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Lula, el melodrama brasilero

El primero de enero del año que viene se estrena en Brasil la película de Luiz Carlos Barreto sobre la vida de Lula. ¿Una estrategema política para inmortalizar al presidente que se va? ¿O puras ganas de explotar comercialmente la imagen del héroe nacional? En cualquier caso, los brasileros se preparan para llorar.

2010/03/16

Por Ricardo Viel

“Yo escuchaba a Lula contar la historia de su vida y pensaba: ‘Es como un guión de película mal escrito’, porque era tan perfecta, que sonaba falsa”. Las palabras son de Denise Paraná, investigadora y periodista que en 1996 escribió el libro Lula, o filho do Brasil (Lula, el hijo de Brasil). Paraná había trabajado con Luiz Inácio Lula da Silva en 1989, cuando el ex metalúrgico y líder sindical se presentó a las elecciones presidenciales por primera vez. Eran, también, las primeras elecciones directas tras el regreso de la democracia después de 25 años de dictadura militar. Lula perdió y el rechazo al operario en las urnas electorales se repetiría en 1994 y en 1998. Por fin, en el 2002, Brasil eligió, por primera vez en su historia, a un hombre nacido en la pobreza y que no traía ningun título académico. Por primera vez un gobierno de izquierda llegó al poder.

Ayudada por la ola de esperanza (el lema la campaña de Lula) que invadió el país, la Denise Paraná recibió en el 2003 una propuesta para volver a publicar el libro –adaptación de su tesis doctoral– en una editorial más grande. La obra no fue exactamente un éxito de ventas (menos de 15.000 ejemplares vendidos hasta octubre de este año), pero llegó a las manos del cineasta Luiz Carlos Barreto justamente cuando él estaba interesado en saber más sobre el líder político. “Siempre que viajaba a otros países, la gente me preguntaba por Pelé, Ronaldo, Ayrton Senna... Después del 2002, la pregunta era: ‘¿Quién es Lula?’ Y yo tampoco sabía quién era. Es decir, sabía que era un metalúrgico, que había fundado el Partido de los Trabajadores y llegado a la Presidencia. Nada más”.

Barreto leyó las 500 páginas de un tirón y, acto seguido, buscó a Paraná para comprar los derechos del libro y transformarlo en una película. “Empecé a leerlo en el avión. Seguí en el taxi, después en el hotel. Cuando lo cerré, sabía que tenía una bella película en mis manos. No sobre un político, ni un presidente, sino sobre un hombre común, su familia y la extraordinaria capacidad de superar dificultades”.

Pasaron siete años para que la película empezara a ser rodada. Hoy, a finales del 2009, Lula, o filho do Brasil, está lista. Su estreno comercial fue estratégicamente marcado para el primero de enero del 2010. En octubre, Brasil elegirá un nuevo presidente. Lula no puede candidatarse al tercer mandato, y muy probablemente su partido perderá las elecciones. El Presidente ya eligió a su sucesor, o, mejor dicho, sucesora: Dilma Rousseff, jefa de la Casa Civil y brazo derecho de Lula. En las encuestas, Roussef aparece bien y podría crecer mucho con el apoyo del Presidente, que cuenta con la aprobación de cerca del 70% de la población. La futura candidata -aún no oficialmente anunciada- reconoció que la película puede tener influencia en las elecciones. “Pero lo más fuerte no es eso; es su obra, lo que hizo para la gente. Y no se puede creer que se ganen votos así, como si la gente no pensara antes de elegir”.

Según la empresa de Barreto, la época elegida para el estreno es puramente comercial. Además del peso de la fecha (01/01/2010), es tiempo de las vacaciones en el país. La oposición no lo ve así. Se queja de que se trata de una jugada política que ayudará la candidatura del PT en las elecciones. Se habla también del uso de la maquinaria del Estado para hacer de Lula un mito y ayudar a su partido a perpetuarse en el poder, porque el Presidente podría volver a ser candidato en el 2014.

No es simplemente por la fecha que la película ha generado tanta polémica; por primera vez en la historia del país una producción grande no recurre a los incentivos fiscales que la ley nacional otorga a la industria cinematográfica. La compañía de Barreto captó dinero de la iniciativa privada, lo que fue bastante sencillo. ¿A qué empresa no le gustaría asociar su marca a una historia como esa? Los patrocinadores fueron 18 grandes empresas, la mayoría de las cuales tiene contratos millonarios con el Gobierno. Algunas de ellas optaron por no aparecer en los créditos, algo nada usual.

“Lula no necesita una película. Somos nosotros los que nos estamos aprovechando de su nombre”, contesta Fábio Barreto, hijo del Luiz Carlos y director de la película. “Cualquier forma de expresión artística implica un contenido de carácter político. Pero no es una película política; es una película melodramática épica”, dice el viejo Barreto. Además, el experimentado cineasta parece tener la cuestión financiera más presente que la política –dice que no votó por Lula ninguna vez–. “Ya estoy cansado. Tengo 81 años. Después de esta película voy a colgar las botas”.

La historia del cine brasileño está conectada con Fábio Barreto. Ha producido más de 80 películas. Una de ellas, Dona Flor e seus dois maridos (Doña Flor y sus dos maridos), basada en el libro de Jorge Amado, es, hasta hoy día, la más vista en el país; cerca de 12 millones de personas la vieron en 1976, cuando la población de Brasil era de 120 millones –hoy son casi 200 millones–. Con Lula, o Filho do Brasil, Barreto dice que pretende “hacer dinero” para sacar su productora de los números rojos.

Es, de hecho, bastante problable que el cineasta se retire rico y que su productora salga de la bancarrota. Los números que cercan el filme son impresionantes para Brasil. Un lema tan repetido por el Presidente para hablar de sus logros sirve para explicar el tamaño de la producción: ‘Nunca en la historia del país’ se ha visto una producción como esta. A comenzar por el presupuesto de cerca de 10 millones de dólares (el más caro de la historia del país). La previsión es que 500 salas de cine exhiban la película –número que pocas megaproducciones de Hollywood logran alcanzar en el país– y que 20 millones de personas la vean en Brasil (otro récord). Además, la estrategia es que pantallas itinerantes la exhiban en los rincones donde no hay cines. Los sindicatos han firmado acuerdos para que sus representados tengan descuento en los cines; pagarán tres dólares, cuando una entrada en Brasil cuesta, al menos, nueve dólares. Además, Europa Filmes (la distribuidora en Brasil) estudia la posibilidad de vender la película a seis dólares para desalentar la piratería. También se negocia la venta para países de Latinoamérica. En Argentina se estrenará en marzo. Finalmente, la cadena de televisión más grande de Brasil, Globo, contempla la posilibidad de transformar la historia en una miniserie.

Hijo de la parte pobre

“Brasil son muchos brasiles”, se suele decir en esta zona de Suramérica. La manera como está distribuida la riqueza provoca que gran parte de la miseria del país se concentre en el noreste brasileño. Es en esta parte del país, más específicamente en Garanhuns, donde, en 1945, nació el hijo de Aristides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Mello, conocida como doña Lindu. De cada mil niños nacidos en aquel entonces en el nordeste, 188 morían antes de llegar al año de vida –hoy día ese número es de 38; aún bastante más alto que el promedio del país (18)–. Luiz Inácio da Silva sobrevivió y venció la primera batalla.

La historia de la familia empieza a cambiar cuando el patriarca se va a Santos, puerto en la costa de São Paulo, con el hijo más grande –llamado Aristides, como él– a tratar de buscar una vida mejor. Decepcionado, el analfabeto Aristides le dicta al hijo una carta para ser enviada a la familia, en la que dice: “Esto acá no se parece en nada a lo que dicen. Se trabaja mucho y se gana poco. Todo lo que tenemos es lo que está allá”. La añoranza de la madre y de los hermanos hace que el pequeño Aristides les escriba: “A vender todo y mudarse para acá”. Así fue. Doña Lindu agarró un camión (de los que cargaba ganado y gente) y viajó durante 13 días y sus noches con sus otros siete hijos.

La vida con el violento y alcohólico Aristides no duró mucho en Santos. Doña Lindu –retratada en la película como una mujer muy valiente y pieza clave para transformar a Luiz Inácio en el líder Lula– y sus ocho hijos se van a vivir en São Paulo, a buscar mejores oportunidades. “En esta familia nadie se va a volver delincuente ni prostituta”, solía decir. De hecho, las hijas se casaron y los hijos encontraron una profesión. Uno de ellos, incluso, se ha vuelto uno de los hombres más influyentes del planeta.

El nacimiento, la llegada a São Paulo, los estudios para convertirse en mecánico, el ingreso en la militancia sindical –cuando gana el apodo Lula-, la pérdida de su primera mujer (que muere durante el parto de un hijo que tampoco sobrevive), el encuentro con Marisa, su actual esposa, la fundación del Partido de los Trabajadores. La película narra desde el nacimiento de Luiz Inácio hasta sus 35 años, y para justamente en dos momentos claves de su vida: la muerte de doña Lindu y su encarcelamiento por los militares. La opción de no contar cómo el operario llegó a la Presidencia fue, según los Barreto, debido a que esa parte de la história, en mayor o menor grado, ya es conocida.

La crítica

La primera presentación pública del largometraje de poco más de dos horas de duración fue el último día 19, en el Festival de Cine de Brasilia. La primera dama, Marisa Letícia, acudió a la cita, concurrida y tumultuada. Lula vió la película diez días después, en una sesión privada, en São Bernardo, ciudad vecina de São Paulo donde el Presidente empezó en el movimiento sindical. Se emocionó al lado de compañeros de partido y dejó el sitio sin hablar de lo que vio.

La principal crítica hecha a la obra –compartida por algunas personas cercanas al Presidente– es que el exceso de escenas emotivas (para hacer llorar al espectador) hace de la película un melodrama de narrativa lineal. Momentos importantes de la historia del país –como cuando Lula dio un discurso en un estadio para 80.000 personas, sin micrófono (la gente iba, a gritos, repitiendo sus palabras para que todos lo escucharan),– tienen el mismo peso que situaciones cotidianas del niño pobre nordestino. También se habla de un hombre demasiado idealizado, con una historia romantizada, sin defectos ni contradicciones. “Trataron de hacer una historia ejemplar de una historia única”, escribió un columnista de un importante periódico brasileño. Al menos un episodio importante de la vida de Lula -el hijo con una amante cuando ya era casado-, simplemente es olvidado. Según la productora, no hubo autorización de ese hijo ni de su madre para que la historia fuera contada.

Si la película es buena o no, si tiene carácter político o no, si retrata a un Lula irreal o no, son preguntas no tan sencillas de contestar. Fácil es prever que Barreto encontró una fuente de dinero: tiene en sus manos la historia de uno de los hombres más importantes del siglo XXI iberoamericano y una producción impresionante. Cómo si fuera poco, la polémica creada por la crítica política y especializada en cine alimenta aún más la expectativa sobre la película. Por ahora, antes del estreno oficial de largometraje y de las elecciones a la Presidencia, al menos una persona ya tiene la sonrisa de vencedor, Luiz Carlos Barreto.

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