Adolf Hitler y Joseph Goebbels en el rodaje de una producción para la propaganda Nazi. Foto: Bundesarchiv Bild. Creative Commons.

El cine sobre el Holocausto, una fórmula que no se agota

Parece una tradición de los premios Óscar el tener siempre entre sus categorías una película sobre el Holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué se vuelve una y otra vez sobre el tema?

2016/02/10

Por Laura Martínez Duque

El Diario de Ana Frank  se convirtió en una película en 1959 y ese año resultó nominada a ocho premios de la Academia de los cuales ganó tres.  La decisión de Sophie (1982) hizo que Meryl Streep consiguiera el segundo Óscar de su carrera por interpretar a una polaca sobreviviente de Auschwitz. La lista de Schindler (1993), dirigida por Steven Spielberg, arrasó con siete estatuillas, incluyendo el premio a mejor película y mejor director. El  fenómeno mundial de La vida es bella (1997) consiguió el  Óscar a mejor actor para Roberto Benigni –protagonista y director de la cinta- mejor banda sonora y mejor película extranjera.

En el 2002, Roman Polanski impactó con El pianista. Público y crítica fueron cautivados por esta película protagonizada por Adrien Brody y la Academia le entregó los galardondes a mejor director, mejor actor y mejor guión adaptado.

Kate Winslet ganó el único Óscar de su carrera hasta la fecha por su papel en El lector, dirigida por Stephen Daldry en 2008. Interpretó a una mujer acusada de haber servido a la SS por ser  responsable de mandar a la cámara de gas a mujeres prisioneras que estaban enfermas.

Al año siguiente, Quentin Tarantino también explotó el tema consiguiendo un aluvión de nominaciones a la Academia con  Bastardos sin gloria  (2009). Finalmente Chriz Waltz ganó el Óscar a mejor actor de reparto interpretando a Hans Landa, un exquisito y poliglota oficial del Servicio de Inteligencia de la SS.  

Este año la nueva edición de los Óscar no es la excepción: compitiendo con El abrazo de la serpiente por el Óscar a mejor película extranjera hay dos títulos sobre el Holocausto nazi. De Alemania, La conspiración del silencio de Giulio Ricciarelli y de Hungría, El hijo de Saúl de László Nemes. No obstante, ambas vuelven sobre el tema partiendo de puntos de vista más disruptivos del común que ha premiado la Academia.

La conspiración del silencio se centra en la las investigaciones que hicieron posible los juicios de Auschwitz, en los que los mismos alemanes condenaron los crímenes de guerra cometidos por sus compatriotas. La película retrata el espíritu de una Alemania de post guerra, en 1958, cuando la mayoría de la sociedad prefería callar y dejar atrás el horror de la guerra.

El hijo de Saúl tiene como protagonista a un prisionero obligado a trabajar para los Sonderkommando –comandos especiales– aquellos encargados de llevar a otros prisioneros a las cámaras de gas, limpiar, quemar los cuerpos y deshacerse de las cenizas. Un día, este hombre recoge el cuerpo de un niño que podría –o no– ser su hijo, pero que lo lleva a tomar decisiones desesperadas.

El crítico de cine Pedro Adrián Zuluaga considera que el Holocausto nazi es un  tema que transformó la conciencia del siglo XX. “Aún hoy persiste la pregunta de cómo uno de los países más civilizados y sofisticados pudo haber puesto en marcha ese aparato instrumental al servicio de la muerte. Todo esto, con el silencio y la complicidad de gran parte de su sociedad”, señala.

En cuanto a la insistente presencia de estas temáticas en las narrativas cinematográficas, Zuluaga recuerda que “la de Estados Unidos es una cultura labrada a partir de los inmigrantes exiliados de todas las guerras europeas. De hombres y mujeres que finalmente llegaban a Estados Unidos trayendo esas memorias como trauma histórico”, y que además, “la mayor industria del cine nace en esa nación y se consolida como Hollywood: una empresa hecha por la comunidad judía que hasta el día de hoy manjea su lobby y su economía. Esta debe ser sin duda otra de las razones por las que estas historias tienen gran presencia y son multipremiadas”, concluye.

Libia Stella Gómez, profesora de cine de la Universidad Nacional, coincide en señalar la preeminencia judía en la industria del cine de Hollywood como uno de las razones clave. Pero esboza también un factor histórico que tiene que ver con los métodos mismos de la propaganda nazi y su especial interés en los incipientes medios de comunicación. “Los nazi conocían muy bien la maquinaria mediática que generaba adeptos a su causa y fue ese sistema de propaganda el que hizo crecer al cine alemán que en ese momento se propagó mucho mejor que otras cinematografías europeas” apunta.

Es como si los nazis hubieran hecho la primera parte del trabajo difundiendo efectivamente su cine y su estética. Hoy, irónicamente, cuando son los judíos quienes manejan la más poderosa industria cinematográfica del  mundo, sin duda aprovechan la fascinanción que el tema sigue suscitando.

No obstante, para Gómez, hay obras que elaboran el exterminio judío con recursos más desafiantes que muchas de las películas multipremiadas en los Óscar.Shoa, del realizador francés Claude Lanzmann,  es un documental  difícil e inquietante. Hay muchos  momentos difíciles de mirar, de escuchar. Esta película logra un sentido más allá de lo obvio de la injusticia contra los judíos. Habla sobre la degradación humana y se pregunta hasta dónde podemos llegar todos, ejerciendo el horror, o aguantándolo…”

La conspiración del silencio es valiente al intentar descentralizar la idea de que todo el mal lo encarnaba Hitler y el resto era inocente. “El valor de esta película está en que por lo menos esboza que todos, los que callaron y omitieron, son igualmente responsables”, apunta Gómez.

El Holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial ha generado una cantidad casi inconmensurable de obras y manifestaciones artísticas. Otros genocidios como el de Armenia, el de Ruanda o el de los pueblos originarios de América han generado menos revisiones y lecturas o apenas comienzan a impactar a un público masivo.

Vale la pena volver sobre otras películas sobre el Holocausto que no pasaron por el filtro de la Academia, quizás por ser lecturas más complejas o menos funcionales a ciertos intereses y poderes.

El triunfo de la voluntad, Leni Riefenstahl (1935)

La directora nazi registra el congreso del Partido Nacionalsocialiosta en 1934 en Núremberg al que acudieron miles de militantes y simpatizantes. Adolf Hitler, que aparece como un mesías que enloquece a las masas, encargó la realización de esta super producción que muestra el regreso de Alemania como gran potencia mundial. Si bien no es sobre el Holocausto nazi, sí es elocuente en mostrar los orígenes de lo que iba a suceder después.

Noche y Niebla, Alain Resnais (1955)

Este documental mostró por primera vez el material que el ejército nazi acumuló sobre el exterminio. Fue realizado por el francés Alain Resnais, en colaboración con Chirs Marker y utilizando un texto de Jean Cayrol, un poeta sobreviviente del campo de concentración de Gusen. La obra repasa con crudeza el Holocausto judío desde la responsabilidad colectiva, no solo de la sociedad alemana y las políticas del Tercer Reich, sino de toda la humanidad entera, planteando preguntas que permanecen vigentes.

Cortometraje documental: Noche y niebla (1955, Alain Resnais) VOSE from Neuromante on Vimeo.

Shoah, Claude Lanzmann (1985)

"Shoah" es el término hebreo para referirse al Holocausto y significa literalmente “la catástrofe”. El documental filmado a lo largo de 10 años en diferentes continentes, reúne testimonios en primera persona de víctimas, testigos y verdugos del exterminio de la Segunda Guerra Mundial. La película no contiene imágenes de archivo ni banda musical.

Hannah Arendt, Margarethe von Trotta (2012):

Recrea las vivencias de Hannah Arendt presenciando el juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén como enviada especial del diario The New Yorker. Esta sería la experiencia clave para la filósofa política de origen judío que más tarde pasaría a la historia por su teoría “sobre la banalidad del mal”.

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