Mélanie Laurent y Cyril Dion paseando por el mundo junto con su equipo. Archivo particular.

Manual para salvar a la humanidad

El documental ‘Mañana’, dirigido por la actriz francesa Mélanie Laurent junto con su amigo Cyril Dion, narra en cinco pasos cómo se puede evitar la catástrofe ambiental que nos espera.

2016/08/04

Por Matilde Acevedo

Mañana es un documental sobre el cambio ambiental que atraviesa el planeta. Hay quienes argumentan que el calentamiento global es un invento de la izquierda para dañar la economía y detener la producción de grandes compañías industriales. Pero esta película, como la mayoría de la comunidad científica, parte de la base de que eso no es cierto. La película dirigida por Mélanie Laurent y Cyril Dion, sin embargo, no se enfoca en hacer sentir al público como si el planeta ya no se pudiera salvar –como sí han hecho otros documentales–. En cambio, ofrece alternativas para salvar a la humanidad, y al planeta, a partir de una serie de pequeños esfuerzos que todos podrían realizar. El famoso grano de arena. 

Las propuestas de Laurent y Dion parten de cinco áreas diferentes: la agricultura, la energía, la economía, la democracia y la educación. En cada área hay al menos un ejemplo en el que un grupo de personas de algún lugar del mundo ha reinventado, en términos de sostenibilidad, la forma en que la sociedad suele pensar sobre esa área. Entonces, por ejemplo, si la energía ha funcionado tradicionalmente con el agua, las nuevas propuestas tratan la energía solar –pues no se puede sobreexplotar al sol–. O, si la agricultura siempre ha sido una práctica rural, hay diferentes técnicas, como la que se emplea en Detroit, que demuestran que puede ser urbana, una alternativa resultaría en una reducción enorme de pesticidas.

Laurent y Dion pasean por el mundo recogiendo voces de diferentes lugares. Desde Rob Hopkins, un profesor estadounidense que enseña permacultura, hasta Vandana Shiva, la escritora india y fundadora de Navdanya, que filosofa sobre lo que el calentamiento global representa en la sociedad y dice de ella. En cada instancia encuentran propuestas para mejorar al mundo que se fundamentan en principios extremos, como la supervivencia, o en normas básicas, como la convivencia y la importancia de compartir. Pues, en gran parte, lo que quiere el largometraje es que al público le quede claro que no es imposible ni utópico salvar el planeta. Sin embargo, lo que sí es cierto es que hay algunos caprichos innecesarios que se deben cortar.

Un ejemplo de ‘unidad ciudadana por una causa‘ es lo que ocurre en Copenhague, Dinamarca. El documental muestra al arquitecto y urbanista sostenible Jan Gehl, cuyo trabajo se ha concentrado en crear espacios agradables para el tránsito no vehicular. Él habla sobre la importancia de crear un ambiente amable y cómodo para el ciudadano común. ¿Por qué? Sencillo: porque un ciudadano que vea un fácil acceso al transporte en bicicleta es más propenso a montar en ella. Por ejemplo, cuando el ciudadano ve que en lugares como buses o metros hay un área donde se puede guardar las bicicletas mientras llega a su destino, es más probable que se sienta persuadido a usar una. En Copenhague mitad de supoblación no usa automóviles. ¿Cómo sería si ese fuera el caso en todas las ciudades del planeta?

Por supuesto, los directores conocen las dificultades que pueden surgir aplicando este tipo de soluciones o políticas a diferentes ciudades o países que no cuentan con los mismos recursos, ya sea económicos, naturales o de otro tipo. Precisamente por eso, como lo muestran con Malik Yakini, agricultor rural, los cineastas se enfocan en mostrar que no es necesario ser millonario para hacer contribuciones. Yakini dice que no es fácil cultivar sus propios consumos. Es un trabajo que requiere labor física, esfuerzo y disciplina, pero hay una pereza que suele predominar en el ciudadano global que lo inhabilita para semejante tarea.

Lo anterior, tal vez, puede servir como metáfora para el aspecto más general que quiere transmitir la película: hay que ensuciarse las manos. Entre los ejemplos de prosperidad hay gente letrada, como también gente iletrada. El primer y gran paso es tener la disposición de cultivar un mundo distinto.

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