Una rara imagen del largometraje.

'Pepos', el mejor secreto del cine colombiano ochentero

El cine nacional tiene una historia que ha sido contada a través de libros, charlas, retrospectivas y otras situaciones. ¿Pero qué pasa con aquello que no ha encajado dentro de la historia oficial, pero que sin embargo forma parte de una narrativa audiovisual y que necesita de un espacio para ser visto?

2016/10/19

Por José E. Plata

La década de los ochenta no deja de sorprender a las nuevas generaciones y tampoco a los que la vivieron. Para Colombia es un conjunto de situaciones tan contrastantes como anecdóticas: la guerra contra el narcotráfico, los cien años de la Constitución de 1886, el mundial de fútbol al cual se tuvo que renunciar, la llegada de la televisión a color, el apogeo del rock en español, los asesinatos políticos, el breakdance, entre otras cosas.

Y dentro de esa historia, el audiovisual colombiano recuerda películas como La virgen y el fotógrafo, Carne de tu carne, Visa USA, La mansión de Araucaima, Cóndores no entierran todos los días, El embajador de la India y una lista más que puede alcanzar 70 producciones realizadas entre 1980 y 1989.

Pero existe una película que no se ajusta a estas mediciones o consideraciones y que es un retrato de aquella marginalidad propia de una ciudad como Bogotá. Aquella en la que los fármacos y el rock se hacen presentes como un elemento propio o como una necesidad vital. Se trata de Pepos, película de 1983 dirigida por Jorge Aldana.

Encontrar esta producción no es fácil. Si bien existe un registro en la página de Proimágenes con los detalles técnicos y argumentales, no hay detalle alguno de un afiche o un fotograma. Tampoco se encuentra en reservorios y en los proveedores piratas no existen detalles de ella. Entre el mito y la realidad, esta producción no encaja dentro de una historia oficial del cine nacional, pero no puede tampoco dejar de serlo.

Hablar de Pepos es hablar de aquella fauna citadina que vivía el desenfreno como se podía, justo en una década donde había falencias culturales y donde la represión estaba la orden del día. Los pepos eran aquellas personas que consumían tranquilizantes o que iban a la droguerías a comprar medicamentos psiquiátricos sin fórmula profesional alguna. Un pepo vivía su vida fuera de la órbita convencional. Entre el peligro, la alucinación y el desafío, un pepo podía tener un viaje de placer o quedarse en una pesadilla de por vida. Y como tal, su banda sonora estaba entre la salsa y el rock.

Aldana comenzó a maquinar este creación audiovisual en aquellos años, justo en una charla entre amigos. ¿Qué hay detrás de la mente de uno de estos personajes? ¿Un frenetismo de vida, una búsqueda del riesgo o una necesidad del extremo combinado con la diversión? En aquel 1983, Pepos se rodó. Jorge Aldana logró capturar entre la ficción y el documental la fauna urbana que no estaba en Chapinero o Unicentro. Aquella que habitaba la Perseverancia, el centro, la Avenida Caracas o La Candelaria. Cuando se habla con él, afloran recuerdos de una apuesta audiovisual que nació y se hizo mito desde su historia hasta su rodaje.

Si se detalla atento, la banda sonora tiene artistas como The B-52‘s, The Clash, Nina Hagen y The Police. Toda una apuesta musical por un momento musical punk, postpunk y new wave en una ciudad que nunca vio a estos artistas, pero que se acercó a ellos a través de esta película. Si a esto le sumamos la aparición de imágenes de la banda Ship durante un concierto llevado a cabo en el Coliseo El Salitre, estamos ante un retrato sonoro único de Bogotá.

Pepos ha ido madurando como mito y a la vez como realidad. Su director es quien guarda la producción. Dentro de los afanes actuales por obtener todo con unos cuantos clics, esta película escapa esa lógica. No puede ser vista más que en funciones coordinadas con su director. Él mismo comenta cómo sobrevive a través de dos dvds en los que la tiene. El rollo que existe está  guardado y la copia que había se perdió en Nueva York en la casa de un personaje que hacía gestión audiovisual en esa ciudad y que se jubiló.

Durante varios meses de rodaje, el equipo se tuvo que enfrentar a limitaciones de tiempo y de recursos; pero no fue esto un impedimento para hacer una película que al año siguiente ganó el premio India Catalina de Oro en el festival de Cartagena. Aldana recuerda cómo si bien no estuvo dentro del circuito comercial de la época, pudo ser vista en festivales de cine en Argentina, Cuba y Suiza. Y el público local que ha temido la oportunidad de verla, queda con otra idea de las cosas.

Hoy Pepos tiene a su favor el ser una película que se tiene que buscar y ver en una sala, porque no hay otra oportunidad para verla. Una idea o realidad romántica que en este mundo de grandes conexiones parece una resistencia. Una situación que la hace encajar dentro de un ciclo de cine marginal, de documental musical, de seres extraños, de miradas alternativas o de cualquier otra etiqueta que defienda otras cosas.

Esta semana, la oportunidad tiene fecha y marco propio. El jueves 20 de octubre, a las 8 de la noche en Cine Tonalá (Cra 6 No 35 - 99) Pepos se proyectará como parte de la programación del festival de Cine Documental In-Edit. Contará además con la presencia de su director, en una sesión de preguntas y respuestas que ayudará a resolver el mito. Fácilmente, puede ser esta la única vez en el año que Pepos vea la luz pública.

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