El director de cine mexicano Arturo Ripstein (centro) posa junto a las actrices mexicanas Patricia Reyns Spindola (izquierda) y Nora Velázquez (derecha) durante el pase gráfico de la película "La calle de la Amargura" durante la 72 edición del Festival de Cine de Venecia

Latinoamérica triunfa en el Festival de Cine de Venecia

Ayer se proyectaron las últimas dos realizaciones de este lado del hemisferio. En total fueron 21 largometrajes los que participaron en la Mostra. Mención especial para el realizador mexicano Arturo Ripstein.

2015/09/11

Por EFE y Arcadia

Como parte de la edición 72 de la Mostra, el Festival Internacional de Cine de Venecia, el director mexicano Arturo Ripstein recibió un reconocimiento por los 50 años de su carrera.

El realizador presentó, fuera de competición, La calle de la amargura, un sólido ejemplo de su cine seco y poético. El  estilo de la cinta se adapta mejor a la ausencia de color, algo que ha intentado mantener en todas sus películas porque, según él, "la vida es en blanco y negro".

"Hace 65 años empecé a ver cómo se filmaban las películas y entonces era prácticamente todo en blanco y negro, así que empecé a encontrar el rostro mexicano en el cine en blanco y negro", afirmó en rueda de prensa el veterano realizador mexicano, quien en 1999 hizo la adaptación al cine de El coronel no tiene quién le escriba.

Esto fue lo que sintió el escritor argentino Alberto Manguel cuando leyó esta novela de García Márquez.

Entre otras, el mexicano es el autor de películas como El castillo de la pureza (1973), Principio y fin (1994), Profundo carmesí (1996) y La virgen de la lujuria (2002).  

Alberto Barbera, director del Festival de Venecia, describe a Rispstein como el director "más vital, tenaz y original de la generación que hizo su debut a mediados de los años sesenta". Además, Barbera resaltó que el mexicano fue precursor de autores como Carlos Reygadas, Guillermo del Toro y Nicolás Pereda y el constructor de un "inquieto y afligido universo, poblado de personajes patéticamente al borde del abismo en el que están destinados a caer".

Triunfo latinoamericano en Italia

Ayer, además de La calle de la amargura, se presentó Desde allá, del venezolano Lorenzo Vigas, con las cuales se cerró la participación de películas latinoamericanas en la 72 edición del Festival de Venecia. La acogida de las diferentes propuestas de esta región fue más que favorable.

Tanto las dos películas en la competición oficial, Desde allá y El clan (esta última del argentino Pablo Trapero), como los otros seis largometrajes y tres cortometrajes procedentes de América Latina fueron aplaudidas en su presentación en el Lido veneciano.

Un resultado que se esperaba desde que a finales de junio el director de la Mostra dijera durante la presentación de la programación, que "el cine latinoamericano es el más novedoso e interesante hoy en día de todo el planeta".

"Lo más fresco e innovador proviene de América Latina", agregó Barbera.

En la sección oficial, Desde allá, una producción de Venezuela y México, propuso una visión compleja de las relaciones humanas en una Caracas convulsa, en un momento muy tenso, tanto social como político. Todo esto se ve reflejado en una historia que protagoniza el chileno Alfredo Castro.

Mientras que la hispano argentina El clan trasladó a los espectadores a la Argentina de finales de la dictadura e inicios de la democracia. La historia presenta unos hechos delictivos reales, protagonizados por la familia Puccio, quienes se dedicaban al secuestro y la extorsión. La película se ha convertido en un fenómeno en su país de origen.

Estas son apenas dos entre las 21 películas que participan en la competición y que se disputan, entre otros premios, un León de Oro que se entregará el sábado por la noche. En la ceremonia de mañana, otro mexicano será protagonista: Alfonso Cuarón preside el jurado que anunciará a los ganadores.

La obra de Ripstein

La buscada ausencia de color pretende provocar al espectador y hacerle implicarse en el proceso de finalización de la película, señaló el director durante la muestra de su más reciente película. Para quien, como decía Picasso, "el color debilita".

Sus películas tienen un blanco y negro a veces neorrealista y en otras expresionista, que permite la fascinación, y que se complementa a la perfección con el mundo de seres extraños y marginales que Ripstein y su mujer y guionista Paz Alicia Garcíadiego sacan de la picaresca española.

Para muchos, La calle de la amargura es un ejemplo muy claro del estilo Ripstein. Esta coproducción hispano-mexicana está centrada en la vida de dos prostitutas mayores, cansadas de no trabajar, y de dos enanos gemelos que se dedican a la lucha en un ambiente sórdido en el que todos los personajes buscan sacar algún beneficio.

Una película protagonizada por Nora Velázquez y Patricia Reyes Spíndola -en su décimo segunda colaboración con Ripstein y Garcíadiego. "Ripstein es el pilar absoluto de mi carrera. Mi carrera cinematográfica no sería lo que es sin Arturo ni Paz Alicia. He hecho 62 películas pero la gente me conoce por estas doce", afirmó Spíndola. Para Velázquez, hacer esta película es "el milagro" de su carrera.

En La calle de la amargura, Ripstein rueda con su habitual solvencia una historia que bordea sin traspasarla la línea de lo grotesco, dejando fuera de cámara las escenas que podrían caer en el morbo.

Un mundo realista pero alejado del realismo mágico que funciona tan bien en la literatura y tan mal en el cine, como señaló el realizador. "El realismo mágico en literatura está dentro de la retórica de la hipérbole, que es perfecta en palabras pero no en imágenes" y por eso el realismo de Ripstein es el de las clases bajas, las diferencias sociales, el de la mezcla de violencia, belleza, ternura, compasión y desarraigo.

 Es el cine que ha repetido en su larga carrera, una trayectoria que no le ha hecho feliz, asegura entre risas. "Es el único término que no es posible detrás de la cámara. Uno está detrás de la cámara por desdichado, por infeliz, por ansioso, por vengativo... Yo filmo por rencor. Ser así de mala persona me hace feliz", dijo el realizador de 71 años.

Un cineasta enamorado de su profesión, que vive para el cine. "Todo para mí es cine".

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