Una de las escenas más reconocidas de esta película de culto.

Nace una religión

La película no fue un éxito cuando salió, hace doce años. Y, sin embargo, su culto crece cada día de manera asombrosa. Convenciones de fanáticos, un libro de ensayos editado por la Universidad de Indiana –elogiado por toda la prensa seria norteamericana– y redes masivas de seguidores. Todo un misterio.

2010/03/16

Por Catalina Holguín Jaramillo

Un fanático de Seinfeld sostiene que este programa de televisión sirve para explicar o ilustrar cualquier situación de la vida. Los personajes, los chistes y algunas de las frases más célebres de la serie de televisión norteamericana protagonizada por el comediante Jerry Seinfeld se han convertido para muchos en un marco de referencia permanente, en una cita recurrente. Sin ir más lejos, piense en la última vez que dijo “deje así”, evocando La pelota de letras. Eso les pasa a los filmes de culto, término con el que se conocen películas que adquieren una vida propia más allá de la pantalla, con hinchas que se saben los diálogos de memoria, se disfrazan como los personajes en la Noche de Brujas y, si son muy radicales, atienden a convenciones de fanáticos. Las películas que inspiran esta clase de furor, tan aparentemente norteamericano, se convierten en una suerte de empresa, un mercado de nicho perfecto conformado por ávidos consumidores de variaciones del mismo producto.

El gran Lebowski, película escrita y dirigida por los hermanos Coen, no tuvo mayor éxito recién se lanzó en 1998. Con los años, la película ha entrado en la categoría “de culto”. Al igual que el musical The Rocky Horror Picture Show, la saga de Star Trek y la serie de televisión Twin Peaks, de David Lynch, El gran Lebowski ha generado toda suerte de formas para celebrar su existencia. Los fanáticos de Lebowski han dado a luz un festival (Lebowski Fest se inauguró en 2002 y desde entonces se ha celebrado una decena de veces en Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Las Vegas, Austin y Londres), mercancía (muñecos, calcomanías, camisetas, afiches y hasta calzones), una religión (Dudeísmo, religión basada en el personaje principal de la película, ya cuenta con 70.000 miembros registrados a través de la web), un documental (The Achievers cuenta la historia del festival y sus hinchas más fervientes), una antología de ensayos académicos, un evangelio, una obra de teatro en inglés isabelino y una película porno.

La versión shakesperiana de Lebowski titulada Two Gentlemen of Lebowski y publicada en la web por Adam Bertocci el 6 de enero de este año se convirtió en un fenómeno viral. A los dos días de publicar su inteligentísima adaptación, Bertocci fue entrevistado por el periódico Wall Street Journal. El 25 de enero once funciones de la producción teatral ya habían sido vendidas por completo. Por otro lado, la versión pornográfica está reclutando actores. Aunque el director Lee Roy Myers invitó a varios de los actores originales a participar, también está “buscando a los fanáticos más devotos para que actúen en la película”. El director continúa diciendo: “Este proyecto es un sueño que tengo desde que me volví fan de El gran Lebowski. ¡Esta película es fantástica! Sexo, boliche y un tipo que repara la televisión: Lebowski tiene todo lo necesario para una gran película de porno”.

La célebre comedia gira en torno a la confusión generada por un nombre. La esposa de Jeff Lebowski, un millonario parapléjico, debe dinero a unos gánsteres. Los tipos llegan a la casa de Dude, que también se llama Jeff Lebowski, a cobrar la deuda. A partir de esta simple confusión, Dude y su amigo Walter Sobchak terminan involucrados en el rescate de la esposa del millonario. La confusa trama detectivesca la complementan alucinaciones de Dude, sesiones de boliche, extravagantes y vulgares diálogos.

En un análisis prodigioso de Casablanca y su entrada al panteón del cinema de culto, Umberto Eco argumenta que “para que sea de culto, una película debe desplegar no una idea central sino muchas”; debe ser “gloriosamente incoherente” y debe, sobre todo, evocar todos los géneros, apelar a todos los estereotipos y movilizar todas las fórmulas de tal manera que genere en un rango amplio de espectadores una sensación de déjà vu. Lebowski cumple con las condiciones de Eco. La estructura es la de una película de detectives privados, la relación entre Walter y Dude evoca a las película de amigos (piense en la cinta mexicana Y tu mamá también), el vocabulario de Dude y sus alucinaciones encajan dentro del género fílmico marihuanero.

Los personajes son además perfectos estereotipos: Maude Lebowski es la artista de vanguardia feminista; Dude, el clásico vago marihuanero; Walter, el veterano loco de Vietnam; Jesús Quintana, una especie de españolete histriónico más latino que los latinos; y Jeff Lebowski, el millonario filantrópico americano casado con una rubia oxigenada caza fortunas. Por si fuera poco, la película hace referencia a otras treinta películas. Según la base de datos de cine Internet Movie Database, El gran Lebowski hace guiños a películas tan elevadas como Dr. Strangelove, de Stanley Kubrick, y a otras tan estúpidas como Up in Smoke, del dúo marihuanero Cheech y Chong.

Lo que dijo Eco de Casablanca fácilmente se puede trasladar a la obra de los Coen. La transformación de Lebowski en objeto de culto se debe a que “no es solo una película. Es las películas”. Y si ese es el verdadero motivo por el cual Lebowski ha logrado despertar sentimientos casi religiosos, todo indica que la iglesia de Lebowski continuará atrayendo más devotos.

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