The danish girl

Mujeres que se aman en el cine

En febrero se estrenaron tres películas sobre un tema que continúa siendo tabú. A propósito de The danish girl ,Carol, y Freeheld, ¿cómo se aborda la homosexualidad femenina en el cine?

2016/02/20

Por Laura Martínez Duque

La homosexualidad masculina ha sido llevada al cine desde varios puntos de vista, diferentes narrativas y estéticas. Del cine europeo se piensa rápidamente en el alemán Rainer Werner Fassbinder, pues su  filmografía está plagada de personajes homosexuales. Querelle (1982), por dar un ejemplo, es una película icónica dentro de la temática gay.  

Dustin Hoffman y John Voight protagonizaron Midnight Cowboy (1969), sobre un joven vaquero que debe prostituirse para sobrevivir en Nueva York. En Tarde de perros (1975) Al Pacino interpreta a un hombre que asalta un banco para pagar la operación de cambio de sexo de su pareja transexual. Tom Hanks y Denzel Washington inmortalizaron en Philadelphia (1993) la problemática del sida en los ochenta y la estigmatización de la homosexualidad.

En los últimos años, y solo por nombrar los títulos más comerciales, llegaron Brokeback Mountain (2005), Mi nombre es Harvey Milk (2008), C.R.A.Z.Y (2005), A single man (2009), Dallas Buyers Club (2013) y el conteo podría seguir. Actores de renombre protagonizaron muchas de estas películas y además ganaron importantes premios por ello: Tom Hanks, Sean Penn, Philip Seymour Hoffman y Matthew McConaughey se llevaron el Óscar gracias a estos personajes gay.

Pero hasta la multipremiada  La vida de Adéle (2013), el lesbianismo en la gran pantalla parecía relegado a un par de títulos ocasionales o independientes. Antes de la película francesa llegaron a estrenarse comercialmente en 2010 The kids are all right  con Julianne Moore y Annette Bening y en 2003 Monster (la película trataba más sobre los asesinatos en serie cometidos por el personaje de Charlize Theron que sobre su homosexualidad).

Llama la atención el estreno casi en simultáneo de tres títulos sobre  historias de amor entre mujeres y resulta irresistible analizar la forma que cada una elige para elaborar un tema que continúa siendo tabú.

Freeheld (No sin ella),  Peter Sollett

Basada en la historia real de una oficial de policía de Nueva Jersey. La protagonista, una vez diagnosticada con cáncer en etapa terminal, lucha por conseguir el derecho a la pensión conyugal para su esposa. La movilización de organizaciones LGBTI logra que los legisladores del condado modifiquen las leyes en favor de las parejas del mismo sexo.

La película generó gran expectativa por contar con la interpretación de Julianne Moore como la oficial Laurel Hester y de Ellen Page como su joven pareja. Page, nominada al Óscar por su papel en Juno, habló abiertamente sobre su homosexualidad en 2014 y es una activista por los derechos LGBTI.

La fórmula parecía inmejorable: una actriz de la talla de Moore y una enorme cuota de “verosimilitud” gracias a Page y, sin embargo, la película fue una decepción. Como si se tratara de un biodrama del desaparecido canal de televisión Hallmark, la historia se cuenta en una sucesión de escenas comunes desprovistas de cualquier vuelo creativo. Las dos mujeres se conocen, tienen una cita y se enamoran. Se mudan juntas y adoptan un perro. Vendrá el cáncer y el drama subsecuente.

No hay ninguna exploración narrativa o afectiva. Al espectador le queda conmoverse  con el drama de la enfermedad o celebrar acaso el pequeño avance en la igualdad de derechos. Es tan pobre el trabajo del director que hasta la relación amorosa entre ellas, dos buenas actrices, queda forzada y tibia. La homosexualidad femenina una vez más, contada desde la tragedia, el drama y la carencia.

Carol, Todd Haynes

Una de las favoritas de los Óscar con seis nominaciones, incluyendo mejor actriz principal para Cate Blanchett y mejor actriz de reparto para Rooney Mara, sus dos protagonistas. El director, Todd Haynes, vuelve con otra reconstrucción impecable de los años cincuenta devolviendo una mirada sobre la cultura estadounidense desde un punto de vista femenino.

Lo había hecho ya en Far from Heaven (2002) donde Julianne Moore es una mujer que luego de descubrir la homosexualidad de su esposo entabla una relación con un hombre negro y debe  enfrentar el rechazo de su propia familia y su clase social.

En Carol, una adaptación de la novela de Patricia Highsmith, Cate Blanchett interpreta a una mujer de clase alta en Nueva York que durante la navidad, y gracias a que busca el regalo de su hija, inicia una relación con la vendedora de una tienda de juguetes. Relación que pone en crisis la vida de ambas y sus roles como mujeres en ese contexto histórico particular.

Si bien la película presenta el déficit propio de las adaptaciones literarias al cine, las actuaciones de Blanchett y Mara son tan potentes que finalmente logran condensar la novela en secuencias clave que el guión resuelve con escenas elocuentes y buenos diálogos.

Lo que abunda en Carol – para ilustrar todo lo que falta en Freeheld-  son momentos puramente cinematográficos. Haynes sabe hacer uso de la cámara, la fotografía y el arte para dar cuenta de la introspección de sus personajes, su estado mental y afectivo.

Aparecen reflejos, sobre impresiones y fleurs (efectos de la luz que atraviesa el lente) que van condensando el espíritu nostálgico de una época pero también el de dos mujeres que se están enamorando.

El esmero estético logra  construir la historia con pequeños gestos y sutilezas. Con miradas que son captadas en el plano correcto, en el escenario justo y por eso convencen y conmueven. La sensación que puede quedar en el espectador no es la de haber visto  “una película sobre lesbianas” sino la de haber accedido a un universo profundamente femenino en un tiempo y espacio determinados.

The Danish Girl, Tom Hooper

Probablemente la más compleja de la tres, pues el tema ya no es la homosexualidad y decir que es una película sobre la disforia de género o la problemática transgénero sería reducirla y limitarla.

“No hay nada más secreto que una existencia femenina” escribía Marguerite Yourcenar  en Alexis, o el tratado del inútil combate. Esta obra de 1929 es una carta que escribe Alexis a su esposa Mónica en la que le devela la intimidad de su alma y su dolor. El inútil combate no es otro que el de su propio deseo frente a lo que no puede controlar. Es una confesión sobre su homosexualidad y sin embargo esa palabra no aparece ni una sola vez, pues se trata más del retrato de una voz en la lucha por reconocerse y aceptarse como gesto vital. De eso se trata The danish girl.

Años veinte, Dinamarca. La pareja de artistas formada por Einar y Gerda Wegener disfrutan del éxito de él, mientras ella aún no ha encontrado su estilo. Un día, Gerda le pide a su marido que pose vestido de mujer para su próxima pintura y Einar accede. A partir de ese momento, él descubre a Lili, la mujer que siempre habitó en su interior y emprende su transformación. Gerda, a su vez, hace catarsis pintando a Lili y son esos cuadros sobre una misteriosa mujer los que la llevan al éxito.

La cinta también está basada en hechos reales y llega a las carteleras como “la historia de la primera operación de reasignación sexual”, no obstante, esta parte solo ocupa una instancia menor en la película. El tema de si Einar era homosexual o no tampoco es central pues la identidad de género no tiene que ver con las preferencias sexuales que pueden ser diferentes en cada caso.

The danish girl tiene su real valor en contar una historia sobre toda complicidad y honestidad posible entre dos personas que se aman. Y aquí, finalmente, es sobre dos mujeres que se aman. Einar ama a su esposa, pero al igual que Alexis, ya no puede negar quién es. Y Gerda debe aceptar que su marido “muere” con cada vestido, en cada operación y decide acompañarle hasta las últimas consecuencias. Esa mujer que tomó el lugar de su marido, sin embargo, se convierte en el objeto de su deseo creativo.

El director, Tom Hooper, logra construir los procesos mentales profundamente complejos de ambos personajes y lo hace a partir de una serie de decisiones estéticas y cinematográficas. La impresionante actuación de Eddie Redmayne, en el papel de Einar/Lili podría haberse diluido en el cliché, en una cámara facilista o en un montaje carente de magia. También podría haber sucedido que la elección de su coprotagonista hubiera sido otra y la química, por consiguiente, otra también.

Más allá de contar historias sobre mujeres homosexuales, el desafío sería construir más universos femeninos. Y hay tantas formas de ser mujer en el mundo que en ese camino sin duda aparecerá una gran diversidad de relaciones afectivas. Estas tres películas demuestran que, sea como sea, lo interesante es elaborar una estética que potencie, que conmueva. Eso es lo que debe hacer el cine, gay o no.

 

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