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Hollywood tiembla

En enero y febrero comienza a girar la ruleta de las nominaciones a los premios más importantes del cine norteamericano. De los Oscar, los Globo y los premios de las asociaciones de críticos dependen cientos de millones de dólares de taquilla. Arcadia recoge los rumores y los juicios críticos sobre las películas más opcionadas.

2010/03/15

Por Manuel Kalmanovitz G

En Estados Unidos hay películas que necesitan a los críticos y películas que no. Como las plantas y el agua. Unas son helechos y otras, sauces. Algunas llegan a los teatros rodeadas de publicidad, cercando a los posibles espectadores con afiches y juguetes en hamburgueserías y entrevistas por todas partes, para aterrizar directamente en el primer lugar de la taquilla. Y las opiniones de los críticos se quedan en el papel que usan los dueños de los estudios para encender sus cigarros. “Películas a prueba de críticos”, les dicen.

A nadie le importa lo que escriban de Superman o del próximo Harry Potter. Seguramente la más reciente comedia gastrointestinal y la última reencarnación de Jason de Martes 13 encontrarán su audicencia sin apoyo –incluso a pesar de la hostilidad– de los críticos. Pero no sólo de gases y decapitaciones con azadón vive el hombre.

Llega un momento cada año en el que el énfasis se desplaza de la taquilla a algo inefeable, difícil de localizar, precioso: la calidad. Y ahí están los Oscar, que son la ceremonia en la que Hollywood trata de mostrarles a sus miembros y al resto del mundo que la calidad sí importa. Que el cine, además de negocio, es arte.

Y ahí es cuando las voces de los críticos importan. Ahí, los ejecutivos desenrrollan esos pedazos de periódicos que tenían preparados para encender sus puros y leen las críticas y se sienten bien de producir cosas que alguien llama “geniales” o “buenas” o “inteligentes”.

Los gremios de los críticos en Estados Unidos dan sus premios entre diciembre y enero para recapitular el año que pasó. Hay cinco premios principales: tres de gremios de críticos en ciertas ciudades (Los Ángeles, Nueva York y Boston), uno otorgado por la Asociación Nacional de Críticos y otro dado por un organismo llamado National Board of Review, creado en 1909 por representantes de teatros, productores y distribuidores para darles el visto bueno a las películas que se presentaban en Nueva York.

Repasando los premios de esas cinco instituciones durante los últimos cuatro años, Richard Corliss, crítico de la revista Time, encontró que los listados de los críticos coincidían en buena parte ya fuera con los nominados o los premiados en las seis categorías principales de los Oscar (mejor película, director, actor, actriz, actor secundario y actriz secundaria).

Y la coincidencia se da a pesar de que la mecánica que decide a los ganadores en cada caso es bastante diferente. Mientras los Oscar dependen de los votos directos de los cerca de seis mil miembros de la Academia, los círculos de críticos son menos numerosos y deciden sus ganadores en varias rondas de votación, permitiendo cambios de opinión entre los participantes.

Lo que quiere decir que, al igual que en los grandes festivales, las películas que ganan no son las que despiertan reacciones más apasionadas, sino las que, después de una discusión o de varias rondas de votos, resultan más aceptables para la mayoría de participantes. Por ejemplo, este año el círculo de Nueva York eligió Army of Shadows como mejor cinta extranjera, una película de Jean Pierre Melville de 1968 que apenas el año pasado se estrenó comercialmente en los Estados Unidos, pero que sólo fue elegida después de un empate en tres rondas entre Volver, de Almodóvar, y la rumana La muerte del señor Lazarescu.

Y con los resultados a la vista, ¿qué traerán entonces los Oscar? Extrapolemos, pues, basados en estos premios, los de los críticos. En cuanto a actuación las cosas parecen simples. Forest Whitaker, quien interpretó al dictador Didi Amin en El último rey de Escocia, y Helen Mirren, quien interpretó a la reina Isabel II en La reina, ganaron en los cinco.

Luego vienen los directores y parece probable que, gracias a Los infiltrados, éste sea el año en el que Scorsese reciba por fin un Oscar (ha sido nominado, sin ganar, cinco veces). Scorsese ganó en Boston, Nueva York y en la Asociación Nacional de Críticos. Paul Greengrass, el inglés que dirigió United 93, ganó en Los Ángeles y en la National Board of Review.

El panorama de mejor película es más incierto. Los infiltrados, de Scorsese, ganó en Boston; United 93, en Nueva York; Letters from Iwo Jima, la película en japonés de Clint Eastwood, en Los Ángeles y en el National Board of Review, y El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, en la Asociación Nacional. Y en cuanto a mejores actores y actrices de reparto, parece estar completamente abierto. Es una categoría caprichosa, al fin y al cabo, ¿en qué momento un papel pasa de principal a secundario?, y ahí cada asociación escogió cosas diferentes.

En el siglo XIX Helen Hunt Jackson escribió un poema titulado “Febrero”. “Éstos son los días cuando los antepasados hacían su rito/Para expiar los males del pasado año/Y rezaban para purificar la voluntad del año nuevo”, dice al comienzo. Y eso es, en el fondo, lo que pasa con todos estos premios.

En los Oscar, bajo la sombra glamorosa de los antepasados, se alaba lo bueno, se hace caso omiso de lo malo, se purifica momentáneamente el año que viene. Por un par de horas el negocio se vuelve arte y el arte, negocio y quedan las cuentas saldadas. Y las cosas vuelven a la normalidad. Siguen las segundas partes, las películas a prueba de críticos, los ejecutivos encendiendo sus cigarros con las críticas de las películas y la gente yendo a ver muchas películas que parecen hechas más para vender hamburguesas que para ser vistas.

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