Jericó, el infinito vuelo de los días es la opera prima de Catalina Mesa.

Elogio de las mujeres antioqueñas

'Jericó, el infinito vuelo de los días', dirigido por la cineasta Catalina Mesa, es un documental narrado entre santos, anécdotas hilarantes y una nostalgia palpable. Un retrato íntimo de los pueblos paisas y sus habitantes.

2016/10/10

Por Santiago Serna Duque

Doña Chila habla en letra pegada. Su profundo acento, de origen arriero, retrata esa autenticidad y potencia femenina de las señoras antioqueñas: “En la vida a mi Señor no me des plata. La plata que me vas a dar, la lotería que me vas a regalar cuando esté vieja, es que me vaya a morir a Jericó”. Reflexión que delata una realidad intima y solitaria a la que se enfrentan muchas mujeres en Colombia.

En el marco del BIFF hablamos con la directora Catalina Mesa.

Se educó audiovisualmente en Francia y lleva más de una década permeada por su cultura, ¿por qué retratar una historia rural antioqueña?

Porque yo soy antioqueña. A pesar de todas la peripecias y los estudios por fuera, siempre mi corazón y familia están acá. Cuando uno tiene raíces fuertes puede volar alto. Entre más distancia tengas con tus orígenes te permites ver la cultura con una cierta objetividad y neutralidad. Puedes tener varios puntos de comparación que enaltecen la belleza auténtica y las diferencias. Esa lejania es muy importante para renovar las miradas. Hace siete años, cuando mi tía abuela murió, me prometí que iba a contar la historia de esa generación de mujeres para hacer un homenaje a su sabiduría. Es una sociedad donde el espíritu y los valores nunca mueren, sino que se van transformando y transmitiendo. Decidí volver a Jericó para hacer un retrato al espíritu de esos tiempo.

La experiencia en Europa me ha enseñado la importancia de la memoria y la identidad cultural. Es verdad que nosotros no tenemos un Balzac o un Víctor Hugo, pero tenemos a Hugo Martínez o Manuel Mejía Vallejo. 

El origen del documental es puramente femenino, ¿cómo no caer en la tentación de convertirlo en un relato feminista?

Yo soy cero feminista. Entiendo la potencia de los géneros como un tema de energía entre la masculinidad y la feminidad, porque ahora en nuestra generación esa conversación de género es mucho más compleja. En mi infancia, Jericó fue transmitido a través del corazón de una mujer, así que yo sabía que quería regresar para encontrarme con esa identidad femenina. A pesar de eso, las protagonistas del documental tienen una energía masculina increíble, es decir, son mujeres valientes que no ocultan las añoranzas y recuerdos de sus vidas, en las que los hombres, sus amores, son parte vital.

Soy mujer, pero siempre trato de buscar el equilibrio. Por ejemplo: en la última escena de la película un niño le dice a una niña: "aprende a volar", frase que simboliza un equilibrio sano, alejado del que le tocó a estas mujeres, que a causa de la violencia y la religión vivieron algo desequilibrado.  

Las señoras antioqueñas son camanduleras y conservadoras, ¿cómo logró desnudar su capacidad oculta de desparpajo y descaro?

El proceso fue muy espontáneo. A veces yo les hacía preguntas para que indagaran en su memoria. Uno puede conocer al otro en la medida que uno se conoce a sí mismo, en esa búsqueda interior pude establecer momentos en los que se presentan frente la cámara autenticas, sin juicios. Fue, en ese diálogo sensato, donde creamos un espacio de rodaje amoroso, de confianza, de comodidad total, donde cada personajes surgió naturalmente. Yo pienso que el gran regalo que me dieron fue su autenticidad, profundidad y confianza.

¿Para las protagonistas el humor es la mejor fórmula de olvido?

Una de las cosas que más admiro de ellas es la capacidad de reconciliar los opuestos de la vida. Algo valioso de nuestra cultura antioqueña es que no nos mostramos como víctimas. Nunca sentí que fueran mártires. Tenemos esa capacidad de reconciliar el dolor con el humor, la feminidad y la valentía, la dulzura y el coraje; sumado a la disciplina de trabajo, son valores extraordinarios y característicos en estas señoras. Gustav Jung, el psicoanalista, hablaba mucho de un término (más allá de los opuestos) que explica cómo el inconsciente busca soluciones creativas para los problemas. Estas mujeres utilizan el humor como una de esas soluciones. Como dice Chila: "a la vida hay que ponerle un granito de dulzura".

Cuando vi el documental sentí que algunas escenas eran actuadas, ¿cómo no cruzar el umbral entre el documental y la ficción?

Ahí estás tocando el punto esencial de mi documental. Este es un trabajo entre realidad y ficción. Fue un largometraje cocreativo-experimental donde nunca definí cómo cruzar esa línea. Gracias a los encuentros esporádicos y la conversaciones día a día no se fijó ese límite del que hablas. Se construyó un camino donde una va traspasando esa frontera de un lado a otro.

Esta inmersión en el rodaje avanza gracias a la innovación tecnológica de los dispositivos que nos permite hacer un trabajo libre. En este caso yo tenia una Canon 5D y micrófonos muy ligeros que generaban una intimidad muy grande y, al mismo tiempo, una adaptabilidad con el espacio que me permitía jugar con la realidad como yo quisiera. Para mis próximos proyectos quiero estudiar ese modelo narrativo entre la ficción y la realidad, que realizadores y filósofos como Jean Rouch y Edgar Morin han sabido trabajar.

Además de los personajes, el documental está lleno de imágenes coloridas y de música autóctona, ¿cómo convergen ambas?

Lo que pasa es que yo siempre he sido muy bailarina. ¡Me encanta bailar! Nuestra cultura es muy musical, para mí editar es cómo coreografiar la vida, es poner a danzar la realidad de mis imágenes. Mi trabajo siempre estará lleno de música y, como en este caso, era un largometraje etnográfico, de conservación, ¿cómo dejar a la música afuera? Nosotros siempre estamos rodeados de boleros, tangos, baladas, entonces, parte de mi tributo a esa generación era ponerle su música. La maestra Teresita Gómez me permitió utilizar los derechos de algunas de sus canciones para la película. Quién mejor que una mujer antioqueña, de 73 años, para ambientarla. También hay temas, un poco más sofisticados, de Lucho Bermúdez y Pérez Prado. Quería que esto fuera un itinerario danzante musical, una celebración.

¿Este puede ser un relato de memoria que dignifica a la victimas rurales del país?

La verdad es que me quiero alejar de una posible discusión política o de la coyuntura actual, porque hice este documental sin tiempo. Lo hice para dejar una memoria que en cincuenta años estará vigente. Si hoy el documental es un reflejo de la realidad rural femenina que aporta, como un bálsamo, a esta incertidumbre, me parece una dicha. Pero realmente mi intención era hacer una obra atemporal que haga homenaje a nuestras raíces antioqueñas para siempre.

La película ha tenido un interesante tránsito por festivales como el de Toronto, Vancouver, Lima, Mostra de Sao Pablo y Docaviv de Israel.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación