Valentina Herszage interpreta a Bia.

‘Máte-me por favor’, un slasher brasileño

La directora Anita Rocha de Silveira debuta con una película en la que el sexo, la religión y la muerte coinciden para crear una atmósfera pueril, donde varios jóvenes son acechados por un asesino serial. El film se presenta en el FICCALI.

2016/11/12

Por Santiago Serna Duque

En el barrio Barra de Tijuca, zona oeste de Rio de Janeiro, varias mujeres han sido ultrajadas y posteriormente masacradas. Un homicida anda en las calles. Nadie sabe nada. En un colegio cercano a las escenas de los crímenes, la curiosidad mórbida de un grupo de jóvenes -potenciales víctimas-, se traduce en diálogos llenos de hipótesis desatinadas. Versiones que se confunden con lapsos oníricos, que como los asesinatos, apuntan a escenas sádicas. Entre las adolescentes, Bia, una chica de 15 años, asume el papel protagónico tras un encuentro cercano con la muerte.

Esta ópera prima de Anita Rocha de Silveira (Balonmano, Los muertos vivos) evoca una atmósfera de filmes slasher que tuvieron su época dorada en los ochenta con títulos como Halloween (1978), Viernes 13 (1980) y Pesadilla sin fin (1984), pero es además una alegoría a la fuerza femenina, con la que ha coqueteado en sus cortometrajes previos. Los personajes se alimentan de la morbilidad, la adrenalina, el sexo y un humor flojo, en una obra urbana intervenida por aspectos de lo fantástico. Es un largometraje con retazos de Lynch y Carpenter en el calor de Rio de Janeiro, que no solo manifiesta la efectividad de la sangre gracias a escenas brutales, sino a través de los vestidos purpuras y rojos que iluminan la sala de cine.

Bia, conforme avanza la película, se ve seducida por pulsiones masoquistas propias de alguien con Síndrome de Estocolmo. De su mente no desaparece el verdugo sexual: ¿qué es lo que busca el animal?, ¿sexo, muerte… ambos? La adolescente siente una fijación suicida por caminar en los lugares donde se perpetraron las matanzas. Parece que quisiera jugar con la muerte de primera mano y claramente hay alguien que puede complacer sus deseos.

En Máte-me por favor, fiel al subgénero de terror slasher, la autoridad paternal ocupa un lugar secundario. Son ellos, los niños, quienes toman decisiones propias de adultos, quienes asumen sus miedos y enfrentan la maldad, sin esa debilidad propia de los menores. Aquí, cada uno se da a conocer en una etapa de emancipación mental y física. Además, actos juiciosos como el sexo o las creencias religiosas coinciden como una crítica a la sociedad latinoamericana, donde fornicar o ser ateo es mal visto.

Este grupo de adolecentes es el espejo de una juventud brasileña -si se quiere latinoamericana- progresista, arriesgada, alejada de las taras sociales impuestas por la religión y los padres opresores. Bien por el Festival de Cine Internacional de Cali que prometió traer películas con personajes “temerarios, arriesgados, provocadores, que empujan sus vidas a límites insospechados”, porque cumplió.

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