La película se estrenó el 12 de julio en Bogotá.

“A las películas de terror las quieren tratar como películas pornográficas”

El cineasta Daniel Rodriguez Risco estrenó el 14 de julio en salas de cine colombiano ‘No estamos solos’, la primera película peruana de terror.

2016/07/14

Por Matilde Acevedo

No estamos solos es una película en la que sucede exactamente lo que señala el nombre. El título, realmente, más que expresar que no estamos solos, sugiere que cuando creemos que estamos solos, resulta que no es así. Mateo, Mónica y Sofía son una familia que se muda a una casa a las afueras de Lima para empezar una nueva vida. Mónica, la novia de Mateo –no muy querida por Sofía–, empieza a sospechar de las extrañas ocurrencias que empiezan a asustarla en la casa. Sin embargo, ambos Mateo y Sofía no le prestan mucha atención –hasta que ellos mismos pasan por los mismos sustos–. Aquí, una entrevista con Daniel Rodríguez Risco, director de la primera película de terror peruana.

Usted empezó estudiando economía. ¿Qué lo llevó a hacer cine?
El cine siempre fue una pasión. Mis papás me dijeron que debía estudiar una carrera formal, y me lo terminé tomando muy en serio porque me dediqué a la educación. Incluso llegué a ser rector de una universidad en Perú, pero siempre tuve el bichito del cine y la literatura. Llegó un momento en que tuve una crisis vocacional a los 39 años. Me iba muy bien en la universidad. En apariencia tenía una vida muy exitosa, pero en el fondo me sentía infeliz. Entonces en esa crisis hice mi primer corto que se llamó El colchón. Le fue bien en el Festival de Cine de Cartagena y esa fue la primera señal de que el cine estaba funcionando. Luego de ir a una escuela de cine en Cuba me llegó una llamada de la decana de la maestría en cine de NYU ofreciéndome una beca. Yo tenía una familia, era rector de una universidad, tenía toda una vida hecha, pero tenía tantas ganas de hacerlo y entonces me fui. Ahí estuve dos años e hice un guion que ganó un premio en Ibermedia, y con el dinero que gané pude financiar mi película El vientre, un thriller psicológico, que resultó siendo un gran éxito.


Un fotograma de la película

¿Cómo llegó al terror?
Bueno, empecé a hacer El vientre II y estaba escribiendo el guion con mi hermano Gonzalo, que es mi coguionista, cuando recibí una llamada de Celso Prado, el productor de No estamos solos, y me dice: “Daniel, he visto El vientre y me ha encantado. Soy un distribuidor de películas de terror, me he vuelto un fanático del género y quiero convertirme en productor de películas de terror. Llegó con un exorcista que había contratado porque quería hacer seis películas de terror, cada una basada en las seis formas diferentes en las que el demonio puede manifestarse. Conocí al exorcista y me mostró unos videos de exorcismos que había hecho. Luego me presentaron a un obispo colombiano que se llama Monseñor Andrés Tirado. Él y Félix Rivera, que es el exorcista peruano, empezaron a asesorarme a mí y a mi hermano.

¿Y asistió a algún exorcismo?
Sí, y me puso los pelos de punta. Era una niña de colegio que tendría 16 años: flaquita, bajita, bondadosa, normal… era una niña. La sentaron y pensé “aquí no va a pasar nada”. Había dos bouncers (como los de las discotecas) detrás de ella, el exorcista y el hijo –que es más grande que él todavía–. Tres mastodontes rodeando a la niña, me pareció raro. De pronto la niña comenzó a transformarse y vi una expresión en ella, bueno…agredió al exorcista. Tomó tal fuerza que entre los cuatro no podían controlarla. Entonces empecé a informarme mucho sobre el tema. Leí el libro de Monseñor Tirado. Había visto muchas películas de terror, pero vi más. Mi hermano empezó a construir el guion. Decidimos que era mejor hacer una película de fantasmas. Así que es una película de posesión y exorcismo la que terminamos haciendo. El productor quedó muy contento, tanto así que terminé siendo socio de Miedo Entertainment, que ahora va a hacer películas de terror. Incluso estamos viendo en hacer coproducciones acá y con otros países latinoamericanos.

Y, ¿cómo maneja el director su propio miedo haciendo una película de terror? ¿Cómo es esa relación?
Las películas de terror son películas muy técnicas. Los hinchas, los fans del terror son muy exigentes. Quieren un terror puro. No te aceptan que profundices mucho en los personajes. Necesitan recibir momentos de miedo cada tanto. Los productores querían una película –que no fuera gore, para nada, no hay gore en la película, solo un poquito de sangre– que le rindiera homenaje a películas como El conjuro, El exorcista, Poltergeist. Es decir, trabajé con muchas restricciones en términos de lo que debía filmarse para esta película. Tenía que tener una serie de características. Más estrés me causaba el no poder ponerle un poquito más de mí a la película y tener que ajustarme a los parámetros, que el propio hecho de estar haciendo una película de terror. Por otro lado, cuando filmas con efectos especiales las escenas las tienes que hacer de manera tan técnica que te olvidas del miedo y de todo lo que estás haciendo.

Hay muchas razones para sentir miedo en la película. ¿Dónde está el terror para usted en la película, en los fantasmas, en el exorcismo, en el abandono, en los conflictos familiares?
El tema con las películas de terror -la mayoría son malas- es que las quieren tratar como películas pornográficas. Y, ¿qué pasa con las películas pornográficas?, que todo lo que no es escena de sexo es una excusa para llegar a una escena de sexo. Lo que normalmente ocurre es que son planas, no se construyen personajes, no hay una producción, nada. Y muchas películas de terror se construyen bajo esa misma pero con terror en vez de sexo.

En realidad, el terror se construye a partir de suspenso. Es decir, para llegar a él, tienes que caminar por el suspenso: va progresando y explota en el terror. Si no tienes el suspenso, tienes un terror barato que es lo que llaman cheap scares. Por ejemplo, dos personas están conversando cuando suena un ruido y resulta que era un gato. Eso yo lo he tratado de evitar en esta película. El miedo tiene que ser el clímax del suspenso. Eso, me parece, lo tienen las buenas películas de terror.

¿Cuál es una buena película de terror para usted?
El exorcista es un clásico. Las buenas películas son de las que te acuerdas de los personajes. Y en las películas de terror generalmente solo te acuerdas de que te asustaste. No te queda un recuerdo de un personaje, de una escena. En cambio, en El exorcista te acuerdas del padre Carraff, te acuerdas de la niña, te acuerdas de la mamá que era un actriz de Hollywood… Te queda una historia más allá del susto. En una buena película debe haber un arco dramático. Aunque si te metes mucho en el drama los fans te rechazan.

Que es lo que también pasa con Anabelle, los personajes son muy básicos, la trama al final casi que no tiene sentido…
Claro. En cambio El conjuro es una película donde tienes una familia, tienes investigación, tienes una serie de elementos más allá de los efectos y los momentos de terror. Yo me metí mucho en El conjuro, también puede ser una de mis favoritas. El bebé de Rosemary es una película maravillosa, de Polanski. Las de Kubrick, por ahí hay clásicos del género. Pero no es fácil hacer una película de terror que realmente sea buena.

¿Cómo tratar esas tendencias del terror como los exorcismos, los fantasmas, etc. de manera auténtica?
Ese es un problema porque el final tiene que ser inevitable pero al mismo tiempo sorprendente. El espectador lo debe esperar pero cuando llega, llega como una sorpresa. Existe una serie de convenciones del terror, son 17. Obviamente no todas las películas las tienen todas pero sí tiene que haber algunas.

La diferencia entre una convención del suspenso y una convención del terror es que el protagonista está en un nivel más bajo que el antagonista, pero no demasiado. Es una lucha de mentes: la mente del antagonista contra la mente del protagonista. Pero en el caso de una película de terror el protagonista está en una desventaja enorme con el antagonista. El antagonista tiene poderes sobrenaturales, es casi un ser invencible. Para que el protagonista pueda ganarle –como en Alien, contra Ribbley– tiene que ser muy eficaz y astuto para vencerlo. Esa es una diferencia. Pero tienen cosas en común: lo que está en juego en ambos tipos de películas es la vida, la supervivencia. En una película de terror no puede estar en juego que te van a quitar tu casa, o que vas a perder una apuesta. Hay toda una serie de convenciones que de alguna manera ya están metidas en el inconsciente del espectador y que las espera.

¿Se sintió muy confinado a los parámetros que tenía que seguir?
El espectador de terror tiene entre 14 y 25 años. Esta película está diseñada para que funcione con ese público. Algún día haré una película de terror donde experimentaré un poco más. Es muy bonito jugar con los géneros y no ceñirte al pie de la letra de lo que todo el mundo espera.

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