El escritor estadounidense Ernest Hemingway (1899-1961).

Escritura y demencia en el cine

Con motivo del estreno de la película estadounidense 'Genius’, que relata la relación entre el escritor Thomas Wolfe y su editor Max Perkins, hablamos con dos autores que nos explicaron el porqué de la locura de sus colegas y su relación con el cine y la muerte.

2016/11/17

Por Santiago Serna Duque

Hay razones por las que los escritores son retratados en el cine como tipos con delirios, como marginales que se debaten en un duelo masoquista con sus mundos y personajes ficticios. En la pantalla la corporalidad del escritor, por lo general, se expresa en cortos lapsos de demencia, consecuencia de frustraciones creativas o desacuerdos con el editor; también es recurrente ver, como único momento de exigencia física, las contrarreloj que libran frente al teclado en la necesidad de publicar la siguiente gran obra. ¿Para qué?, para no perder el estatus de genio, para que su nombre -o apellido- destaque en los anaqueles: todos quieren ser el nuevo Fitzgerald y alardear su Great Gatsby. Pocas películas han logrado escenificar el oficio de escribir, sin caer, invariablemente, en el dramatismo de la vida del autor: Henry & June (1990), Total Eclipse (1995), Reprise (2006). El público, los guionistas y los directores, así como el mismo lenguaje audiovisual, están más interesados en el cuerpo que en la mente.

El escritor Ricardo Silva Romero dice que los autores no son personajes cinematográficos: "Nuestra actividad sucede sentados. Siempre estamos en una habitación y la acción sucede en casa. Eso es muy difícil de filmar. Se ha intentado en el cine y no suele ser efectivo. Entonces, creo que los escritores empiezan a ser más notables por sus vidas que por sus obras. A un director le interesar más un tipo, que al mismo tiempo fuera soldado como Miguel de Cervantes, una persona que tuviera un problema con el establecimiento político como Oscar Wilde, escritores involucrados en un romance tormentosos como Rimbaud y Verlaine, o uno que experimentó con alucinógenos como Burroughs. Los escritores han tenido en el cine un lugar cuando sus vidas son visuales, y para que eso pase, estas tienen que ser frenéticas y escandalosas”.


Henry Miller.

Por su parte, el antioqueño Gilmer Mesa, ganador del XII Concurso Nacional de Novela y Cuento por su tremenda novela La Cuadra, asegura que “el cine ha creado estereotipos como ningún otro. Ha sido muy efectivo al revalidar el concepto de escritor y demencia, que en definitiva sí ha ocurrido y ha sido el germen de grandes obras, pero a su vez, no es una constante. Hay un libro que se llama El genio y la locura de Philippe Brenot, donde trata de explicar cómo la genialidad literaria está asociada directamente con problemas psiquiátricos. Los cineastas saben que caer en esos clichés es una forma atractiva de reclutar personas a las salas”.

Los espectadores están más interesados en los peligros que afronta un cuerpo. Es decir, si alguien está a punto de morir o no, que en los traumas de una mente. Pero también se puede procurar filmar una escena donde se ve al autor redactando, como en Adaptation (2002), dirigida por Spike Jonze y escrita por Charlie Kaufman. “En esa película tratan de recrear los fantasmas y lo que se produce en la cabeza de un escritor -dice Silva-, pero es interesante para un público con educación cinéfila. Es para personas que ven en aquel delirio un acto interesante y no un capricho excéntrico de alguien que tiene la suerte de poderse dedicar a escribir”. Este tipo de largometrajes van de la mano con obras como Deconstructing Harry (1997) de Woody Allen, donde las pequeñas historias en la mente del autor se van convirtiendo en diminutos largometrajes. Una recreación de esos pensamientos es mucho más fácil hacerlo en la escritura que en la imagen.


Thomas Wolfe.

"De hecho, narrar la mente en el cine nunca ha sido fácil -aclara Silva Romero-, pero realizadores como Hitchcock con Spellbound (1945); Donnie Darko (2001) de Richard Kelly; The Trial (1962), adaptación de la novela de Kafka y dirigida por Orson Welles; o los mismos surrealistas franceses procuraron escenificar la mente. Pero eso tiene éxito, como te dije, en determinado nivel. Es bello y emotivo para una minoría cuya disposición está abierta a comprender la nimiedades de los pensamientos de un extraño”.

Por otra parte, el periodismo ha sido el caldo de cultivo para historias que buscan personajes con la capacidad de escribir y enfrentar riesgos. Un periodista está con medio cuerpo en la calle y la otra midad sobre la silla y el teclado. Los ejemplos son varios: Capote (2005), protagonizada por el gran Philip Seymour Hoffman, en la que se narra el proceso de A Sangre Fría, las variables psicológicas de Truman y su desamor con Perry, el asesino; Z. (1969) de Costa-Gavras, que muestra un periodista poco ortodoxo que acumula pruebas en contra de varios militantes de extrema derecha por el asesinato de un diputado izquierdista; Todos los hombres del presidente (1976) de Alan J. Pakula y Zodiac (2007) de David Fincher, thriller en el que dos periodistas intentan descubrir la identidad del recordado asesino serial del zodiaco en San Francisco. También está en esa lista, cómo no, la ganadora del Oscar a mejor película En primera plana (2015).

Gilmer Mesa, sin embargo, no cree “que sea más efectivo narrar la vida de un periodista que la de un escritor. Eso depende de las historias de vida de cada persona que trabaja con las letras, independiente de que sea poeta, ensayista, periodista o novelista. Hay escritores que hicieron obras enormes y si vos miras no tuvieron vidas vertiginosas en las calles. Ahora bien, sí hay personajes como Truman Capote que configuran un modelo ideal de locura, homosexualidad, genialidad, borracheras y calidad periodística, sobre todo con lo que vivió en los siete años escribiendo A sangre fría. Eso es perfecto para el cine”.


Perry Smith y Truman Capote.

Frente a esa necrofilia ideológica, que critica al vivo y glorifica al muerto, como en los casos de Hemingway, Henry Miller, Hunter S. Thompson y prontamente Fernando Vallejo, Mesa pide que “no nos olvidemos también que el cine se concibe sobre una suerte de ‘tanatofilia cinematográfica’ en la que, si el autor es desmedido en su vida y fuertemente criticado, después lo quieren endiosar en algún biopic. Películas como Capote son, entonces, el homenaje a una deuda colectiva que tenía la sociedad con él, y bien vale la pena narrarlo”.

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