'El odio' de Mathieu Kassovitz es la película de 1995 que retrató la violencia en los suburbios de París. Sus protagonistas, un judío, un árabe y un africano estan atravesados por el odio hacia la policía francesa.

Los inmigrantes del cine francés

Las tensiones multiculturales, migratorias y postcolonialistas que atraviesan a Francia desde el siglo XIX, son temas históricamente abordados en el cine. Los cineastas franceses continúan explorando diferentes géneros y discursos para hacer grandes películas de una realidad cruda y compleja.

2015/11/18

Ahora que Francia vuelve a enfrentar una crisis social y política en su territorio, Arcadia hace un repaso de algunas películas que han mostrado la vida de los inmigrantes y los choques entre estos con la sociedad francesa. El cine es una prueba de que este problema no es reciente.

Yo, un negro de Jean Rouch (1958)
En 1958, Jean Rouch, antropólogo y cineasta inspirador de la Nouvelle Vague, realizó este documental etnográfico que revela los efectos de la colonización francesa en África. El impacto sociocultural de una juventud en crisis es mostrado a través de un grupo de inmigrantes nigerianos que llegan a Costa de Marfil (que todavía era colonia francesa) en busca de trabajo.



El odio de Mathieu Kassovitz (1995)
La violencia en los suburbios marginados de París y la que ejerce e inspira la policía engendran el odio en sus formas más virulentas. Los tres protagonistas son franceses por nacionalidad pero pertenecen a tres razas distintas: uno de ellos es judío, el otro árabe y el tercero es africano. Son amigos porque el resentimiento los une pero cada uno enfrenta, por separado, cargas muy distintas.



África Paradise de Sylvestre Amoussou (2006)

Esta película critica la situación, subvirtiéndola. Es el año 2033, los Estados Unidos de África han entrado en una era de prosperidad, mientras que Europa sucumbe ante la miseria y el subdesarrollo. Ante la difícil situación laboral que enfrenta el país, los franceses Olivier, informático, y Pauline, maestra, deciden probar suerte en África, hacia donde emigran de manera clandestina.



La clase de Laurent Cantet (2008)
Basada en la novela homónima de François Bégaudeau. La novela y la película cuentan las experiencias del autor como profesor de literatura en una escuela secundaria del distrito 20 de París, cuyos alumnos tienen orígenes culturales diversos. El salón de clases como gran metáfora social.

Figuras de guerra de Sylvain George (2012)
Durante tres años, el director acompañó a un grupo de inmigrantes clandestinos en Calais, al norte de Francia, en su intento de llegar a Inglaterra a través del Canal de la Mancha. Este documental muestra la cruda realidad que enfrentan “los clandestinos”. De cómo, por ejemplo, deben quemarse los dedos para borrar sus huellas dactilares y evitar ser detectados por la policía fronteriza.



No se casen con mis hijas
de Philippe de Chauveron (2014)

En clave de comedia negra y con todas las licencias de una película comercial, esta ficción logra exponer los prejuicios raciales de la sociedad francesa. Una familia tradicional, burguesa y católica debe ver cómo sus hijas se casan con un judío, un musulmán, un chino y un africano.



Deephan de Jacques Audiard (2015)

La película comienza en Sri Lanka, tras la guerra civil. La gente lucha por huir del país. Una mujer busca desesperadamente a una niña huérfana para hacerla pasar por su hija. Más tarde, encuentra al hombre indicado para completar la familia ficticia necesaria para escapar y exiliarse en Francia. El barrio que los acoge al llegar es un territorio de violencia igual o peor que el que dejaron atrás.




Los atentados del 13 de noviembre en Francia han puesto otra vez sobre la mira el papel de los migrantes y refugiados en este país. Ahora que la sociedad francesa debate cómo enfrentar esta crisis, estas líneas, escritas en 1958 por el realizador Jean Rouch a propósito del documental que encabeza esta lista, vuelven a ser vigentes:

"Cada día, jóvenes similares a los personajes de este film llegan de las ciudades de África. Han abandonado la escuela y el entorno familiar para intentar entrar en el mundo moderno. No saben hacer nada y hacen de todo. Es una de las enfermedades de las nuevas ciudades africanas, la juventud sin empleo. Esta juventud, enclavada entre la tradición y el maquinismo, entre el Islam y el alcohol, no ha renunciado a sus creencias, pero es seducida por los ídolos modernos…”.

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