El novelista y director de cine francés Philippe Claudel.

Los desconocidos de Claudel

Retratarlos en una crónica, investigarlos en una novela o exponerlos al destino en una película: Philippe Claudel está dispuesto a todo para lograr que sus misteriosos personajes en duelo comiencen a repararse.

2011/01/25

Por Ricardo Silva Romero

Los personajes de Philippe Claudel necesitan silencio. Se van a algún lugar alejado para oír una voz, traducida, articulada y despojada de artificios por el narrador francés, que todo el tiempo les pregunta si en verdad van a ser capaces de sobreponerse a las imágenes horrendas del pasado, si van a hacer las paces con este mundo que les ha dado la culpa a cambio de sus peores errores, si van a poder verse en el espejo después de haber hecho las cosas salvajes que han hecho. Son personas de pocas palabras. Sufren de puertas para adentro. Podrían no haber cometido los crímenes que han cometido, son, a fin de cuentas, seres humanos comunes y corrientes, pero el destino les ha puesto en el camino una serie de trampas. Sus almas, según dice Claudel, son almas grises: “No conseguimos nunca agotar la batalla entre el bien y el mal”, respondió a la prensa portuguesa hace siete años.

 

Su primera obra publicada, Meuse l’oubli (1999), investiga cómo una persona se va convirtiendo, a punta de secretos y de arrepentimientos, “en un desconocido para todos los demás”. Veinticinco narraciones después, entre novelas, relatos cortos y guiones cinematográficos (“escribo muy rápido, sin planes preconcebidos, porque necesito saber en qué acaba la historia”), el retraído e inagotable Philippe Claudel sigue explorando el mismo territorio. Por el camino, mientras su nombre viaja de país en país convertido en el nombre de moda, Claudel ha recibido premios tan prestigiosos como el Goncourt, el César y el Independent Foreign Fiction Prize. Pero no ha podido ni ha querido deshacerse de esos personajes tan lejanos y tan elusivos que parecen fantasmas.

 

Nació el 2 de febrero de 1962 en Dombasle-sur-Meurthe. Comenzó a ser asaltado por ficciones a los seis años. Hubo un tiempo, entre la adolescencia y la primera juventud, en que se dedicó a la pintura, pero relatar, el hecho mismo de envolver a los otros en una trama, fue desde el principio su vocación. Acostumbrado desde niño a salirse con la suya, solo a los 35 encontró el valor para recorrer las oficinas de las editoriales con los manuscritos de sus obras. Primero, obligado, como todos, a ganar dinero, se desempeñó como maestro de colegio. Después, cuando terminó de estudiar literatura e historia, se convirtió en profesor de su propia universidad: la Universidad de Nancy. Más tarde se dedicó a darles clases a los presos de la ciudad. Y, cuando se dio cuenta de que llevaba más de diez años dictándoles apasionadas conferencias a esos hombres que sí tenían la necesidad de oírlo (“es el sueño de cualquier instructor”, dijo a la prensa española: “que sus alumnos estén ahí por voluntad propia”), descubrió que lo que tanto le gustaba de estar encerrado con los otros era comprobar una y otra vez que es imposible conocer a una persona, pero que todos tenemos en común la vocación a repararnos.

 

Apenas tuvo claro eso, que “estar frente a la historia de otro es estar frente a la propia historia”, que “todos tenemos en común la tragedia de morirnos poco a poco”, se sintió listo para poner sus narraciones en manos de los lectores.

 

Entonces empezó su segunda vida. Todos los años, desde 1999 hasta 2007, publicó al menos un libro. Y en 2008, “cuando se me despertó el deseo de controlar mi creación hasta el final”, el optimista Claudel, que se niega a mudarse a París “porque no es el centro del mundo”, dio su primer paso en el mundo de la realización cinematográfica con una estupenda película dramática titulada Hace mucho tiempo que te quiero: la historia de una ex presidiaria interpretada por Kristin Scott Thomas que, después de pasar 15 años en la cárcel, hace lo mejor que puede para encajar en el mundo de todos los días. “Cuando estaba en la universidad, a principio de los años ochenta, realicé varios cortos de varios géneros en compañía de mis compañeros”, ha dicho, “pero en mi primer largometraje como director me he descubierto volviendo a la misma preocupación de siempre: las vidas secretas que convierten a los conocidos en desconocidos, los secretos que desarman a un hombre”.

 

El protagonista de la premiada El informe de Brodeck (2007), su más reciente novela traducida al español, escribe: “¿será culpa mía?, ¿será que no sé ser hombre, ¿que no sé tomar y dejar, hacer elecciones”. Habla por todos los personajes de las narraciones escuetas de Philippe Claudel: por el hijo que se enfrenta al pasado de su madre en Quelques-uns des cent regrets (1999), por el sospechoso policía de 1917 que narra los hechos que rodearon el asesinato de Almas grises (2003), por el viejo oriental que se salva justo a tiempo gracias a una amistad en La nieta del señor Linh (2005). Son personas en duelo. Y nosotros los seguimos línea por línea, escena por escena, con la esperanza de que Claudel les devuelva la esperanza.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.