los orígenes?

El manga escrito por Masamune Shirow ha tenido una larga vida en la cultura popular. Ha tenido secuelas, series de televisión animadas y varias películas, la más famosa siendo la de 1995 dirigida por Mamoru Oshii. Por sus temas, y por su hermosa protagonista, se convirtió en una de las propiedades más populares e influyentes de la época, cuando los productos culturales de Japón empezaban a llegar al otro lado del Pacífico.

Rafael Yockteng, ilustrador colombiano especializado en contar historias para niños, recuerda que:  “vi la animación cuando salio. Tenía un poco claro que era bastante importante en ese momento, con Akira, eran más de culto en esa época. Me gustaba muchísimo volvía y la repetía. Trata de una entidad viva en que se había desarrollado en las redes. Se habla de eso todavía, de inteligencia artificial, y cada vez es más vigente con toda la tecnología que utilizamos”.

Para profundizar en el tema hablamos con Pablo Guerra, guionista, editor y crítico de cómics colombiano, quien ha estudiado extensamente la narrativa gráfica, la historia del cómic y la producción secuencial latinoamericana y colombiana. Se le nota en la voz el entusiasmo por el tema cuando explica que "el anime pegó más duro que el manga. Es uno de los productos más icónicos de la animación japonesa, sobre todo de ese momento que empezó a volverse muy importante en Occidente, por decirlo así. Era como Akira y ese. Las dos realmente rompían con todas las expectativas de que se podía hacer en animación, no solo por el tema que trataban pero porque permitirán disfrutar esas características del estilo de ese país. Fue una película clave para la construcción del gusto por el anime en América y Europa. Es muy relevante además, por la cosa de la ciencia ficción, del cyberpunk, esas tendencias que yo creo que que siempre necesitarán más contenidos, más productos, sobre el límite de lo humano y la tecnología.”

En cuanto a la película de 2017, la cual no ha visto, Guerra es más cauteloso. “Yo prefiero lo dibujado porque establece una distancia respecto al contenido que creo que es importante tenerlo. El proceso de identificarse es distinto cuando uno se enfrente a un personaje diseñado que con un actor. En el dibujo tradicional del manga es importante: el entorno se dibuja de manera muy realista, guardando los detalles, pero en cambio las caras y en este caso por ejemplo los cuerpos se representan desde la exageración y simplificación. Es muy distinto ver eso en un actor porque uno los ve como son. Un dibujo tiene más libertad de interpretación". Aun así, señala los avances de la tecnología de efectos especiales y cuando habla de la belleza de Johansson hace eco a los personajes de la película. Lo enajenante que puede ser se canaliza en la distancia que se toma de los robots.

La portada del manga. 

Al hablar de los actores, Guerra ahonda en otra crítica que se hizo al largometraje, el tema del whitewashing: darle a actores blancos papeles que deberían interpretarse por otras razas. El largometraje hace un intento por explicarlo dentro de la trama, pero es poco probable que satisfaga a todos sus críticos. Para Guerra "la adaptación y la utilización de material en contexto nuevo si es necesario de cierta manera, es difícil que Hollywood tome el material sin cambiar ciertos elementos para su mercado así a uno le parezca como delicado o incómodo, dado además que en Estados Unidos tienen el problema de una sociedad tan racializada. Pero por ejemplo Bollywood toma esas películas de Hollywood y transforman a los personajes para adaptarlos a India y a mi personalmente no me llama mucho la atención. Como ejercicio creativo hace parte de esa enfermedad de siempre rebuscar en el cajón, para ver que da nostalgia y revivir cosas viejas. Eso es la gran tendencia ahora." La taquilla apoya la hipótesis: este año viene la secuela de Blade Runner, más Star Wars y está en cines Power Rangers.  

Por último, destaca un elemento que se ha perdido entre el diálogo racial: “es un contenido super masculino. Está pensado para una audiencia masculina (la heroína a menudo parece desnuda por su cuerpo robótico) y no se si la película rompa con eso. Puede ser más interesante romper con eso, pero son cuerpos muy femeninos puestos como al sacrificio del ojo”.

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