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Cartagena: la pantalla amurallada

Arcadia le pidió a dos expertos que hablarán sobre la evolución del Ficci, el festival de cine más viejo de América Latina, que empieza a rodar el 11 de marzo.

2015/03/11

 

 

 

 

 

 

Sandro Romero Rey, escritor y cineasta

La primera vez que fui al Festival de Cine de Cartagena fue en 1979. Dos años atrás, Andrés Caicedo se había suicidado, un 4 de marzo. Una de sus frustraciones inmediatas había sido que el periódico donde trabajaba, le había negado los viáticos para asistir al evento. Es muy probable que si hubiese cumplido la cita anual con la cinefilia caribeña su destinito fatal hubiese sido muy distinto. Según la leyenda, el festival que fundó don Víctor Nieto, finalizando la década del cincuenta, fue un evento de grandes estrellas y jugueteos con los estereotipos internacionales. Allí se gestó, de acuerdo con los curiosos, la idea inicial de “Chinatown”, cuando Roman Polanski y Jack Nicholson se bronceaban en la piscina del Hotel Caribe. Los años pasaron y, para mi generación, Cartagena se convirtió en sinónimo de desenfreno cinéfilo. Gracias a la complicidad de Víctor Nieto Jr., con mis amigos del llamado “Grupo de Cali” fuimos muchas veces al festival, a veces como periodistas, otras como protagonistas de algunos de nuestros títulos. Allí se estrenó “Pura sangre” de Luis Ospina y sus salas de exhibición siempre nos acogieron. Gracias a Cartagena conocimos, en cuerpo y alma, a Fassbinder, a Cantinflas, a Dominique Sanda, a Román Chalbaud, a Paul Schrader, a Barbet Schroeder, a Néstor Almendros, a Bertolucci, entre muchos otros. Cartagena ha sido nuestro Cannes, en la medida en que allí se combina la celebración con la polémica, la cinefilia con la frivolidad, el rigor con la desmesura. Tras la muerte de Víctor Jr., el festival tuvo un período en el que se le hizo énfasis al cine latinoamericano, bajo la batuta de García Márquez. Pasó un tiempo de transición hasta que Monika Wagenberg puso la casa en orden y, hoy por hoy, contamos con un festival que no tiene que envidiarle nada a ninguno de los grandes acontecimientos cinéfilos del mundo.  

 

Nicolas Morales, columnista y uno de los jurados de este año

¿Cómo puede en pocos años un festival cambiar tan radicalmente su reputación? Es una buena pregunta. Algunos dirían que es un asunto de reclutamiento. Es decir, los directores y juntas directivas deben ser bien escogidos; otros que tiene que ver con su supervivencia (un festival que andaba moribundo) y que no tiene opciones sino de mejorar. Y otros de presupuesto. Lo cierto es que  después de tanta historia recorrida podríamos decir que el Ficci hoy es un festival moderno. No es poca cosa aclararlo. Los festivales como la mayoría de eventos internacionales, si desean trascender, deben ser modernos, internacionales y conectados con las tendencias transmediales. Eso parece evidente pero los que estudiamos las dinámicas de la cultura en países como Colombia sabemos que los sucesos culturales dependen de lógicas muy aleatorias a veces fundadas en la política, las relaciones y el azar. Este festival cogió fuerza porque abandonó todo eso. Es decir, dejó a un lado ese saber hacer parroquial, que se basaba en una reputación histórica lejana y se insertó en algo que parece está asociado la gerencia cultural con criterio. Por eso llegó la curaduría en todo el sentido de la palabra (buenos directores, buenas películas); los eventos paralelos (conferencias, homenajes de calidad y pertinentes); las relaciones públicas (con la industria, los gremios y la prensa cultural) y la conexión con la sociedad (un festival gratuito, que lujo).  Por último, es un festival ordenado. Y eso, perdónenme, es un milagro en estos parajes.

 

***

 

Creado en 1960 por un grupo de personalidades y empresarios del mundo de la cultura cartagenera, y apoyado por la FIAPF (Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos), el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (Ficci), hoy se ha posicionado como uno de los eventos cinematográficos más importantes del continente. “En Latinoamérica primero está el del Mar del Plata, luego los de Brasil, y en un tercer escalafón pondría el de Cartagena. Todavía nos falta pero ahí vamos encaminados”, asegura el crítico de cine Juan Carlos González.

La organización del evento, a cargo de la Corporación festival de cine de Cartagena, entrega la estatuilla India Catalina a lo mejor del cine Iberoamericano. Su primer director, Víctor Nieto Núñez, se mantuvo a la cabeza hasta su muerte en 2008. Este año se realiza la edición número 55 y cuenta con una nueva directora: Diana Bustamante, quien reemplazó a Mónica Wagenberg.

Este año la edición gira en torno a la memoria: incluirá varias retrospectivas entre las que se destacan la presentación de las diez producciones más emblemáticas de la historia del Ficci y un tributo a las películas de vaqueros. Además se realizarán homenajes a directores clásicos como Raymond Depardon y Michael Fitzgerald.

Más información en http://ficcifestival.com/

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