Theo (izquierda) y Daniel (derecha).

'Microbio y gasolina', dos 'freaks' en la carretera

En 2015, el cineasta Michel Gondry estrenó su más reciente película, sobre dos amigos con ansias por descubrir el mundo. Este año, IndieBo la trajo a las salas de cine bogotanas.

2016/07/22

Por Matilde Acevedo

Daniel y Theo conquistaron al mundo en una casa rodante. Pero antes de eso, eran conocidos como ‘Microbio’ y ‘Gasolina’. Crecieron víctimas de las jerarquías sociales de su escuela: Daniel, un niño con baja autoestima y el pelo demasiado largo, era Microbio; Theo, el adolescente obsesionado con los carros, era Gasolina. Así surge la historia de la más reciente película del cineasta francés Michel Gondry, que cuenta la vida desde la perspectiva de dos mentes algo brillantes, curiosas y púberes.

Microbio y Gasolina es el testimonio de dos jóvenes que quieren probar la libertad. Pero no una inventada, como lo sería irse de vacaciones con sus familias o jugar ‘rin rin corre corre’ una tarde, sino una libertad real: la libertad de vivir sin la aprobación constante de sus padres, la libertad de poder hacer lo que se les de la gana sin tener que enfrentar mayores consecuencias, de indagar en el sexo femenino sin verse juzgados por la sociedad que los rodea y la libertad de ser ellos: raros, graciosos, morbosos, con la seguridad de que luego van a poder molestarse mutuamente.

Hay que empezar por el título. Si he de desmenuzar la película y escribir sobre ella, no puedo dejar de lado su nombre, que además de ser sugestivo es muy original. Y así también es la película. A pesar de que los personajes se han visto anteriormente –el inseguro y andrógino adolescente es acogido por el nuevo estudiante, particular y adelantado para su edad–, el diálogo entre ellos da cuenta de las secretas inquietudes intelectuales que todos los quinceañeros guardan con discreción. Además, una de las cosas más interesantes para atribuirle a la película es que logra ser profunda sin incurrir en demasiadas metáforas y experimentos retóricos.

Pero la celebración realmente empieza cuando se dan cuenta de que pueden escaparse de sus deberes por su propia cuenta: pueden construir un carro con los conocimientos de Daniel, pues su papá es propietario de una tienda de motores de carros, y con las piezas de arte del papá de Theo, que intercambian por un motor pequeño. Luego de un buen tiempo de revisar los restos de los muebles que dejan en las basuras de la ciudad, logran armar uno. Sin embargo, pronto descubren que no pueden manejarlo porque no logran conseguir el permiso para su rodamiento. Es entonces cuando a Daniel se le ocurre –como fruto de su vena artística– disfrazar el carro de una casa, de manera que cuando se vean enfrentados a autoridades de tránsito puedan detenerse, cubrir las ruedas del carro con un pedazo de madera, y disimular la ilegalidad. El road trip, entonces, se caracterizará por una serie de encuentros, conversaciones y sustos que los harán sentir lo que siempre quisieron: libertad.

Se puede calificar a la película como una comedia, pero sería ignorar su parte dramática. Sí, tiene momentos graciosos –como cuando Daniel cree que es influenciable pero luego Theo lo convence de que no lo es, que solo le sirve de prueba a Daniel para demostrar que sí es influenciable– pero esos momentos generalmente van de la mano con un peso de tristeza. Las familias de ambos no son familias ideales. Son familias cargadas de decepción, de problemas (es decir, son familias bastante normales). Mientras que Daniel crece en un ambiente hípersensitivo por culpa de su madre, Theo crece en una casa donde, además de que no lo quieren, no sirve de nada. Entonces realmente la búsqueda por la libertad es real.

No es una comedia. Es el retrato de la vida de dos adolescentes de clase media baja en Francia que encuentran una alternativa a su cruda realidad. En ese sentido puede que la película tenga algo de ficción, pues es altamente improbable que dos niños de catorce años y medio logren armar un carro y transitar ilegalmente muchos kilómetros lejos de su casa. Pero es ese ingrediente lo que vuelve a la película tan atractiva: sin importar la edad del público, hace de él un niño de nuevo y le otorga la capacidad de imaginación que a veces el adulto abandona.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación