Abbas Fahdel es PhD en cine de la Sorbona. Foto: Marco Castro.

“A los iraquíes, la solidaridad nos mantiene en pie”

En el marco del FICCALI hablamos con el director iraquí Abbas Fahdel, quien presenta su más reciente documental ‘Homeland: Iraq Year Zero’, un crudo retrato de un pueblo golpeado por los Estados Unidos.

2016/11/11

Por Santiago Serna Duque

El hombre sensible que me pidió posar para su celular para tener un recuerdo de Colombia es Abbas Fahdel, el mismo que filmó un colosal documental -bien utilizado el adjetivo- de 5 horas titulado Homeland: Iraq Year Zero (2015). El largometraje narra la vida de varios habitantes de Bagdad, antes y después de la ocupación estadounidense. Da cuenta, desde la perspectiva iraquí, del drama de una nación que aprendió a vivir en la cotidianidad bélica, donde los niños son víctimas, y por supuesto, los adultos: sus victimarios.

Para entender cómo funciona su país, por qué pocas cosas van a cambiar con la llegada de Trump al poder, y la solidaridad como único valor entre las poblaciones corroídas por la guerra, hablamos con Fadhel, uno de los invitados del Festival Internacional de Cine de Cali.

Su documental dura 334 minutos. ¿Era necesario que fuera tanto tiempo?

La duración se decidió en el momento de la edición, tenía 120 horas grabadas, y viendo todas esas imágenes que testificaban la sevicia del ejército norteamericano entendí que el documental no podía durar menos de 5 horas. La primera versión se extendía 12 horas. A pesar de que al público en general no le gustan las películas tan largas, yo quería dar una respuesta a los medios que satanizaban a mi país y lo reducían a una mera caricatura, incluido Sadam Husein. El film, desde que viajé de Francia a Irak, fue planeado originalmente como un potente largometraje, no como una suerte de vídeo familiar o una crónica noticiosa, de eso ya se ha visto mucho. Así que opté por los planos secuencia tanto como fuera necesario, para explicar la cotidianidad del iraquí promedio antes y después de la guerra. Pero en definitiva, sí, toda la narración se impuso en el montaje: la división de la película en dos partes. Por eso es tan larga.

Trump es el nuevo presidente de Estados Unidos. Como testigo de la arbitrariedad del gobierno estadounidense, ¿qué suerte le pronostica a su país?

Como todo el mundo, yo también estoy sorprendido por la decisión del pueblo estadounidense, nadie podía imaginarse que un loco, por no decir racista o algo peor, pudiera ser elegido como el hombre más poderosos de la tierra. Donald Trump es un personaje impredecible formado en la locura mediática de la televisión. Es complicado predecir qué decisiones va a tomar frente a las políticas exteriores, en especial con Medio Oriente, pero seguramente no será nada bueno.

Las políticas en el interior de Estados Unidos van a cambiar, pero con respecto a Irak no veo cómo pueda empeorar. Mi país fue atacado sistemáticamente desde 1990, con el apoyo de 34 países miembros de las Naciones Unidas, por órdenes del presidente de turno: Bush padre, Clinton, Bush hijo y Obama. Los resultados, más de 3.500 civiles asesinados, tan solo contando las víctimas de la Guerra del Golfo de los noventa, además de los embargos impuestos. La situación para Irak no va cambiar con Trump como presidente.

En occidente, la imagen de los sirios, jordanos, afganos, iraquíes… está distorsionada, en parte por la torpeza de los medios: ellos los malos, nosotros los buenos. ¿Cómo es en realidad?

El documental lo dice todo y destroza el cliché. Pero lo que tú dices pasa en todo el mundo, es exactamente lo mismo que piensan de los colombianos, asumen que todos ustedes son traficantes. Es una cuestión de absoluta desinformación y desinterés, consecuencia de la lejanía y el sesgo informativo de los medios. A pocos les importa lo que pasa al otro lado del planeta, tanto en oriente como en occidente.

Yo hice esta película para mostrar la nobleza y la complejidad de la sociedad iraquí. Influenciado por mi profesor en París, Jean Rouch, quise hacer una mirada sociológica de nuestro contexto. Homeland: Iraq Year Zero es el rostro de 31 millones de iraquíes que reivindican a una sociedad jamás vista en los medios y los reportajes televisivos.

¿Es responsabilidad del documentalista narrar la verdad del pasado en países como los nuestros?

A comienzos de 2002 la incursión militar parecía inminente, entonces como cineasta me dije que tenía que grabar todo lo que fuera posible antes de la desaparición, con el objetivo de tener un registro. Estaba seguro que nada iba a ser igual, Irak estaba a punto de sufrir un momento histórico de tragedia y mi responsabilidad como realizador audiovisual era captar imágenes de ese momento histórico, y en el futuro, entender esa alteración obligada de los espacios, el ambiente, y primordialmente, las personas. Tres días antes de la invasión yo regresé a Francia y cuando volví a los 15 días -tan solo dos semanas- encontré un país completamente colapsado, en ruinas.

¿Por qué grabó a su familia en la intimidad para la primera parte del documental?

La estructura del guión estaba planeada, incluso antes de viajar a Francia. Escogí a mi familia porque es más práctico. Es complicado entrar en la intimidad de personas que no conoces, pues implica un compromiso previo de inmersión para gestar confianza. En la premura de la grabación y los hechos, ese tiempo no existía. El objetivo era seguirlos con una cámara y captar de primera mano sus reacciones frente a acontecimientos eventuales que cambiarían su existencia por completo.

Que no se malinterprete el hecho de grabar la cotidianidad de los que amo, como un simple acto voyerista. Hice eso con el objetivo de contar a Irak a través de ellos. Lo más importante del documental es revelar el día a día de un país, que para mí no es un simple dato estadístico en el historial de afectados por los norteamericanos.

Uno de los personajes principales es Haidar, su sobrino. ¿Qué significan los niños para una sociedad que convive con la muerte?

Los niños son el símbolo de la ética perdida, y muchos han muerto por culpa de esas ocupaciones ‘democráticas’. Pero a su vez, Irak tiene una población muy joven porque los adultos mueren en la guerra. Cuando tú vas a zonas destrozadas del país, que parecen pueblos fantasmas, la cámara tiene un poder de atracción masivo como un imán. Al prenderla, aparecían niños de todas partes como mariposas atraídas por la luz. En un principio era complicado porque no me dejaban grabar, pero como dice el dicho: si no puedes con ellos, únete. Así que los incluí en el documental y son muy importantes.

¿Qué rescata de la miseria humana producto de la guerra?

La solidaridad entre la personas. Eso es lo que ha salvado a un país que no solo está en medio del conflicto por culpa de los americanos. Irak, de nuevo comparándolo con Colombia, está inmerso en una crisis de décadas: La guerra contra Irán (1980-1988), la Guerra del Golfo (1990-1991) y la invasión del 2003. Países ajenos al contexto iraquí, podrían considerar la última invasión como un triunfo por la captura y posterior muerte de Sadam Husein, pero la realidad es otra. Nosotros tenemos un aforismo que dice: “nos quitaron a Alí Babá y nos dejaron a los 40 ladrones”. Así fue, murió Hussein y quedaron en el poder otros tan corruptos como él.

¿Cómo se graba un documental en medio de las balas?

Efectivamente yo asumí un riesgo cuando decidí grabar este documental en medio del conflicto, pero es el mismo riesgo que toman los adultos cuando van al trabajo y los niños a la escuela, de esa misma manera yo hacía mi trabajo. Se aprende a vivir en una cotidianidad violenta. La película es un reflejo del heroísmo de la personas del común, de la gente simple que desarmada vive en guerra.

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