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Imágenes de la guerra

En el pasado Festival Internacional de Cine de Toronto 2008 se estrenó el documental Sin tregua, del realizador colombo-suizo Juan José Lozano: un estremecedor retrato de la violencia en Colombia.

2010/06/30

Por Hugo Chaparro Valderrama

Después de hacer una larga fila que bordeaba la calle un numeroso público descubrió en la pantalla la geografía de Colombia. Las imágenes revelaban una belleza de tarjeta postal amenazada por el zumbido de los helicópteros. En el documental, el ejército sobrevuela la zona. Podría tratarse de otra película de guerra. Pero Sin tregua nos recuerda que no es una ficción. La presencia de un periodista en medio del rastro que dejó el combate sitúa al espectador ante un hecho “de la vida real”. Otro episodio del conflicto que ha sumergido a la población civil en un estado de pánico.

Hora y media después, cuando las luces se encendieron, el silencio fue absoluto. La sesión de preguntas y respuestas se inició lentamente. Durante una hora, la presencia del realizador Juan José Lozano; del periodista, Hollman Morris, alrededor del que gira la historia del documental; de su mujer, Patricia, y de los productores del film, el público pudo enterarse de otra versión de la realidad colombiana distinta a la del escándalo y el sensacionalismo con testigos de primera mano.

En la información entregada a los periodistas acreditados en el festival, una declaración de Lozano explicaba de qué se trata su película: “Es un film acerca de un hombre, sobre alguien real —dice Lozano—. Sucede en Colombia y, en este sentido, es también una película sobre Colombia. Aunque esta historia puede suceder también, con variaciones, en muchos otros países donde los periodistas trabajan bajo presión. Sin embargo, en mi opinión, no se trata simplemente de la historia de un periodista. Es algo más. Es la historia de un ciudadano y de nuestro papel como miembros de una sociedad. Acerca del concepto de compromiso en un mundo donde esto parece perder su significado”.

Sin tregua es también un documental acerca de la intolerancia que define a Colombia. Una explicación de los motivos que han prolongado su largo rastro de asesinatos. El eje central del relato es el periodista Hollman Morris quien, a manera de cronista, denuncia el malestar. Un reportero de guerra que honra su oficio y se revela esperanzado en reconstruir lo que le deje el desastre al país del Sagrado Corazón de Jesús. Amenazado, su historia ha transcurrido a la sombra de los crímenes revelados en sus reportajes. Su intención: darle un rostro y una imagen públicos a los que de otra manera serían simplemente cifras en el censo de la muerte.

Lozano alterna la visión global del país con la intimidad de Morris. Lo visual y lo temático se contrastan en un diálogo que explica las pesadillas del territorio nacional con la vida familiar del periodista. Tras la imagen pública del testigo que denuncia, surge la presencia entrañable y la lealtad de su mujer, Patricia, acompañada por sus hijos en medio de tensiones que oponen a la fortaleza con la fragilidad ante la incertidumbre.

El relato se inicia con una declaración moral en términos visuales acerca de cómo nos ven, nos vemos o no quisiéramos vernos en medio del conflicto. Sobre la ignorancia del país oficial ante el país secreto, descubierto cuando sus regiones están marcadas por la muerte. La cámara muestra un televisor en la cocina de un restaurante. Su pantalla enseña la cuota de horror cotidiana entregada por los noticieros. La imagen se desplaza tras una mesera que lleva la comida hasta el lugar donde unos comensales disfrutan de la noche. Ignorando la barbarie, la celebración de los que están todavía del lado de acá de la tumba sugiere una burbuja de felicidad precaria.

Titulado convenientemente en el catálogo de Toronto como Unwanted Witness [Testigo indeseable], Sin tregua presenta al testigo hecho “objetivo militar” en el que se ha convertido Morris para los que se aprovechan de la guerra y no quieren ser inculpados. Un periodista que tras ser galardonado en el año 2006 con el Premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en México, recibió en su país un silencio elocuente con el que se demuestra de qué manera es considerada su independencia —tanto así que su programa Contravía está en la actualidad fuera del aire por falta de fondos.

Los recursos visuales y sonoros matizan el transcurso de la narración. La cámara al hombro y su filmación sobresaltada ayudan para que el espectador perciba las circunstancias inestables y nerviosas en las que trabajan Morris y su camarógrafo. El zumbido de los helicópteros es permanente en la selva. En la ciudad, el montaje de la imagen y el sonido sobre varios edificios filmados en la noche, agobiados por el rumor de las telenovelas, describe a un espectador entregado al show doméstico donde tercamente se han filtrado?otras versiones del país distintas a las oficiales.

El realizador se hace invisible tras la cámara. No interrumpe el transcurso de los hechos. Observa con una distancia prudente a su personaje para retratarlo de manera espontánea. El azar le regala momentos decisivos de su biografía. Un momento crucial entre Morris y su esposa, que define la relación a la sombra de las amenazas.

Sobre la vida y el trabajo de Hollman Morris, el coraje de su esposa y la vida en un lugar insólito llamado Colombia, adicto a la violencia de manera sorprendente, Sin tregua es una semblanza del horror y sus destrozos, al mismo tiempo que una descripción de la supervivencia por la que se rescata lo mejor del ser humano en medio de la ruina. Desafortunadamente, no se trata de una ficción. El documental tiene la certeza de la realidad. Y así como los personajes están en la pantalla en una situación extrema, el espectador que observe esta película quizás pueda presentir que tampoco tiene por qué permitirse tregua alguna ante la incertidumbre del caos. Una sensación que surge mientras se recorren, tras la proyección, las calles de Toronto y sabemos que todo continúa en un país donde su realidad es semejante al peor de los delirios proyectado sobre una pantalla de cine.

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