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La emperadora de la pantalla

Helen Mirren no es la típica protagonista de primera línea, sino la delicada presencia. Pero en La reina, la última película de Stephen Frears, la Mirren es el centro de todo.

2010/03/15

Por Juan Guillermo Ramírez

La reina está ambientada en una semana crítica y convulsionada. El 31 de agosto de 1997 murió en París Diana de Gales junto al millonario Dodi Al Fayed. Al estrellarse el carro, en uno de los túneles del Pont del Alma, también estalló el mundo. Primero, su entierro. Luego, las difíciles relaciones que establecieron el recién elegido primer ministro Tony Blair y la encarnación de lo más ortodoxo y añejo de la tradición monárquica británica: la reina Isabel II. Hasta ahí el hecho. Después viene la andanada de Stephen Frears: su película es un afilado bisturí blandido para diseccionar una de las más íntimas obsesiones que recorren buena parte del cine del notable director británico (el mismo de Mi hermosa lavandería, Sammy y Rosie y Las amistades peligrosas): cómo funcionan, en un marco histórico específico, las mentalidades humanas. El tema de esta biografía en imágenes puede resultar aburrido sobre todo para los jóvenes, pero otros pueden encontrarse con un relato fílmico que se aleja de cualquier pretensión amarillista de un acontecimiento que siempre llama la atención a los medios de comunicación: los escándalos de la monarquía.

La reina es un maravilloso retrato de cómo una educación castradora puede llegar a impedir que una persona inteligente entienda un momento histórico determinado en el que se le exige que actúe contra sus más íntimas convicciones. La película sustenta su relato en entrevistas con varios personajes bastante cercanos a la casa real y expertos en el tema, para mostrar un retrato íntimo, desnudo y a veces cínico de una familia en crisis y del primer ministro.

Pero ¿por qué comenzar hablando de la trama de la película si la protagonista de este artículo es Helen Mirren? Porque ésta, sin ella, no sería, nunca, la misma. Mirren logra construir con su personaje el retrato fiel de Isabel II. Ella es el centro de todo, es la verdadera reina y es un delicioso deleite para los sentidos. Con su excelente interpretación, es el personaje que siempre se ve: sus miradas, gestos, palabras y movimientos.

Helen Mirren es una de las actrices más conocidas y respetadas tanto en Gran Bretaña como en el mundo. Su trabajo deambula entre el cine, el teatro y la televisión. Se hizo famosa al interpretar mujeres complejas y ha sido premiada por sus fuertes interpretaciones.

Comenzó su carrera en la compañía National Youth Theatre y se unió a la Royal Shakespeare Company. Su carrera en el cine empezó a finales de los sesenta con Age of Consent, que protagonizó junto a James Mason, pero el papel que la consagró fue el que interpretó en El largo viernes santo: Victoria, la dura pero amante sexy de Bob Hoskins, un impredecible gangster londinense.

Frente a la pantalla ha sido asesina a sueldo que se va muriendo de cáncer en Shadowboxer, fue una malvada profesora secuestrada por la adolescente más linda y más inteligente del curso en Secuestrando a la srta. Tingle. Fue la esposa angustiada, frustrada y rabiosa al conocer la verdad del pasado oculto de su marido secuestrado cuando es interrogada por la policía en La sombra de un secuestro, fue cortesana discreta y dionisíaca en la vida escandalosa de Calígula. Fue una madre angustiada y triste a causa de las andadas de sus hijos en los tiempos del ira en El nombre del padre. Fue una mujer desempleada que sin pudor se desnuda con sus años y su cuerpo opaco por el paso del tiempo en Chicas de calendario. Fue la esposa adúltera en un cuarteto magistral conformado por El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante. Fue la sospechosa de un crimen en la elegante y sobria película del triste y siempre recordado Robert Altman en Gosford Park. Fue la malvada y seductora mujer guerrera con los caballeros de la mesa redonda en una cama muy ancha en Excalibur.

Y así, sin que ella misma se dé cuenta, se va enfrentando a esa tradición imperante y ya presente en algunas películas contemporáneas que se sustentan sólo en la presencia actoral, llamadas con razón “cintas de elenco”, en donde el tema es secundario. Helen Mirren se llama esta mujer de mil rostros que sustenta el género del cine de “personajes”. Una presencia actoral hecha a conciencia, que ha convertido a Helen Mirren en una actriz respetada por todos. Ella es una de las pocas y verdaderas actrices contemporáneas que ha sabido crecer con el tiempo, que se ha dejado seducir por los retos y que ha encontrado en su madurez artística el reconocimiento de la crítica y de sus colegas.

A propósito, como afirma el escritor y guionista argentino José Pablo Feinmann: “Hellen Mirren, actriz que todos amamos, talentosa, sin cirugías ni siliconas, con sus cincuenta y pico largos encima y cada vez más bella, más seductora. Como cuando entra en la morgue seguida de un joven inspector que la acompaña en el caso que investiga. El forense destapa el cadáver. Ella lo mira, el joven inspector también. Ella le pregunta: ‘¿Tiene un baño por aquí?’ El forense pregunta: ‘¿Quiere vomitar?’ Y ella dice: ‘Yo no, él’. Y el joven inspector se hunde en el primer baño que encuentra”.

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