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La Gran Apuesta: una clase sobre la crisis financiera

La película de Adam McKay trata un tema ya conocido: la crisis económica del 2008. Pero logra hacerlo de manera diferente, creando una complicidad con el espectador que a pesar de utilizar la comedia, en el fondo sigue siendo una historia dramática.

2016/02/26

Por Redacción Arcadia

Detrás de lo que aparentemente está escrito y no puede refutarse, siempre habrá un espacio para la duda, un espacio para las ideas que se resisten, un espacio para los que observan. En medio de la seguridad que representan las cifras y donde no hay cabida para el error, alguien le apostó a lo que nadie debía apostarle porque era como atentar contra el mismo dios: el mercado hipotecario.

En el 2008 estalló la crisis económica. La Gran Apuesta comienza tres años antes cuando el nervioso Michael Burry, interpretado por Christian Bale, vio el primer indicio de que podría existir una burbuja en el sector financiero que llevaría al mundo a un colapso financiero. “¿Te aburren los términos? Bueno, se supone que así debe ser” dice Ryan Gosling, interpretando a Jared Vennett a la cámara, convirtiéndose en el narrador de la historia.  

Y en ese mismo tono va a hablar su director, Adam McKay, al espectador. Le va a decir que es con él, que es normal que se sienta ignorante, que no se culpe por eso, que más bien para eso está él ahí, para contarle sin “pelos en la lengua” cómo Estados Unidos cayó en esa devastadora crisis. En esto recae el poder de esta película.

En el mundo financiero, donde las cifras dominan todo, no hay lugar para los sentimientos y así lo retrata esta historia en la que sus personajes están encerrados en un la lógica de ganar o perder. Pero hay dos momentos particulares en que los personajes salen de su ensimismamiento. Steve Carell, interpretando a Mark Baum, recuerda la muerte de su hermano. Y Brad Pitt, en el papel de Ben Rickert, se pregunta por los verdaderos damnificados de la crisis, que evidentemente no son los bancos.

Retratar la historia de la crisis financiera es todo un desafío, pero Adam McKay sale victorioso porque logra mantener el ritmo de la película sin que se torne aburrida. El espectador se sentirá parte de la historia, se encontrará con las imágenes en forma de collage que hablan de la historia reciente. Ahí están los testimonios que hacen de La Gran Apuesta un registro más de la memoria colectiva.

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