Fotograma de 'Queercore: How to punk a revolution'.

'Queercore': sexualidad, música y fanzines

El subgénero del punk nació en los años ochenta como una respuesta a la homofobia en el género y al aburguesamiento de lo LGBT. Un documental narra su historia en el marco de IN-EDIT 2017.

2017/11/09

Por Nicolás Mejía

¿Qué es el queercore? ¿Qué es el homocore? Son etiquetas puestas a un encuentro de subculturas, son títulos de un movimiento difuso que en ocasiones ha tomado formas concretas. El documental Queercore: How to Punk a Revolution del director Yony Leyser, igualmente variable en su ritmo y fuerza pero constante en su nitidez, es portavoz de un mensaje de inconformismo con la normatividad y un llamado a las raíces anárquicas de los movimientos punk y queer de los años ochenta y noventa. Su potencia radica en la referencialidad recargada que lo compone y en la estética violenta de las imágenes y escenas recopiladas, que se acompañan de voces y gritos que buscan romper barreras desde la marginalidad desde hace más de treinta años.

Bruce LaBruce y G. B. Jones son los protagonistas de este largometraje y de la escena misma del queercore. Se encontraron en Toronto, dentro de una lucha artística contra la ortodoxia homosexual y los punks radicalizados, para editar juntos el fanzine J.D.s, caracterizado por la hostilidad de su lenguaje y sus imágenes. Su objetivo era forzar el quiebre de las contradicciones en la sociedad a partir de la sexualidad, apropiándose de sus aspectos “criminales”: su oposición al control y vigilancia estatal sobre las representaciones de género. Así nació una nueva escena en la comunidad anarquista, entre realizadores de cine y artistas experimentales, en el movimiento punk y pospunk, en un deseo común de explorar territorios y desarmar el status quo de la sociedad capitalista, sexista, racista y clasista norteamericana.

Las citas son el esqueleto de esta producción. Hay varias escenas de las películas producidas dirigidas entonces por LaBruce y Jones, así como del documental Queercore: A Punk-u-mentary de Scott Treleaven. Estas se intercalan con imágenes de Pansy Division, Tribe 8, Peaches, Gossip, Kathleen Hanna y Bikini Kill hasta Green Day y Kurt Cobain. A partir de apertura y extensión se busca validar la existencia del movimiento, la solidez del mismo, en este documento audiovisual. De hecho, así fue como nació el nombre definitivo de la subcultura queercore.

El nombre Homocore fue adoptado de un proyecto que buscaba responder a los encuentros cada vez más frecuentes del círculo anarco-queer. Se trató de una revista fundada por Deke Elash y Tom Jennings en San Francisco, donde había un movimiento paralelo al de Toronto. Era la síntesis de los términos Homo y Hardcore Punk. Esta escena, nacida como un circo irónico en respuesta a la exclusión, empezó a tomar forma y a perderla de manera episódica. Así como a veces se trató de destruir carros de policía junto a queers y punks y de compartir estéticas y escenarios artísticos, en otros casos hubo choques fuertes con rasgos más estereotípicos y homofóbicos que se desarrollaron a partir de la subcultura punk, desconectados completamente de sus raíces de liberación y de oposición a la autoridad impositiva.

Punk: Attitude (2005) de Don Letts y American Hardcore (2006) de Paul Rachman, presentan la contracultura punk y hardcore punk como un producto de su tiempo, una reacción a la autoridad, a la marginación, a Ronald Reagan, al rock y al disco, a Peter Frampton en kimono. ¿Qué pasó con The Doors, The Beatles y Fleetwood Mac? ¿Cómo surgen Black Flag, Circle Jerks, Bad Religion, Bad Brains y MDC? Pese a la abundante referencialidad de Queercore: How to Punk a Revolution, hacen falta conexiones. ¿Cómo no se menciona a Dave Dictor, vocalista de MDC, autodenominado el más queer de la escena hardcore en San Francisco? Queda entonces (después de asimilar la nítida imagen de una manifestación de la juventud agresiva y reivindicativa) la sensación de que hace falta un contexto más amplio, uno que vaya más allá de la subcultura hardcore punk queer de los ochentas, sobretodo para que la energía del mensaje, el llamado al inconformismo con la normatividad, y el espíritu crítico por sí mismo se puedan transmitir quizás a un público más amplio.

El documental hace un recuento deformado, sin orden de ningún tipo. Es un collage potente de conciertos, entrevistas, películas experimentales y anteriores documentales del movimiento. Es un recopilado de interpretaciones de lo que fue la época, una enmarcación colorida de páginas de los fanzines de entonces. Pareciera haber tres capítulos, el del nacimiento de la escena, el de sus desencuentros con el punk y el de su desintegración e identificación con otras corrientes como el feminismo y el movimiento de los derechos civiles. Aun así, no hay una estructura sólida narrativa. Queercore: How to Punk a Revolution, tiene momentos de excesiva información y otros que son en cambio muy pausados, pero que parecen sucederse sin sentido alguno, como si se tratara de un reflejo de la aparente inestabilidad de la escena misma.

 El documental se puede ver dentro de la muestra de IN-EDIT 2017.

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