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La maldita película del verano

¿Quiénes son los responsables de lo que vemos? ¿Qué opinan de las críticas sobre la pobre cartelera? ¿Cuál es su justificación? ¿Por qué las opciones son tan pocas?

2010/03/15

Por Juan Esteban Osorio

El concepto del “maldito” viene de las listas de música, de los mercados donde el verano es a mitad de año, y la “maldita canción del verano” hace referencia a esos sencillos que amenazan con cambiar la historia de la música, por dos meses, y en lugar del huracán planeado, se convierten en lloviznas que duran lo que dura el verano. Hay todo un firmamento de estrellas fugaces que han pasado por ahí, nombres olvidables, discos perdidos, trabajos reciclables. Son canciones e intérpretes de diseño, prefabricados, con sabor a nada, a pesar del efecto de choque que ostentan, no están hechas para durar, ni siquiera para ser recordadas. Duran lo que un verano, y ya está.

En la cartelera de cine se replica un fenómeno similar. La temporada de vacaciones en Colombia aunque no tenga nada de verano, coincide con la época de lanzamientos de las grandes producciones de Hollywood, donde no siempre coincide tamaño del presupuesto con calidad de las cintas. O, en el mejor de los casos, son películas orientadas para el público infantil y adolescente, que en muchos casos, después de dos semanas de reiteraciones, aburre al más entusiasta.

No es una situación nueva, ni tampoco se avecina un cambio que augure su final. Año tras año, de finales de mayo a principios de agosto, aterrizan sobre los teatros títulos que inundan las pantallas, los vasos de gaseosa, las vallas, los llaveros, las camisetas, las propagandas de televisión, todo lo que se pueda aprovechar como espacio publicitario. Este año los títulos cubren desde Shrek Tercero, Piratas del Caribe En el fin del mundo, Harry Potter y la orden del Fénix (quinto capítulo de la saga), Ratatouille, y algunos otros menos promocionados. Pero en general, y aunque público y distribuidores se molesten, son películas dirigidas a un publico de no más de quince años.

¿Hay vida en el cine de vacaciones para algo más allá de los dibujos animados, las aventuras adolescentes y piratas más adultos? Difícilmente.

Carlos Llanos, gerente encargado del departamento de Distribución de Cine Colombia, lo explica: “El mercado impone las condiciones: los grandes asistentes a cine de mitad de año son familias, niños y jóvenes. Es el momento en que Hollywood estrena sus enormes producciones, de grandes presupuestos: desde Spiderman hasta Ratatouille. Y en Colombia estamos casi al día –muchas de estas cintas se estrenan en simultánea mundial–, y hasta cierto punto, seguimos con esta tendencia”.

Hay un argumento que resulta imbatible para los que se quejan de esta inundación de taquillazos: al público le encantan. Son películas que van a la fija, no fallan, sostienen y mantienen. ¿Cuál es entonces el problema? Que además de todos los espacios disponibles para publicidad, las películas se toman por asalto la mayoría de teatros –especialmente los multiplex– y dejan muy poca oferta al resto del público, que, o ya superó ciertos cómics y otras sagas, o ya las vieron, y no están muy tentados de repetirlas. Los grandes teatros argumentan además, que parte de las salas, están ofreciendo hace algunos años lo que hace décadas no era una opción: escoger entre idioma original con subtítulos o versiones dobladas al español. Es decir, más de lo mismo.

Claro que hay opciones. Héctor Rosas, gerente de UIP en Colombia (United International Pictures) que entre otros distribuye a cadenas de teatros como Cinemark, aclara: “Somos conscientes de esta situación, y aunque participamos de la cartelera y nos conviene tener títulos nuestros con tanta difusión, también ofrecemos otro tipo de productos, alternos a las grandes ofertas de los estudios”. Y es factible reconocer otros nombres, menos uniformados: al lado de Los cuatro fantásticos, está La cambiadora de páginas que ha podido sostenerse con dignidad al lado de estos blockbusters de la industria. Hostal 2, una apuesta por el cine gore, y Pregúntale al viento, (una adaptación de un libro de John Fante), resultan ser opciones relativamente comerciales a disposición del público.

¿Y qué dicen las otras opciones?

Elba McAllister de Cineplex opina que es un trabajo muy complicado, porque hay una cultura del estreno que resulta muy difícil de enfrentar, por obvias razones. “Nosotros intentamos desde nuestros espacios proponer alternativas, salir con opciones, especialmente pensando en el público que está esperando más que lo que ofrece la cartelera tradicional. Hemos intentado romper ese cerco incluso con películas nacionales, pero sigue siendo una labor dispendiosa”.

Federico Mejía de Babilla Cine, apunta a la misma dirección: “El campo que nos queda a nosotros, los distribuidores alternativos, es muy reducido. Las grandes compañías de distribución disponen de los multiplex, y ahí nos llevan mucha distancia a los demás. Nuestras opciones son intentar buscar circuitos alternativos, lograr otro tipo de salas, exhibir material distinto, y de alguna manera se logra; en este momento en Bogotá tenemos cintas como El arco, Un año sin amor, que se enmarcan dentro de una propuesta completamente ajena a lo que imponen los tanques americanos del cine.

¿Queda alguna salida? El mismo Mejía insiste: “Fortalecer el circuito alternativo de teatros, de espacios alternos que ofrezcan otro tipo de producto, que sirvan de opciones alternas, tanto a nosotros los distribuidores, como al público”.

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