Louis Bélanger nació en Quebec, Canadá en 1964. Foto: Daniel Reina.

"A los canadienses no nos gustan tanto las estrellas de Hollywood"

A propósito de Cine Canadá 2017, la primera versión del festival que se realiza hasta el 5 de julio en Colombia, hablamos con el director Louis Bélanger, quien recorrerá diferentes ciudades del país para hablar sobre el cine canadiense y su incidencia en la cultura norteamericana.

2017/06/29

Por Daniella Tejada García

Influenciadas por el cine de Quentin Tarantino y el de Ken Loach, y también por la música de Lou Reed y The Clash, las producciones de Louis Bélanger deambulan entre la cotidianidad y el multiculturalismo de Canadá. En 1999 ganó reconocimientos en su país por su ópera prima, Post Mortem, y desde entonces ha sido una de las voces más destacadas del cine canadiense. Recientemente estrenó la película Las malas hierbas, obra que habla sobre el encuentro entre dos hombres canadienses y una mujer chilena que llega a su país. Los personajes forman una comunidad en torno al cuidado de un cultivo de marihuana y establecen una amistad que perdura a través de los años.

A propósito de Cine Canadá 2017Bélanger estará dictando un masterclass en el que ahondará en detalle sobre la muestra escogida para este año, que tiene lugar desde el 28 de junio hasta el 5 de julio en Bogotá, Medellín, Cali, Pereira y BarranquillaArcadia habló con él sobre cine canadiense y su incidencia en la cultura norteamericana.

¿Cómo define su estilo de cine en el panorama audiovisual de Canadá?

Hay directores que van en todas las direcciones y estilos. Por ejemplo el cine de Xavier Dolan habla sobre la diversidad y la homesexualidad en entornos urbanos, el cine de Denis Villeneuve habla de la guerra en líbano, y yo, recientemente, hablo de tres personas de diferentes culturas que conviven en el campo fumando marihuana. Particularmente en La pasión de Agustín, por ejemplo, me interesé por indagar sobre el abandono y la religión en la zona de Quebec. Mi trabajo busca lo extraordinario en medio de espacios y actividades cotidianas.

Si hay un rasgo común en nuestro cine es que existe toda una variedad de temas de los que podemos escogaer y los realizadores tenemos mucha libertad para definirlos. Eso me parece un rasgo saludable para el estilo de cine canadiense. Incluso el cine emergente de Canadá tiene mucho apoyo del gobierno.

En Canadá conviven múltiples culturas y por eso el país goza de un bilingüismo que permite abarcar varios temas. ¿Cómo puede explicarse ese multiculturalismo en el cine canadiense?

Creo que Canadá es multicultural hace más de veinte o cuarenta años y poco a poco ha emergido en las ciudades. Esto se debe también a que el territorio es muy grande. En Vancouver, por ejemplo, hay muchos asiáticos y en otras partes predominan franceses. El multiculturalismo es un aspecto notorio y un poco extraño en Canadá porque puede verse en grandes ciudades como Toronto, Montreal y Quebec. En el campo, al contrario, en su mayoría se perciben rasgos de personas norteamericanas o blancas.

La realidad de los jóvenes en Canadá se ha vuelto con el tiempo más multicultural y esto ha influenciado el tipo de cine que se hace ahora, por las necesidades de los públicos. Por ejemplo, mi película Las malas hierbas habla de este multiculturalismo contando la historia de una mujer chilena que llega a Quebec. Este aspecto es diferente porque muy pocos latinos suelen habitar los campos canadienses, y esto le da un tono extraordinario a la producción.

En ese sentido, ¿En Canadá hay un apoyo monetario equilibrado entre el cine francoparlante y el anglosajón?

En Quebec, donde se aposentan las costumbres francesas, hay muchísima más ayuda que en las demás regiones porque el tipo de cine francés canadiense está en auge. Productores y directores del cine francoparlante se sienten orgullosos de este recibimiento de sus contenidos y han podido establecer una industria exitosa. Se dice, generalmente, que la parte francesa de Canadá invierte un poco más en la cultura y esto se debe a las políticas que acogen. Por ello la región de Quebec tiene un carácter independiente. Así mismo hay mucho nacionalismo en todo el país. La población prefiere ver en el cine contenidos relacionados a ellos y no a estrellas de Hollywood.

En varias cintas canadienses se puede percibir que la música clásica tiene un lugar importante. Y en la banda sonora de su película Las malas hierbas, por ejemplo, el género tiene una presencia importante ¿Qué representa la música en su cine?

En general la música clásica en el cine provoca emociones muy fuertes. En Las malas hierbas la idea de usar la música clásica fue del montajista. Cuando el editor me lo propuso pensé que era un poco cliché, pero al final resultó muy bien. En Canadá sí hay muchos directores como Denys Arcand que utilizan la música clásica, y creo que la utilizan por el mismo motivo: produce diferentes emociones en el público y las manifiesta junto a las imágenes. Sin embargo, actualmente hay directores que usan más música moderna como respuesta a los gustos de los jóvenes. Algunos de ellos han trabajado con la música de Radiohead y con música africana. Por ejemplo, Xavier Dolan, utiliza géneros mucho más modernos porque conoce muy bien a su público y sabe cómo sorprenderlos.

¿Cuáles son sus influencias del cine y la música, especialmente?

Mis principales influencias son el director de cine británico Ken Loach y las primeras películas de Tarantino. Cuando vi las primeras películas de Tarantino, inmediatamente marcaron una diferencia grande de lo que había visto antes. Pulp Fiction, por ejemplo, me llama mucho la atención porque es una historia de la modernidad que narra muchos sucesos a la vez, y las cuenta de diferentes maneras. Esta película también me gusta porque es una experiencia musical muy importante. Cuando era muy joven sentía un acercamiento especial hacia el blues. Disfruté mucho de íconos musicales como Muddy Waters, Neil Young, Lou Reed y Leonard Cohen, pero después de ellos me gustaron mucho las bandas que influenciaron los inicios del movimiento punk como The Clash. Esta banda fue una revolución para mí cuando tenía 25 años.

¿Cuál ha sido el tránsito de su cine desde su ópera prima Post Mortem hasta la actualidad?

Yo empecé en el cine con mucha inocencia pero primero fui productor y escritor, y mucho más adelante pensé en dirigir mi propia película. Post Mortem fue hecha con muy poco presupuesto e incluso, inicialmente, no tuvo ningún interés comercial o publicitario. Es una producción que a simple vista fue hecha con mucha libertad e independencia. La película fue un acto puro de creación y muy fácil para mí en ese sentido: sin dinero y sin presiones de ningún tipo. Con Post Mortem gané muy joven un reconocimiento como Mejor director en el Festival de Cine de Montreal en Canadá y me sentí un poco realizado y agradecido cuando eso pasó. Luego la gente me preguntó qué sería lo siguiente y solo les dije: "quizá apenas mi carrera comienza". Creo que las premiaciones en los festivales significan mucho en el momento, pero eso no garantiza tu éxito en las próximas producciones. Durante mi carrera he trabajado con la misma gente todo el tiempo, tengo un equipo que me ha apoyado en mi trayectoria, e incluso mi familia ha trabajado conmigo, eso me parece placentero y bello. El cine me parece, ante todo, un buen camino hacia la diversión. Puedes celebrar tus éxitos durante fiestas y reuniones en las que compartes con muchas personas. Haciendo cine no te vas a volver rico pero vas a tener mucha diversión y así se va tornando tu forma de vivir.

¿Cómo fue el proceso creativo de Las malas hierbas?

Antes de Las malas hierbas le dediqué bastante tiempo a una producción en la que debía trasladarme mucho porque era una ‘película de carretera‘. Por eso la última producción quise hacerla más simple. Quise plasmar la confluencia de nacionalidades e identidades en el campo de Quebec por medio de una historia muy cotidiana. Para lograrlo, definí una sola locación durante el invierno canadiense porque, notablemente, hacerla con más locaciones sería un reto complejo, además de que no era la intención de la historia. En ella participan los papeles de un chico inteligente de ciudad y un chico no tan educado. Y la historia se divide en dos cuando conocen a una chica joven de latinoamérica. Se puede decir que los personajes exploran sus realidades durante el invierno y crean una comunidad. Para mí, la película es, quizá, una especie de metáfora del multiculturalismo en Canadá.

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